Consenso y unión nacional
En este momento difícil, los argentinos, sea cual fuere la orientación ideológica, debemos apoyar a la Presidenta en la búsqueda de amplios consensos y de la unión nacional.
La muerte de Néstor Kirchner impone la necesidad de una tregua política, el cese de la confrontación permanente en que estaba sumido el país y la apertura de un período de diálogo y reflexión que pueda conducir a consensos interpartidarios e intersectoriales lo más amplios posibles y a una reconciliación de la sociedad, que últimamente se había dividido y fraccionado respecto de diversos temas. Una semana antes del inesperado deceso del ex presidente de la República se produjo un violento enfrentamiento sindical en las puertas de la ciudad de Buenos Aires, entre Avellaneda y Barracas, que dejó el saldo de un joven de 23 años muerto de un balazo y dos heridos graves. El hecho está siendo investigado por la Justicia, pero todos lo interpretaron como inquietante señal de un clima de violencia y crispación que –como un viejo fantasma– reaparecía en la Argentina.Sin llegar a esos extremos, hay otras cuestiones en juego que tienen en vilo a la ciudadanía, como la desigual distribución de fondos del Estado nacional a las provincias, el debate sobre la aplicación de la ley de medios o el futuro de Papel Prensa –en definitiva, sobre la libertad de expresión– o el aumento incesante de la inflación, que amenaza con licuar los aumentos salariales pactados en las convenciones colectivas de trabajo y que castiga sin piedad a los sectores más vulnerables de la sociedad.Estos temas merecen un análisis responsable y mesurado, no sólo por parte de la dirigencia política sino también del empresariado y los sindicatos, de todas las organizaciones sociales y de la ciudadanía en su conjunto, con la vista puesta en el acuerdo y el consenso. La política y la vida pública no pueden reducirse a una sorda o sonora lucha por el poder. La política siempre es lucha, pero en las democracias pluralistas y republicanas adquiere otra dimensión: la de la convivencia civilizada, la alternancia en el poder, la división de poderes, la libertad de prensa.Hay una voz de orden que se escucha en todas las calles: hay que ayudar y sostener a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en esta hora difícil para ella y para la Argentina, como se señala desde el exterior, quizá en un análisis menos emotivo y más racional. Tienen que ayudarla sus partidarios y sus opositores, y cumplir al pie de la letra el Preámbulo de la Constitución en su llamado a "constituir la unión nacional, afianzar la Justicia, consolidar la paz interior".Para cumplir con ese mandato constitucional, hay que crear un clima propicio para un debate sereno y reflexivo, que sea la puerta de entrada a los grandes acuerdos, como el que lograron los constituyentes de 1853 en uno de los momentos fundacionales de la Argentina moderna. A veces, los pueblos tienen que acudir a sus raíces históricas más profundas y positivas para afrontar las dificultades e incertidumbres del presente.Éste es uno de esos momentos.

