Ciencias duras y sociales
Facultades de excelencia y de alto rendimiento académico tienen presupuestos muy similares a las de menores rendimientos. Este es un desafío que incluye al Estado y a la sociedad.
A lgún día habrá que tomar el toro por las astas y corregir las profundas distorsiones que afectan a las universidades estatales en cuanto a la distribución de los recursos y a la orientación de la matrícula. La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) figura en el 26#176; lugar en un ranking de universidades latinoamericanas en materia de investigación, el que mejora en lo que respecta a las ciencias llamadas "duras". En cambio, baja al puesto 60#176; en Ciencias Sociales y Filosofía y Humanidades.
La evaluación se hizo sobre la base de artículos publicados en revistas científicas, tomando como punto de referencia el banco de datos Scopus, en el que están incluidas unas 17 mil publicaciones. En ese ranking, las universidades nacionales de Buenos Aires y La Plata se hallan en los lugares 6#176; y 12#176;, respectivamente, aunque también en esos casos las ciencias duras superan de manera amplia a las sociales y a las humanidades. El estudio señala a las universidades de San Pablo y Campiñas, de Brasil, y a la Universidad Autónoma de México como las tres primeras.
Respecto de la Universidad Nacional de Córdoba, así como en el resto de las universidades públicas argentinas y la mayoría de las privadas, hace tiempo que está establecido que las ciencias duras aventajan por grandes diferencias a las sociales y a las humanidades, tanto en calidad de la enseñanza como en rendimiento académico e investigación.
El área científico-tecnológica se destaca con perfiles propios desde hace casi medio siglo, y sus máximas expresiones son las facultades de Matemáticas, Astronomía y Física (Famaf); Ciencias Químicas; Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (que agrupa a todas las ingenierías y a Biología y Geología) y Ciencias Agropecuarias. A ello habría que agregar algunas áreas, cátedras e institutos de las facultades de Ciencias Médicas y Ciencias Económicas. También la Facultad de Arquitectura, que tiene un perfil propio, se acerca a los niveles de excelencia.
No se trata, pues, de novedades, pero siempre es bueno que haya palabras autorizadas que ratifiquen lo que se sabe, como la encuesta comentada. También se trata -ayer como hoy- de hacer frente a la realidad e intentar corregir las distorsiones señaladas, tanto en lo que se refiere a la asignación de recursos como a la orientación de la matrícula. Sobre el primer punto, mientras la UNC recibe unos 200 millones de dólares anuales, la Universidad de San Pablo cuenta con un presupuesto de más de 1.600 millones de dólares.
En cuanto al segundo aspecto, habrá que tomar decisiones correctas, pues no es lógico que facultades de excelencia y de alto rendimiento académico tengan presupuestos iguales o muy similares a las de menores rendimientos. Este es un desafío no sólo para las universidades, sino también para el Estado y la sociedad.

