China cumple
La República Popular China hará una importante reducción de emisiones de dióxido de carbono al ordenar el cierre, antes del 30 de setiembre, de más de dos mil empresas contaminantes.
Como se recordará, la 15ª Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP15), realizada en diciembre último en Copenhague, Dinamarca, se clausuró con un dramático acuerdo de último momento, cuando la reunión se encaminaba a un rutinario fracaso. Estados Unidos, la Unión Europea (UE), China, India y Japón -los mayores emisores de dióxido de carbono (CO2), identificado como el principal causante del calentamiento global- renovaron sus compromisos de reducir las emisiones.
El mundo asistía, al parecer, a otra remake de una vieja película: los gobiernos anunciaban solemnes compromisos de contener el cambio climático y fijaban la sede de la siguiente reunión, en la que representarían el mismo libreto. Este incluía no sólo el incumplimiento de lo acordado sino, peor aún, un aumento de las emisiones, fundamentalmente por parte de China, la UE y Estados Unidos, este último sobre todo durante las dos administraciones de George W. Bush, enemigo jurado de la introducción de controles ecológicos en la industria.
Pero se ha registrado un cambio en el desgastado libreto. China, el principal país contaminante por su uso intensivo de combustibles fósiles, testimonió en estos días su firme decisión de cumplir con lo que prometió en noviembre último, semanas antes de la reunión cumbre: reducirá sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) por unidad de producto interno bruto (PIB) entre 40 y 45 por ciento hasta 2020, en relación con 2005. A fines de la próxima década, el 20 por ciento de su energía será de origen renovable. Beijing nunca cuantifica su reducción de CO2 porque considera que puede limitar su crecimiento económico; en cambio, asegura que cada vez producirá más emitiendo menos, algo que debería ser la tendencia racional y natural de la economía.
China pasó ahora del dicho al hecho. El lunes último, el gobierno chino anunció que antes del 30 de setiembre cerrará 2.087 industrias pesadas, vinculadas con sectores del hierro, acero, carbón, aluminio, cobre, plomo, zinc, cemento, fabricación de papel, vidrio y etanol. El listado incluye 762 cementeras, 279 papeleras, 175 acerías y 84 industrias del cuero. Li Yizhong, ministro de Industria, declaró que estas plantas "obsoletas consumen mucha energía, contaminan el medio ambiente y tienen riesgos de seguridad. También son la causa de la baja calidad, la ineficiencia y la baja competitividad de nuestra economía".
Las empresas que no cierren en el plazo que se les ha fijado enfrentarán reducciones de crédito y varias otras sanciones. Con la eliminación de esas plantas, China mejorará su estructura industrial y su productividad, sostuvo Li.
Además de dar un ejemplo, China reducirá su dependencia de la importación de combustibles, que comienzan a ser reemplazados por paneles solares. Un desafío ecológico y ético que Occidente, India y Japón no podrán seguir ignorando.

