Grecia y el euro en riesgo
Para la Unión Europea, salvar a Grecia del colapso es tan importante como evitar que la actual inestabilidad social en ese país conduzca a una depreciación del euro frente al dólar.
Grecia y, por extensión, toda la Unión Europea (UE) siguen perturbadas por la convulsión social que el miércoles último causó la muerte de tres personas en Atenas, durante las masivas protestas contra el plan de estabilización acordado por el primer ministro heleno Yorgos Papandreu con los titulares de Economía de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El severo plan de austeridad de tres años, entre 2010 y 2012, que produciría un recorte del gasto público de 30 mil millones de euros, prevé llevar el déficit público actual de 13,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) a menos de tres por ciento en 2012. Para lograrlo, deberán efectuarse reducciones salariales para los funcionarios; incrementos tributarios, como el del impuesto a las ventas, que pasará de 21 a 23 por ciento y que castiga con mayor fuerza a los sectores menos pudientes, junto a una considerable rebaja de las pensiones y jubilaciones.
El ministro griego de Finanzas, Yorgos Papaconstantinu, afirmó que su país no tiene alternativa al plan de rescate forjado por la UE y el FMI para evitar la bancarrota. "La solución -sostuvo- pasa por el programa", pero la resistencia de la oposición a compartir los costos sociales condujo a un estancamiento económico que agravaría aún más los costos sociales.
El severo plan tiene por finalidad no solamente salvar a Grecia de la bancarrota, sino también construir un contrafuego para evitar que las llamas se propaguen a otros países que están en situación igualmente crítica. Son los casos de Portugal, Irlanda, Italia y España. La Comisión Europea (CE) prevé que el desempleo español se estacione en torno de 20,5 por ciento de la población económicamente activa, el doble de la media de la UE. La reabsorción de los parados es muy difícil, porque en su mayoría pertenecen a la industria de la construcción, paralizada desde el estallido de la burbuja inmobiliaria.
En ese contexto, se avizora que el déficit público se disparará hasta casi 10 por ciento del PIB, por el incremento del pago de seguros de desempleo, lo que impone un alto costo al declinante gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
A su vez, Italia, Irlanda y Portugal se encuentran en los umbrales de crisis similares. Mientras tanto, los 16 países miembros de la eurozona procuran contener el incendio, para que no haga cenizas la actual prevalencia del euro sobre el dólar. En febrero último, fuentes confiables de los mercados revelaron que se habían invertido 7.600 millones de dólares en especulaciones contra la moneda única. A fines de abril, el euro valía 1,32 dólar; el viernes cerró a 1,27 dólar, la paridad más baja desde marzo de 2009.
Mientras pocos analistas se animan a predecir cuándo finalizará la debacle, las expectativas se trasladan ahora a Latinoamérica, en un intento por entrever cuánto le costará esta crisis.

