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Contra la cultura sexista

Todos los agentes sociales debieran coordinar acciones concretas para promover la igualdad de género que proclaman las leyes y así eliminar la discriminación contra la mujer.

08 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Contra la cultura sexista

Ante una nueva celebración del Día Internacional de la Mujer, debemos reiterar que pese a todos los avances que se advierten, la discriminación de la mujer persiste. En consecuencia, todos los agentes sociales debieran coordinar acciones concretas para promover la igualdad que proclaman las leyes, denunciando las distintas máscaras con que se encubre la actitud discriminatoria.Más allá de la moderna legislación que países como Argentina pueden exhibir, la realidad indica que la cultura sexista pervive y es esta la que legitima la discriminación. El solo hecho de que toleremos distintas formas de discriminación torna muy difícil que podamos combatirla.Por lo tanto, el Estado y diferentes actores de la sociedad civil debieran coordinar acciones para promover campañas de concientización en contra de la discriminación. El Estado, en sus distintos niveles, bien podría usar con este fin una parte considerable de los dineros que destina a la propaganda de las gestiones de gobierno.Un ejemplo claro es la violencia de género. Si bien es alarmante la cantidad de casos que se registran todos los años, hay varios indicadores que permiten observar un descenso del porcentaje de la población que la justifica.Ahora, las campañas podrían apuntar a hacernos tomar conciencia de las formas que adopta la discriminación en el sistema educativo y en el campo laboral, por citar dos casos en los que se supo trabajar tiempo atrás con cierto éxito.Ya la representación de la familia con que se opera en la escuela no coloca a las madres cocinando mientras los padres leen cómodamente el diario en el living. Hemos aprendido que esos papeles pueden invertirse. Entonces, ¿en qué otros espacios de la escena familiar podemos fomentar una cultura igualitaria?Por supuesto, eso debiera traducirse en un trato igualitario de niños y niñas en la propia escuela. Porque de nada sirve enseñarles la igualdad de los adultos si a ellos se les hace vivir a diario bajo un trato diferente que, por acción u omisión, es sexista.Y en el campo laboral, ya sabemos que la tendencia es que las mujeres cobren menor salario que los varones por igual tarea, o que deben enfrentar dificultades extra para acceder a los puestos de dirección. Ahora, si lo sabemos, ¿lo naturalizamos y por lo tanto lo convertimos en un dato objetivo, o buscamos la manera más creativa de oponernos a ello?En estos temas, también se pone a prueba la calidad del sistema democrático en que hemos elegido vivir. La igualdad de todos los habitantes es un principio básico e insoslayable de la Constitución Nacional y de todo el andamiaje jurídico que de ella se desprende. Si para un porcentaje importante de la población no tiene cumplimiento efectivo, es el sistema el que pierde legitimidad.