Temas del día:

La violencia impide enseñar

La violencia impide la educación. Y si los violentos destruyen la escuela pública, la que pierde es la sociedad toda.

08 de junio de 2016 a las 12:12 a. m.
La violencia impide enseñar

Ya no sólo los padres golpean a los profesores. Ahora también los agreden sus alumnos. Además, algunos se accidentan por sentarse en sillas a las que manos anónimas les aflojaron los tornillos de las patas o son apedreados cuando ingresan en la escuela. Otros sufren robos o algún daño a sus vehículos, dentro del colegio o en las inmediaciones. No hay estadísticas ni las habrá, pues muchos damnificados no hacen las denuncias por temor. Pero todo indica que en los últimos meses ha aumentado de modo considerable el número de casos.Por cierto, esta es la realidad que viven las escuelas públicas –no las privadas–, sobre todo de la ciudad de Córdoba, pero ya se registran algunos conflictos similares en zonas del interior provincial.Como es lógico, en estas condiciones lo educativo pasa a un muy segundo plano. No es que se resiente la calidad educativa. Es que eso que podemos denominar el "contrato educativo" –alguien va a enseñar porque alguien manifiesta su deseo de aprender– queda en suspenso, no se puede hacer valer.De hecho, muchos docentes optan por solicitar el traslado. Si pueden, se van; no vuelven al aula. Con todo, la impotencia, la angustia y el temor los invade también a los que se quedan porque no tienen opción, y los paraliza.El tema ya ha generado un fuerte cambio de opiniones entre las autoridades provinciales y el gremio de la Unión de Educadores (UEPC). Mientras el sindicato califica la situación como "preocupante" y advierte sobre el aumento en el pedido de adicionales de policía para custodiar las instalaciones escolares, la secretaria de Educación señaló que los casos son "puntuales" y "excepcionales". Pero esa repartición no brinda información actualizada sobre carpetas médicas y psiquiátricas pedidas por los docentes. El último dato oficial es de 2014, y allí sobresale que ya entonces el 20 por ciento solicitaba alguna licencia durante el año.Por supuesto, el problema no se solucionará si se lo minimiza. Hoy, padres, alumnos y docentes, todos por igual, si pueden, eligen una escuela privada; no la pública. En esta, entonces, todos saben que los que están allí no tienen alternativa.Si la respuesta a esa especie de condena es la violencia, se destruye la última posibilidad que tienen esos jóvenes y sus familias de aspirar a una mejor situación social en el mediano plazo.Del mismo modo que decimos –a propósito de la violencia de género– que en el amor no puede haber el más mínimo espacio para la violencia, tampoco lo puede haber en la educación. La violencia impide la educación. Y si los violentos destruyen la escuela pública, la que pierde es la sociedad toda.