Desempleo mundial y Premio Nobel
Con un gran sentido de oportunidad, se ha conferido el Nobel de Economía a tres académicos dedicados al análisis de uno de los mayores dramas que muestra la sociedad global: el desempleo.
Este año, los académicos que confirieron los premios Nobel han sido llamativamente criteriosos en los referidos a los de la Paz, Literatura y Economía, sobre todo en esta última rama del conocimiento. La distinción conferida a los economistas Peter Diamond (Instituto Tecnológico de Massachussets, MIT, por sus siglas en inglés), Dale Mortensen (Universidad Northwestern), ambos de Estados Unidos, y Christopher Pissarides (nacido en Chipre y que actúa en la Academia de Economía de Londres, London School of Economics) fue más que oportuna porque se han dedicado a analizar uno de los mayores dramas de nuestro tiempo: el desempleo. Semanas antes del pronunciamiento de los académicos escandinavos, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) difundieron un documento conjunto en el cual advirtieron que la humanidad ingresó en la tasa de paro laboral más alta de la historia: 210 millones de personas están desempleadas en el mundo, 30 millones más que al inicio de la crisis económica, en agosto de 2007.Tres son los aspectos más preocupantes de la crisis: el primero es que tres cuartas partes de esos millones de nuevos desempleados viven en naciones industrializadas (la menor tasa de desempleo se registra en Asia); el segundo, que la tasa global de desocupación de los jóvenes aumentó 13 por ciento en 2009 en relación con el año precedente (para que se vea mejor esta grave cuestión social, ese porcentaje representa a 81 millones de jóvenes marginados de las fuerzas del trabajo); y el tercero, que más de la mitad de los trabajadores tiene empleos vulnerables.Las naciones industrializadas no sólo se demuestran impotentes para reaccionar sino que, hundidos en una gelatinosa confusión, cierran sus fronteras a los excluidos y relocalizan cada vez más sus plantas industriales en el exterior; emigran hacia plazas que les ofrecen bajos salarios, exenciones impositivas y facilidades cambiarias que les devuelvan algo de la capacidad de concurrencia perdida en sus países de origen.Los economistas laureados han tratado de encontrar una explicación lógica al hecho de que coexistan allí altas tasas de desempleo con elevadas vacantes laborales. La búsqueda de una fórmula eficiente que permita reinsertar a quienes perdieron su trabajo, es decir, a los desempleados, es un desafío para el que no se avizoran soluciones inmediatas. Y debe sumarse a los desempleados los millones de jóvenes que, por mero avance cronológico, cada año se suman al mercado.Los flamantes premios Nobel proponen una especie de flexisecurity , o sea, flexibilidad laboral con protección social, pero la triste experiencia de la economía globalizada demuestra que la flexibilización es entendida como mayores facilidades para el despido o una mayor carga horaria, sin contraprestaciones adecuadas. Un duro desafío del que no está excluida la Argentina.

