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Comportamientos inaceptables

No se trata de cargar con todas las responsabilidades a Silvio Trucco, pero los árbitros tienen instrucciones de suspender de forma momentánea un partido cuando se producen reacciones xenófobas o racistas desde las tribunas.

11 de mayo de 2017 a las 12:51 a. m.
Comportamientos inaceptables
Boca-Estudiantes. El partido del sábado pasado fue escenario de insultos racistas contra Frank Palacios. (DyN)

La violencia en los estadios de fútbol se manifiesta de distintas formas y con diversos grados de virulencia. En la mayoría de los casos, es agitada por fanáticos que ocupan una tribuna con la enfermiza creencia de que todo vale para derrotar al adversario, ya sea en una suerte de guerra entre barras o con el insulto y la deshonra a los jugadores del club rival.

Es parte de una cultura nociva que, pese a los profusos intentos por erradicarla, sigue vigente y corrompe hasta límites trágicos lo que debe ser una sana competencia deportiva.

El listado de estos episodios repudiables incluye muchas veces actitudes xenófobas y racistas contra jugadores, tal como ocurrió el pasado sábado durante el encuentro que disputaron Estudiantes de La Plata y Boca Juniors por el Torneo de Primera División, en el Estadio Único platense.

En esta oportunidad, la víctima fue el jugador de Boca Frank Fabra Palacios, quien fue objeto de insultos racistas por parte de un sector de la parcialidad de Estudiantes.

El futbolista de origen colombiano sintió el impacto de semejante humillación y se lo vio desconcentrado en el juego y consternado al ingresar a la zona de vestuarios.

Sin embargo, pese a que compañeros de Fabra le advirtieron lo que estaba pasando al árbitro del juego, Silvio Trucco, este optó por no detener el partido, como corresponde en estos casos, hasta que cese la agresión.

No se trata de cargar con todas las responsabilidades a Trucco, pero los árbitros tienen instrucciones de suspender de forma momentánea un partido cuando se producen reacciones xenófobas o racistas desde las tribunas.

Sería claramente desacertado reducir las derivaciones de un fenómeno social que se visibiliza en la mayoría de los estadios de fútbol de la Argentina (Córdoba no es la excepción) a la actitud errática de un referí. Son las conducciones de los clubes las que tendrían que revisar las relaciones complejas que mantienen con sujetos inescrupulosos de las barras, muchas veces gestores de incidentes de gravedad dentro y fuera de los estadios.

De igual modo, los consejos de seguridad deportiva que funcionan bajo la órbita del Estado deben contener, y eventualmente sancionar, a los hinchas que parecen empeñados en ocasionar disturbios y en elevar banderas o proferir cánticos racistas o xenófobos.

Pero ninguna medida de prevención será conducente sin la necesaria toma de conciencia de los miles de hinchas que son convocados por el más popular de los deportes.

Un desafío en bien de la armonía colectiva que en Córdoba se pondrá a prueba en el marco del clásico entre Talleres y Belgrano, por disputarse el sábado en el Estadio Kempes.