El Mundial en datos. Paredes contra Egipto: el arte de decidir dónde se juega un partido

Tocó una de cada cinco pelotas de Argentina, acertó el 97% de sus pases, lideró las rupturas de línea y recorrió más de 10 km para convertirse en el punto donde empezaban y terminaban casi todas las jugadas de la Scaloneta.

08 de julio de 2026 a las 11:11 a. m.
Paredes contra Egipto: el arte de decidir dónde se juega un partido
Mundial 2026: Leandro Paredes en la selección argentina contra Egipto.

Durante muchos años, el volante central argentino era un jugador asociado a la recuperación, al quite y a la fiereza. El número cinco (un Tolo Gallego, un Checho Batista, por citar a dos campeones mundiales) aparecía como el encargado de destruir antes que de construir. Pero Leandro Paredes parece jugar otro deporte. Su función no consiste en correr detrás de la pelota y cortar (que lo hace), sino en decidir hacia dónde debe ir el equipo completo.

Contra Egipto, en los octavos de final del Mundial 2026, ofreció probablemente su actuación más influyente en la selección argentina. No convirtió goles y no dio asistencias, pero decididamente organizó el partido.

Podría afirmarse que el martes se jugó exactamente donde Paredes decidió que se jugara. Cada vez que Egipto intentó acortar espacios o adelantar líneas, giró el juego hacia el lado débil; cada vez que Mohamed Salah esperaba un pase rápido, dormía el partido; y cada vez que Argentina necesitó acelerar, encontraba pases verticales en velocidad.

Según el informe técnico de Fifa, Argentina tocó 578 veces la pelota durante los 90 minutos. Paredes participó en 119 de esos pases. Es decir, uno de cada cinco envíos de la Scaloneta salió de su pie. No hubo otro futbolista en la cancha con semejante volumen de juego (completó 116 de esos pases y apenas se equivocó en tres, su precisión fue del 97%).

El número impresiona más cuando se lo pone en contexto. No solo fueron pases horizontales entre centrales ni devoluciones al arquero. Fifa registró 35 "intentos de ruptura de líneas" realizados por Paredes, de los cuales 33 que terminaron en el destino correcto. Su eficacia ahí alcanzó el 94%.

Nota: las rupturas de línea son una de las métricas favoritas de lla Fifa. Miden cuántas veces un jugador elimina rivales mediante un pase o llevando la pelota al pie. y son el indicador más útil para cuantificar la capacidad de un futbolista de romper el esquema defensivo del otro equipo.

Paredes en el partido ante Egipto.
Paredes en el partido ante Egipto. (AP)

Paredes no solamente lideró ese ítem en Argentina, sino que lo hizo con enorme diferencia respecto de Enzo Fernández (completó 23 rupturas) y de Lionel Messi (solo 15).

Eje del sistema

Como se dijo, los datos muestran que fue el eje del sistema. El vínculo de pases más repetido fue el formado por Paredes y Enzo Fernández. El segundo circuito más frecuente tuvo nuevamente a Paredes, esta vez conectado con Rodrigo De Paul; y del otro lado, en la defensa, también aparece Paredes con Cristian "el Cuti" Romero, a quien buscó más que a cualquier otro compañero.

Aunque nos quedó en la retina, la relación entre Paredes y Nicolás Tagliafico fue menos frecuente aunque tuvo una función táctica específica y decisiva. El volante central buscó seis veces al lateral izquierdo, casi siempre para cambiar el eje del ataque.

Hay otra estadística que explica mejor su influencia. Paredes realizó 35 movimientos para ofrecerse como receptor de pases y recibió la pelota 23 veces en posiciones que le permitían continuar con la circulación. Es decir que fue siempre una posibilidad de solución.

Pero su partido no se agotó en la posesión. Defensivamente fue clave, ya que registró cuatro quites (el más importante fue a los 91 minutos, cuando esperó de frente a Omar Marmoush y se jugó con la pierna derecha en un cruce clave, para robarle la pelota al egipcio cuando se iba al gol).

Además, metió dos bloqueos (tapar el remate de un rival), cinco intercepciones y recuperó cinco pelotas de posesión. Y encabezó la presión directa argentina junto con otros futbolistas del mediocampo. Incluso se permitió mirar el arco y remató dos veces desde media distancia: una se fue desviada y otra encontró una pierna egipcia antes de llegar al arquero Mostafa Shoubir.

Posesión

El dato más revelador quizá sea otro. Argentina terminó el encuentro con 57% de posesión, 558 pases correctos y 90% de precisión colectiva. Son números de equipo dominante instalado en campo rival y de partido administrado territorialmente. Detrás de todos esos indicadores aparece la firma del jugador de Boca.

Sus números hablan de que lee el juego antes de correrlo. Recorrió 10.562 metros, una cifra importante para un volante central, aunque lo revelador está en cómo distribuyó el esfuerzo. Más de la mitad de esos movimientos (5.512 metros) se produjeron en "intensidad media", entre los 7 y los 15 km/h. Es la velocidad de alguien que acompaña la circulación.

Aun así, registró 2.546 metros por encima de los 15 kilómetros por hora, con 96 carreras de alta velocidad y 33 sprints (piques cortos). Son números muestran que se comprometió en la presión tras pérdida y en los retrocesos defensivos.

Finalmente, su velocidad máxima alcanzó los 30,3 kilómetros por hora. Nada mal para un volante central.

Durante mucho tiempo Paredes fue considerado un complemento de la generación campeona del mundo; una especia de socio útil para Messi, De Paul, Mac Allister o Enzo. Pero contra Egipto, más que acompañante, se convirtió el cerebro operativo.

A los 32 años, en la etapa en la que muchos mediocampistas comienzan a perder influencia física, Paredes parece haber encontrado la versión más sofisticada de sí mismo. El martes, corrió en forma inteligente, tocó más veces la pelota y decidió mejor que el resto. Fue una de las mejores noticias para la selección.