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La cultura del narcotráfico

Uno de los objetivos del narcotráfico es generar una cultura que lo ampare y lo legitime, por lo que es necesario que el Estado y la sociedad se cuiden de ese tipo de manifestaciones.

24 de noviembre de 2013 a las 12:01 a. m.
La cultura del narcotráfico

La Legislatura de Córdoba declaró al cuarteto patrimonio cultural. No fue una votación unánime: Aurelio García Elorrio se opuso porque, aseguró, hay una relativa y preo­cupante relación entre esos músicos y la droga. Puso como ejemplo la desaparición de Facundo Rivera Alegre (“el Rubio del Pasaje”) y señaló que algunos cuarteteros actúan en lugares donde se vende droga. Esta afirmación fue rechazada, ­entre otros, por Carlos “la Mona” Jiménez, y 
con razón, porque constituye una clara estig­matización social.

Sin embargo, lo que debería rescatarse de las palabras de García Elorrio es el pedido de ayuda a los músicos “en la lucha contra el narcotráfico”. Según el legislador, las letras de sus canciones podrían contener claras consignas contra la drogadicción. El dirigente de Encuentro Vecinal expuso así el vínculo que puede existir entre el narcotráfico y la cultura, algo que en México se conoce como “narcocultura” y que se expresa musicalmente en los “narcocorridos”.

El narcocorrido es un subgénero de la música mejicana, emparentado con los corridos que se hicieron famosos a mediados del siglo 20, en cuyas letras se exaltan o conmemoran figuras, eventos y vivencias típicas del mundo narco.

La narcocultura genera en la población sentimientos contradictorios: por un lado, están quienes reclaman en su contra, horrorizados y atemorizados por la violencia que a diario despliega el narcotráfico; por otro lado, hay quienes manifiestan su fascinación frente a estos grupos poderosos que ponen en jaque al sistema.

Ambas voces se manifiestan en el documental Narco cultura, del fotoperiodista Shaul Schwarz, que acaba de estrenarse en Nueva York. De forma paralela, el Estado de Sinaloa ha anunciado que no volverá a contratar a los músicos que en una reciente feria regional tocaron narcocorridos.

Las palabras de García Elorrio obtienen así una justificación internacional que proviene de uno de los países donde el narcotráfico más ha permeado las estructuras del Estado.

En el plano nacional, la advertencia del legislador cordobés cuenta con una dramática e inesperada compañía: en el diario La Nación , de Buenos Aires, el director de Vínculo, un centro comunitario de salud mental de la ciudad de Rosario, sostuvo que varios docentes han observado que niños de entre 7 y 10 años, en los recreos, juegan a "la transa de drogas" y que las niñas quieren ser las "novias de los merqueros".

Como todo niño tiende a naturalizar lo que vive, idealizar en sus juegos al narcotraficante excede el inocente juego de policías y ladrones en que muchas generaciones podrán reconocerse.

Uno de los objetivos del narcotráfico es generar una cultura que lo legitime. Si la sociedad es permisiva y no atiende a las mínimas manifestaciones de esa narcocultura, cuando quiera reaccionar, ya será tarde.