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Camino a la distopía

El informe anual del Foro Económico Mundial advierte que la humanidad está ingresando en una fase de destrucción de la utopía.

27 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Camino a la distopía

En su séptimo informe anual, difundido en estos días, el Foro Económico Mundial advierte que “las actuales corrientes fiscales y demográficas amenazan con revertir los avances conseguidos a través de la globalización y provocan la emergencia de una nueva clase de estados críticamente frágiles”.

Agrega el documento que "países que fueron ricos en el pasado son víctimas de ausencia de la ley y de levantamientos, porque no son capaces de cumplir con sus obligaciones sociales y fiscales". El Foro reúne cada año en Davos (Suiza) a líderes políticos, empresarios e intelectuales de distintas regiones del mundo, que analizan la coyuntura económica y social y conjeturan acerca de su inmediato futuro. Quizá la conclusión más sugestiva del informe –elaborado sobre la base de entrevistas a 469 expertos gubernamentales, académicos, industriales, economistas y financistas– sea la afirmación de que la crisis actual "no sólo trae un estancamiento económico, está sembrando la semilla de la llamada distopía, o antiutopía. Si la utopía es la búsqueda de un ideal imposible, la distopía es un lugar lleno de dificultades y sin esperanzas". Se trata de un diagnóstico alarmante, sobre todo si se considera la situación actual de la juventud, quizá con la relativa excepción de un puñado de emergentes. Sólo para América latina la Cepal pronostica para este año 17 millones de desempleados, la mayoría de ellos jóvenes.En todo el mundo, entre el 40 y 50 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad está marginado de las fuerzas del trabajo y no puede o no desea estudiar, tal vez porque el elevado índice de desempleo profesional los disuade de la conveniencia de afrontar el esfuerzo de una formación educacional superior.La crisis que se arrastra desde 2008 ha profundizado la exclusión y el desaliento. Las empresas no están en condiciones de afrontar los costos del adiestramiento de los jóvenes y optarían por actualizar el de los que fueron desplazados.

Toda una generación enfrenta el riesgo concreto, no ya una amenaza, de ser quemada, y de manera injusta, porque no se le dio ninguna oportunidad. La utopía es patrimonio de la juventud. Llegó a serlo, en el pico más alto de su historia, en las décadas de 1960 y 1970. En la actualidad, hay una desesperanza que tiñe de un gris plomizo las perspectivas de su mañana.Ahora sólo se le promete una distopía plagada de problemas. Los cinco principales serían estos: enormes disparidades en los ingresos, desequilibrios fiscales crónicos, aumentos de las emisiones de los gases causantes del efecto invernadero, el "lado oscuro de la conectividad" (ataques cibernéticos en la telefonía celular, Internet y otras redes) y crisis en el suministro de agua potable.

El peor de los escenarios posibles, porque si la utopía era el hábitat de la esperanza, la distopía comienza a serlo de la desesperanza.