
Olave, el ídolo de Belgrano y la bestia negra para River: el rezo a Dios y al "Potro" Rodrigo"
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Redacción La Voz
Los ecos del campeonato obtenido por Belgrano no se acallarán en mucho tiempo, el club de Alberdi esperó toda su vida para quedarse con un trofeo de la Liga y lo consiguió el 24 de mayo venciendo a River en el Kempes 3 a 2.
Cuando la ciudad estaba de cabeza y la alegría desbordó todos los rincones, el “padre de la criatura”, Ricardo Zielinski, se mostró sereno y calmo, como siempre.
“El Ruso” es un hombre simple, de pocas palabras y que jamás se queda en los estados que entrega un resultado de un partido. Nada de festejos alocados corriendo para treparse a la montaña de jugadores cuando han convertido ni de abrazos interminables con sus colaboradores. Siempre sostiene esa calma que le sale desde adentro.
Un entrenador que entendió, desde que se lo conoce, que los momentos felices o los desagradables, cuando un partido no se ha dado como se pensó, son apenas efímeros y que quedarse metido es un error que se paga mal.
Jamás se lo escuchará “calentando” una previa ni “picanteando” a un adversario por más que lo haya vencido de la manera más espectacular que se pueda imaginar o que le arrebatara un premio soñado y esperado. No es así, no lo ha sido cuando era joven, tampoco lo es ahora, cuando su carrera está en la cúspide.

Siempre se comporta de la misma forma con sus dirigidos, nada de mensajes para afuera, siempre puertas adentro para lo que sea que se hubiese resuelto. Tiene la ventaja de ser un tipo tranquilo a la hora de tomar decisiones y nadie las cuestionas, porque rara vez ha fallado en las mismas.
Para llegar a la vuelta olímpica, el Ruso comenzó a gestar el equipo desde mediados del año pasado, porque primero acomodó la defensa, que venía a los tumbos y se desprendió de algunos jugadores de poco rendimiento.
Este año lo inició con bajas que fueron impensadas y cuestionadas por la gente, pero que con el correr de las fechas del torneo, la razón fue su aliada. Luego concluyó el mercado con ajustes en el medio para terminar de darle forma al equipo base del torneo.
Fue inteligente de principio a fin del torneo, porque lo inició de una manera, con un sistema en el que le encontró lugar a los de buen pie, porque hizo coincidir en campo al “Chino”, al “Mudo”, a Rigoni, a “Uvita” Fernández. Después cambió a mitad de camino y cuando la recta final se le vino encima, entendió que se debía hacer un reajuste y metió un doble cinco que no se fue más.
Su capacidad para darse cuenta que la insistencia no era la mejor consejera y que las oportunidades brindadas estaban agotadas, metió mano sin dudarlo. Y tomó determinaciones fuertes, porque sentó en el banco al "Mudo" Vázquez, colocó de centro delantero a Passerini y reubicó al Chino para que rindiera más y mejor.
Cuando decidió sentarlo a Vázquez en el banco y retocar esa zona, fue también un mensaje para todos, porque si un refuerzo estrella debe esperar para jugar y sumar desde donde le tocó, los demás deben entender con claridad el mensaje y así fue.
Como un cirujano, cada vez que necesito tocar algo lo hizo de manera simple y sin mayores explicaciones, por eso los segundos tiempos han tenido variante, cambio y mejor juego cuando el equipo lo necesitó.
Es el mentor del equipo, el que construyó este Belgrano campeón, lo hizo con el apoyo de los dirigentes, el respaldo de la gente y su silencio a la hora de las críticas desmedidas, porque nunca respondió a los golpes, sino que siguió trabajando, con su modo de ser, con su forma y sin salirse de ella.
Zielinski es un “tipo serio” que eligió una manera de ir por la vida del fútbol sin meterse en el “circo mediático” de aquellos que gritan, gesticulan o saltan enloquecidos ante el menor de los triunfos. Para quienes lo conocen, el silencio y el respeto son dos herramientas que usa con la perfección requerida.