Regreso. Olave, el ídolo de Belgrano y la bestia negra para River: el rezo a Dios y al "Potro" Rodrigo"
El símbolo celeste, quien unió las dos gestas de Belgrano ante River Plate, relató desde adentro la conquista del Apertura 2026: un título que saldó una deuda histórica de casi seis décadas para el fútbol de Córdoba.
El aire en el Mario Alberto Kempes no se respira, se mastica. Es una masa espesa de nervios, gritos ahogados y un destino que parece suspendido en el filo de un cronómetro que no avanza. Juan Carlos Olave siente que el corazón le va a estallar contra las costillas, como si todavía tuviera puestos los guantes, esperando ese penal que le atajó a Pavone y lo dejó para siempre en el bronce del Mundo Belgrano.
Ese 26 de junio de 2011, había sido allá, en el Monumental de Núñez, en el partido de vuelta de aquella promoción ante River. Aora estaba como DT alterno celeste, a meses de su regreso.
Pero el domingo no había tres palos a sus espaldas. Estaba acá, en el Kempes, en el borde del corralito, con la garganta seca, viendo cómo todo Belgrano se rompía el alma para defender ese 3-2 que le iba por dar la gloria eterna. Porque era por un título que Córdoba no tenía.
🙌 Juan Carlos Olave y el minuto final antes de que @Belgrano se quede con el #TorneoMercadoLibre 2026 🏆 pic.twitter.com/wG1yZMTCkY
— Liga Profesional de Fútbol (@LigaAFA) May 24, 2026
Tenía el rosario apretado en la mano, tan fuerte que la cruz se le clavaba en la palma de las manos. Se lo llevó a la boca. Rezó mucho. Y no era uno de manual, sino un balbuceo desesperado. Le pidió a Dios. Estaba covencido que lo había preparado para este momento y para ponerlo en el lugar que tanto anhela. A él y a Belgrano.
Y le habló a Dios, a su primo.. al Potro. "Dale, Rodrigo, danos una mano", le dijo entre dientes. Era 24 de mayo. Su cumpleaños. No podía ser casualidad que el fútbol los hubiera citado el mismo día.
Miró a su lado y lo vio al "Ruso". El tipo era una roca. Ricardo Zielinski era la pertenencia misma; se hizo de Belgrano, se fue y volvió cuando podría haber dicho que no, solo por este amor "Pirata". "A veces lo miran de reojo, lo critican, pero no entienden nada. "El Ruso" sabe que Belgrano es pueblo y sentimiento", diría después el propio Olave.
En ese minuto final del juego, la procesión fue por adentro. Olave cruzó la mirada con Alfonso Meoni, el "profe" que es mano derecha del "Ruso". "Vamos Juan Carlos", le soltó, y por un segundo volvió a ser el arquero de 2011, héroe en el Monumental.
Sin embargo, "esto es distinto", diría después el ex arquero celeste. Aquello fue la supervivencia, el ascenso y la puesta en valor de una marca llamada "a lo Belgrano"; esto es el trono. "Me acuerdo de los utileros, tipos que están hace cuarenta años, que vieron cómo entrenábamos al lado del río, sin nada, cuando la lona nos tapaba el hambre", soltó Olave, a poco de terminar el juego.
"Es por ellos. Es por este plantel que tiene una identidad que te hiela la sangre, pibes que podrían estar llenándose de plata en otro lado y eligieron volver para esto. Porque cuando tenemos todo en contra, como como contra este River que nos apretó y nos hizo sufrir, aparece esa fuerza que viene de bien abajo. Esa es nuestra esencia: la humildad y la pertenencia", complmentó.
El final glorioso
Faltaba un minuto. El mundo Belgrano vibraba en el Kempes. Olave sentía el peso de la historia sobre los hombros. El de Belgrano y el de todo el fùtbol de Córdoba.Desde aquel 1967, cuando los equipos mediterráneos empezaron a asomar la cabeza, con Racing de Nueva Italia en la fase promociones del Nacional de ese año, la provincia esperaba un grito de campeón de Liga.
"Quince años pasaron desde que hicimos historia con el ascenso, y hoy Dios nos regala esto. Hermoso", relfexionó, luego, el DT alterno celeste..
El juez Yael Falcón se llevó el silbato a la boca. Vino el sonido más hermoso que Belgrano y Olave habían escuchado en la vida. Se terminó.
Juan Carlos se quedo quieto un segundo mientras todos corrían como locos. Sonríe. No es una sonrisa de euforia, es de paz. Lo vinieron a buscar las cámaras. Trató de medir las palabras, aunque por dentro era un volcán. "El 2011 fue lindo, pero esto es lo que se necesitaba", dijo, casi sin aire.
"Soy hincha antes que nada. Siempre el sueño fue este. No le podemos pedir más a Dios", comentó, mirando al cielo, sabiendo que allá arriba "el Potro" Rodrigo también está festejando su cumpleaños con la vuelta olímpica más esperada.
Belgrano es campeón, Córdoba es campeona, y Olave, el guardián eterno, por fin puede decir que la historia se terminó de escribir con B larga.



