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Cobayos humanos en Guatemala

La revelación de que Estados Unidos perpetró ensayos clínicos clandestinos sobre sífilis en Guatemala suscita la presunción de que no se habría tratado de un delito aislado.

09 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Cobayos humanos en Guatemala

En estos días, circula profusamente en Estados Unidos una ácida crítica contra Barack Obama: afirma que era un candidato visionario y es un presidente funcionario. No es fácil rebatirla, pero debe reconocerse que el destino no fue demasiado generoso con él, aunque sabía, mientras contendía para instalarse en la Casa Blanca, que George W. Bush le dejaría toda una colección de huevos de serpiente: explosiva multiplicación de la exclusión social, déficits siderales, descalabros en las aventuras neoimperialistas en Irak y Afganistán y un perverso estímulo a la irracional "burbuja inmobiliaria". Pero es seguro que la peor de las misiones que debe cumplir desde que conquistó la presidencia de Estados Unidos es la de pedir perdón por los enormes errores cometidos en las últimas décadas, tanto en el interior de su territorio como en el exterior. Por caso, la inhumana cárcel de Guantánamo, construida por los halcones de Bush que deshonraron la tradición de ser cuna de la conciencia universal de los derechos humanos (Declaración de Virginia, 12 de junio de 1776).La misión de Obama no ha concluido, porque para restaurar la resquebrajada autoridad moral de Estados Unidos debe revisar las atrocidades perpetradas en el pasado y pedir disculpas por ellas. Una semana atrás, en nombre de su país, se manifestó arrepentido porque entre 1946 y 1948 Washington financió un estudio clandestino sobre sífilis y gonorrea. Seres humanos fueron utilizados como cobayos. Y los cobayos eran ciudadanos de Guatemala.Las secretarias de Estado y de Salud, Hillary Clinton y Kathleen Sebelius, respectivamente, emitieron una declaración conjunta reconociendo que esa investigación tuvo "claramente falta de ética y, por ende, era condenable". Álvaro Colom, presidente de la nación centroamericana, fue más severo: "Lo ocurrido en esa época es un delito de lesa humanidad y mi gobierno se reserva el derecho de una denuncia", afirmó.Más de 1.500 guatemaltecos, en su mayoría prostitutas y débiles mentales, fueron infectados con esas enfermedades, sin su conocimiento ni, menos aún, su consentimiento, y se les incitó a mantener relaciones sexuales con personas sanas, con el fin de estudiar mecanismos de contagio. Según los expedientes que se están investigando, por lo menos un cobayo humano murió. El trabajo fue financiado por institutos nacionales de Salud de Estados Unidos y ejecutado clandestinamente, sin suministrar información ni tener autorización del gobierno de Guatemala.Sí, fue puesto en conocimiento de la Oficina Sanitaria Panamericana, antecesora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Esta grave injuria a un Estado soberano suscita dos razonables presunciones: no sería éste el único ensayo clandestino que realizó Estados Unidos en América latina y nada permite descartar que no se estén perpetrando delitos similares.