Temas del día:

Un honesto golpe pluralista

Es inconcebible que la presidenta de la República, de formación jurídica, cohoneste la agresión de Moreno contra un militante del PRO y suponga que la honestidad implica indemnidad plena.

20 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Un honesto golpe pluralista

En el mismo día en que la Justicia Federal imputaba al secretario de Comercio Interior de la Nación, Guillermo Moreno, por su agresión contra un militante del PRO, la Presidenta asumía la defensa del funcionario describiéndolo como "un hombre honesto que cumple sus funciones". En la marea de corrupción que cubre el país, los valores éticos han perdido todo sentido. La honestidad no implica impunidad frente a los delitos, sean cuales fueren. A la jefa del Estado, quizá su militancia le haga olvidar su condición de abogada y que, como tal, no puede ni debe ignorar que su leal hombre fuerte (fortísimo cuando acomete contra la oposición o la disidencia) ha incurrido en un delito. Por ende, debe ser la Justicia la que determine su eventual castigo o absolución. ¿O ha olvidado que el Poder Judicial es, por precepto constitucional, un poder independiente y equivalente al poder político? ¿O la militancia le ha producido el olvido de todo el texto de la Ley Fundamental? En fin de cuentas, ella y su marido ya han arrasado uno de los principios básicos de nuestro ordenamiento institucional: el federalismo.Es evidente que ha olvidado una de sus promesas más esperanzadoras del mensaje inaugural de su gestión: mejorar la calidad institucional de la República. La misión esencial de la Presidenta es, por principio, garantizar la paz social del país y promover el bienestar de sus habitantes. Ni la paz ni el bienestar se imponen a golpes.Es imposible restaurar a golpes nuestra percudida calidad institucional, a menos que se entienda por tal la obsesión por imponer el pensamiento único, el sometimiento de las soberanías provinciales y municipales al arbitrio presidencial, las presiones sistemáticas para reducir el Poder Judicial a la obediencia, el manejo irresponsable de los presuntos ahorros presupuestarios que cada año ponen en manos de la Presidenta una inmensa masa de dinero (¿quién puede creer que el jefe de Gabinete decida por sí y ante sí al respecto?) y varios otros excesos de un proyecto hegemónico cada vez más intolerante y cerrado.¿Cómo creer en los llamados de la Presidenta a la concordia, si en el mismo día se reúne con productores agrarios con el fin de sanear unas relaciones que el kirchnerismo había destruido y cohonesta la agresión de su subordinado?Ese es el estilo bifronte del oficialismo: convoca al diálogo y nunca dialoga; dice promover la discusión de los grandes temas nacionales y trata de asfixiar al periodismo independiente o recurre a sus fuerzas de choque para disolver a cadenazos las manifestaciones de la oposición.En su perniciosa escala de valores políticos, un Moreno vale tanto como un Luis D'Elía y las consignas de La Cámpora son ecos juveniles de aquellas que profieren las violentas cohortes del sindicalismo adicto. En ese contexto, un puñetazo es una caricia pluralista e inimputable.