Dakar 2011: La pasión vigente
Inicio y show. Con la largada desde el Obelisco, la tercera edición de la competencia que se disputará en Argentina y en Chile ya está en marcha. Etienne Lavigne supervisa todos los detalles de la carrera más larga y peligrosa del planeta.
El francés Etienne Lavigne es el dueño de ASO (Amaury Sport Organisation) y el director general del Dakar Argentina-Chile, que desde hace tres años se corre en tierras sudamericanas. Es el dueño de un negocio que moviliza a muchísima gente e involucra a dos países que ponen lo suyo, ya sea en dinero o en logística, para que la carrera más larga y peligrosa del planeta pueda recorrer sus caminos. Por eso, Lavigne cuida todos los movimientos. Está pendiente de todos los detalles.
Ayer, horas antes de la largada, que volvió a convocar una buena cantidad de gente, el francés supervisaba en La Rural de Palermo cada paso de sus colaboradores. “Mariano, cómo estás de la garganta”, le preguntó a Mariano Iannacone, uno de los cordobeses encargado (junto con Laura Cerezo) de presentar a los 407 competidores en la rampa de largada. La pregunta tenía un solo objetivo: conocer el estado de la incipiente e inoportuna disfonía que había atacado a Mariano.
Por ser tan cuidadoso de la empresa que maneja, Lavigne también se bancó permanecer durante varias horas en la rampa saludando a todos y cada uno de los pilotos. Recibió una bandera de Chile de manos del piloto de cuadriciclos Francisco López Balart y se la colgó al cuello. También autorizó a que los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli bajaran juntos la rampa. Lavigne, un marketinero de aquellos.
También es cuidadoso al momento de escoger a las personas que lo acompañan. Ayer, muchos de los integrantes de la legión de cuidadores de ingresos a los sectores de prensa o salas especiales tenían más o menos las mismas características: rústicos, musculosos y con muchos tatuajes. No es cuestión de que alguien pretenda entrar al “Mundo Dakar” sin la habilitación correspondiente. Y también hay buena paga. Sabrina, una de las chicas encargadas de que ninguna otra persona que no sea fotógrafo o cámara suba a la tarima para tomar imágenes, estaba conforme con su trabajo. “Estoy desde las 8 (ya eran las cuatro de la tarde), pero pagan bien. A mí me contrató una empresa que organiza eventos y es mi primer Dakar”, contó Sabrina mientras se acomodaba uno de los dos piercings que lucía en la ceja derecha.
Al lado del caminoEl Dakar también es negocio para otros, aunque en este caso con características amateurs. Los vendedores ambulantes aparecieron alrededor del Obelisco como lo hacen los sapos después de la lluvia. Hamburguesas (un carrito se prendió fuego cerca de la largada), anteojos, "bijuoterí" somalí, banderas dakarianas, remeras con el recorrido de la carrera, helados, gaseosas y agua mineral. Todo con absoluta libertad, sin control de inspectores ni de la Policía.
El público compraba de todo, mientras esperaba el paso de los cuadriciclos, las motos, los autos y los camiones, y disfrutaba con alguna locura de los pilotos, como la del estadounidense Robby Gordon que salió de la rampa a toda velocidad elevando su Hummer H3, pero como no le gustó la salida, volvió sobre sus pasos, ensayó nuevamente la volada y realizó un peligroso derrape cerca de las vallas de contención.
Emoción, vértigo, solidaridad en la ruta, camiones coloridos y autos novedosos son la cara visible de una carrera mítica que se realiza íntegramente bajo el ojo engordador de su dueño: Etienne Lavigne.
La aventura ya está en marcha y entre hoy y mañana levantará tierra por la geografía cordobesa.

