Instituto. Roffo, sin filtro: del trabajo con su psicóloga al “vamos por todo”

La Gloria crece fecha a fecha y su arquero lo refleja: confianza, trabajo invisible y una meta clara para lo que viene. El equipo de Flores recibe el sábado a Estudiantes de La Plata en una “final”.

14 de abril de 2026 a las 02:47 p. m.
Roffo, sin filtro: del trabajo con su psicóloga al “vamos por todo”
Manuel Roffo, arquero de Instituto.

Hay futbolistas que hablan en la cancha. Que prefieren el ruido de los guantes contra la pelota antes que el de los micrófonos. Manuel Roffo es uno de esos.

En Instituto lo saben: el arquero aparece poco ante la prensa, mide cada palabra y muchas veces elige el silencio, sobre todo cuando el clima se espesa. Por eso, cuando habla, no es una nota más. Y esta vez, bajo una llovizna persistente en La Agustina, dejó frases que marcan el pulso de la Gloria.

Una frase que marca el rumbo

Porque Roffo no esquivó el momento. Ni el pasado reciente ni el presente en levantada. Y tampoco el futuro. “Vamos por todo”, soltó, sin rodeos. Una frase corta, directa, con ese tono de vestuario que mezcla convicción y desafío. En un torneo parejo, donde Instituto viene de acomodarse tras un inicio irregular, la declaración no es menor. Es una toma de posición.

El arquero, que había quedado bajo la lupa en las primeras fechas, empieza a recuperar su mejor versión. Dos partidos sin recibir goles, mayor seguridad en el área y una sintonía que acompaña el crecimiento colectivo desde la llegada de Diego Flores. La curva es ascendente y en Alta Córdoba se empieza a notar.

El trabajo invisible que no se ve

Pero detrás de esa recuperación hay algo más que entrenamientos y partidos. Hay un trabajo invisible. Uno que no se ve en la tribuna ni en los resúmenes. Y ahí Roffo abre una puerta poco habitual: la de su cabeza.

“Yo soy el primero que me siento a trabajar con el entrenador de arqueros y con mi psicóloga”, contó. Sin maquillaje. Sin esconder lo que en otros tiempos era tabú. La psicóloga lo acompaña desde que tenía 11 años, en sus días de formación en Boca. Se llama Andrea y, según él mismo reconoce, fue clave en su desarrollo no solo deportivo sino también personal.

En tiempos donde todo se mide en resultados inmediatos, Roffo pone el foco en los procesos. En cómo atravesar los malos momentos sin perder el eje. “Cuando las cosas están bien, es todo lindo. Lo difícil es cuando no salen. Ahí ella me ayuda a surfear la ola”, explicó. La metáfora no es casual: el arquero habla de equilibrio, de sostenerse en medio de la tormenta.

Cabeza fría en tiempos de críticas

Y tormenta hubo. Porque el arranque de Instituto no fue el esperado y las críticas llegaron. También desde las redes sociales, ese terreno donde la distancia facilita la dureza. “No miro mucho los comentarios. La gente se expresa porque está lejos. Atrás de un teléfono es más fácil”, dijo, con una mezcla de comprensión y distancia. No hay enojo, pero sí una elección clara: no engancharse.

Ese blindaje mental empieza a dar resultados. Porque cuando a un arquero le llegan poco y le convierten, el golpe es doble. Roffo lo sabe. “Uno se siente mal, pero si trabaja y da todo, no tiene nada que reprocharse”, resumió. Una lógica simple que, en el puesto más ingrato, vale oro.

Un Instituto que se anima a más

Instituto, mientras tanto, se acomoda. El equipo ganó confianza, sumó de visitante y se hace fuerte en casa. Y ahí aparece el próximo desafío: Estudiantes de La Plata, el domingo a las 17.15, en el último partido como local en el Apertura. Un examen serio para medir hasta dónde llega este envión.

“Va a ser difícil, pero en nuestra cancha nos estamos haciendo fuertes”, anticipó el arquero. Y en esa frase hay una idea que se repite en el plantel: convertir a Alta Córdoba en una fortaleza. Un lugar donde los rivales sufran y donde la Gloria construya su campaña.

Roffo no habla de milagros ni de casualidades. Habla de trabajo, de insistencia y también de esa cuota de fortuna que el fútbol siempre exige. “A veces tenés que ligar”, reconoce. Antes, poco y nada: les llegaban y les convertían. Ahora, la balanza parece inclinarse.

Por eso la frase toma más peso. “Vamos por todo”. No como una promesa vacía, sino como una declaración de intenciones. Instituto sabe que el camino es largo, que el torneo no regala nada. Pero también que, cuando las piezas empiezan a encajar, es momento de animarse.

Y Roffo, el de los silencios largos y las palabras justas, eligió hablar para decirlo claro. En la cancha se construye. En la cabeza se sostiene. Y en el vestuario ya lo decidieron: la Gloria no se conforma. Va por todo.

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