La crónica de La Voz. Un Belgrano perfecto, un Belgrano campeón: el día que cambió la historia de Córdoba y la vida de sus hinchas
Ganó un partido tremendo, en el que estuvo dos veces debajo en el marcador. Un 3-2 de leyenda ante River para lograr su primer título oficial en el marco de la AFA.
Fue perfecto. El día que Belgrano tanto esperó fue perfecto. El título que Belgrano tanto anheló fue perfecto. El partido fue perfecto... perfecto para la historia de Belgrano. A lo Belgrano. Y más que “a lo Belgrano”. Haciendo una de grandes ante un grande. Ante River, uno de los colosos del fútbol argentino, Belgrano fue gigante. De pecho, destruyó años de perjudiciales recuerdos. De cuando Belgrano jugaba ante River y quedaba satisfecho si empataba. Chau esa historia. Esto es otra historia. Belgrano de igual a igual con River. Belgrano siendo más que River. Belgrano minimizando a River. Más que en la histórica Promoción de 2011. Mucho más.
Acá en una final. Un finalón. En el estadio Mario Alberto Kempes, con las dos hinchadas. Con todas las miradas del pueblo futbolero argentino. Que River iba a ganar con la camiseta, decían. No tenían idea de qué es Belgrano. No tenían idea de quién es Belgrano. No sabían en lo que se convertiría Belgrano. Porque Belgrano es este Belgrano perfecto del 24/5/26. El día soñado. El día hecho realidad. El día perfecto para un título perfecto. Estar dos veces abajo en el marcador. Y darlo vuelta. Así. Así de tremendo.
Gol de Colidio. Gol de Morales. Gol de Galván. Gol de “Uvita” Fernández. Y otro gol de “Uvita” para ser “Uva” for ever, para ser mural en las paredes del Gigante de Alberdi. Para ser tatuaje. Para ser el nombre (Nicolás) y el apellido (Fernández) de un Belgrano que le ganó a lo grande a River. Con el alma. Con el cuerpo. Con la cabeza. Con la gente. Con la historia para hacer historia. Belgrano aplastó a River. Belgrano fue nacional. Hasta Lionel Scaloni, el DT de la selección campeona del mundo, vio lo que pasó y cómo pasó. Sí, el 3-2 es una estampa. Es una sentencia.
El 3-2 es el registro de la hora más gloriosa de Belgrano y del fútbol cordobés en competiciones organizadas por la Asociación del Fútbol Argentino. Y justo en esta AFA de “Chiqui” Tapia, que ayer le dio el trofeo a Lucas Zelarayán al lado del intendente Daniel Passerini y el gobernador Martín Llaryora. Belgrano es cuestión de estado. Belgrano en estado de gracia. Belgrano en estado de gracias...
De “gracias” a su gente. De gracias a todas y todos. A los que están y a los que no. A los que fueron a los banderazos. A los que se comieron los descensos y los años de jugar en el interior del interior. A los que fueron a Brasil, a los que van cada día a ese Gigante que no para de crecer. A todas. Por eso, en el gol del triunfo, en las mentes y en los corazones de esos hinchas aparecían las imágenes del día que se hicieron de Belgrano. De quién los hizo de Belgrano. De por qué se hicieron de Belgrano.
Y las imágenes se mezclan en esta memoria colectiva que marcará generaciones. Vidas. Belgrano es Belgrano de Córdoba, como dicen los porteños. Y es Belgrano de América, porque jugará la Libertadores el año que viene. Y Belgrano es un recuerdo. El Belgrano del 3-2 a River y del título en el Apertura es “esas imágenes”.
La pelota bajo la suela de Zelarayán. El cabezazo de Morales. La atajada de Cardozo. El penal del “Uva”. La recuperación de Vázquez, tirándose al piso para luego darle el centro al bendecido Fernández. El festejo silencioso de Zielinski: una llamada por teléfono a su familia y la salida en solitario hacia el vestuario. Sin grandilocuencias. Yendo directo a la estatua inmortal. “Luifa” Artime, el presidente que nunca dejó de ser jugador, gritando ante La Voz que a la “historia de Córdoba la sigue escribiendo Belgrano”. Toda una muestra de autoridad.
De la magnitud de lo que este título es para Belgrano, para su legado. Belgrano se agranda y con razón. Con jugadores propios. Con jugadores que no son propios y se hicieron propios. Con jugadores hechos para las épicas. Jugadores aptos para destruir una racha de 20 años sin ganarle a Talleres y de visitante. Jugadores que manejaron el día después de ese triunfo sin igual para dejar en el camino a Unión con un 2-0 sufrido. Jugadores dignos de un temple sin precedentes para “volver de la eliminación” contra Argentinos. Y dos veces: en los 90 y en los penales. No se puede tener más épica. Fue perfecto.

Un club social, un club integrador, un club abierto. Un club-club. Perfectamente indomable. Con caídas y subidas. Pero luchador como ninguno. La final con River fue la historia de Belgrano en la historia de un partido. Con todo. Con nada. Un drama hermoso. El Belgrano al que aman su hinchas. El Belgrano que da estrés. El Belgrano que hace llorar. El Belgrano que le dio la satisfacción más portentosa.
El Belgrano de los que no están en Córdoba. Los que lloraron solos en otra parte del planeta, delirando en culturas en las que no entienden que Belgrano es cultura. Que Belgrano es vida. Que Belgrano fue Belgrano en las malas. Que a Belgrano nunca se lo dejó atrás. Que Belgrano siempre fue Belgrano. Perdiendo y ganando. Que Belgrano y su gente no olvidan de dónde vienen y a dónde quieren ir. Belgrano de Córdoba, relataban en la TV.
Sí, Belgrano de Córdoba. Y de acá, de Córdoba, va por más. Porque las formas en las que Belgrano le ganó a River le dan otro estatus. Desbloqueó nivel. Belgrano está para más. Es inevitable. Y ahí aparece “la” frase: “BELGRANO CAMPEÓN”. Y es sólo el inicio. “Belgrano campeón” es lema. Es hito y, desde este 24 de mayo de 2026, será un lema.
Ya, ahora... Belgrano se mete en la charlas de los otros hinchas de los clubes de Córdoba y pone sobre la mesa esa estrella sobre el escudo. Y siente que ganará todos los debates. Que se acabaron las discusiones. Que ya está. Que a la historia más grande de la ciudad la escribió. BELGRANO CAMPEÓN. Hoy. Mañana. Siempre. Por los siglos de los siglos.


