Datos. Messi, el hombre que fue el mejor en dos deportes distintos
El capitán argentino debutó hace más de 20 años en un fútbol con menos presión, menos sprints y menos exigencia física. Pero hoy, sigue siendo decisivo en un juego mucho más intenso y veloz. Los cambios y las adaptaciones.
Una de las cosas más extraordinarias de Lionel Messi es que, cuando debutó en la Primera de Barcelona, hace más de 20 años, el fútbol era otro deporte. No una versión anterior del mismo juego: era otra cosa.
Cuando Messi debutó en octubre de 2004, el fútbol todavía vivía bajo lógicas que hoy parecen lejanas. La presión coordinada era excepcional, los equipos defendían más atrás, las transiciones eran más lentas y la preparación física estaba lejos de los estándares actuales. Pep Guardiola todavía no había dirigido un partido como entrenador profesional y faltaban cuatro años para que el Barcelona revolucionara todo.
En aquel contexto, Messi ya era una estrella emergente. Dos décadas después, sigue siendo decisivo en la máxima competencia mundial. Y si bien la longevidad deportiva suele medirse en años, la de Leo debería medirse en eras.
La afirmación tiene una base científica. Un trabajo publicado el año pasado en el sitio especializado Sports, del Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI), revisó decenas de investigaciones sobre la evolución física del fútbol y llegó a la conclusión de que, aunque los futbolistas actuales recorren prácticamente la misma distancia total que hace dos décadas, el juego moderno exige muchas más intensidad, sprints (los famosos piques) aceleraciones y desaceleraciones.
El estudio, titulado "Revisión de las exigencias de velocidad y aceleración en el fútbol según la posición de los jugadores", muestra que a mediados de los años 2000 un futbolista de élite recorría en promedio entre 10 y 11 kilómetros por partido, distancia similar a la de estos días.

Lo que sí cambió fue la intensidad. Los jugadores actuales realizan entre 40 y 60 sprints por encuentro, recorren más metros a velocidades superiores a los 24 kilómetros por hora y pueden acumular entre 1.000 y 1.400 aceleraciones, desaceleraciones y cambios de dirección durante un solo partido.
Según la revisión científica, la distancia recorrida a alta intensidad aumentó de manera sostenida durante la última década, incluso cuando el volumen total de recorrido permaneció estable. En otras palabras, el futbolista contemporáneo no corre mucho más: corre mucho más rápido.
El trabajo también identifica una transformación menos visible pero igual de importante. En el fútbol moderno, los jugadores rara vez disponen del espacio suficiente para desarrollar carreras largas a velocidad máxima. En cambio, los partidos están dominados por esfuerzos breves y repetidos. La mayoría de las acciones decisivas dura apenas entre 2 y 4 segundos.
La investigación señala que un futbolista profesional ejecuta cientos de microaceleraciones durante un encuentro y que las desaceleraciones (frenadas bruscas para cambiar de dirección o recuperar la posición) se convirtieron en una de las mayores fuentes de carga física y estrés muscular. Las lesiones son una muestra.
La revolución táctica
El Barcelona de Guardiola, entre 2008 y 2012, modificó para siempre la relación entre espacio, posesión y presión. La idea de recuperar la pelota inmediatamente después de perderla fue adoptada por muchísimos entrenadores y profundizada en todo el mundo.
El resultado fue un fútbol más intenso, físico y mucho menos permisivo con los espacios libres, los tiempos muertos y las recuperaciones.
El propio estudio científico detectó diferencias muy marcadas entre posiciones. Los laterales y extremos son hoy los futbolistas que recorren mayores distancias a alta velocidad y realizan más "piques", mientras que los mediocampistas continúan siendo quienes acumulan el mayor volumen total de carrera. Los defensores centrales, en cambio, son los que menos distancia recorren a máxima intensidad.
En ese espacio temporal, Messi jugó y dominó el fútbol anterior a esa revolución, y luego se adaptó al posterior.
Su Mundial 2026 constituye una demostración de esa adaptación. A pocos días de cumplir 39 años, ya convirtió los cinco goles de Argentina en los dos primeros partidos del torneo (un triplete frente a Argelia y un doblete contra Austria). Además, se transformó en el máximo goleador de la historia de los mundiales.
Lo extraordinario es que el modo en que Messi produce hoy fútbol para sus equipos es radicalmente distinto al de sus primeros años.
El Messi de 2006 era un extremo explosivo que atacaba desde la derecha, vivía del uno contra uno y construía ventajas a partir de aceleraciones permanentes. En aquellos años, su principal diferencial era la capacidad para sostener sucesivas carreras de alta intensidad.
Mientras que el Messi de 2026 selecciona muy bien los momentos del esfuerzo físico máximo. Corre menos (pero no mucho menos, hay que decirlo: una media de 8.240 metros por partido), aunque casi nunca corre de más. No necesita intervenir 40 veces para modificar un partido porque le alcanza con detectar el instante exacto.
Contra Argelia, por ejemplo, necesitó apenas 77 minutos para marcar tres goles y alcanzar el récord histórico de Miroslav Klose. Frente a Austria volvió a exhibir esa capacidad para administrar energías. Incluso después de fallar un penal terminó resolviendo el encuentro con dos jugadas decisivas.
Pero además existen datos físicos que permiten contextualizar su rendimiento. Según los registros oficiales de Fifa, contra Austria alcanzó una velocidad máxima de 29,7 kilómetros por hora y realizó 31 sprints. Para ponerlo en perspectiva, Kylian Mbappé registró 33,4 kilómetros por hora frente a Irak y efectuó 35 sprints.
Eso sí: Messi tiene 39 años. Mbappé, 27.
La comparación no pretende equiparar perfiles físicos, porque ambos ocupan funciones diferentes dentro de sus equipos. Sin embargo, permite dimensionar el nivel que conserva el capitán argentino en un contexto en el que la exigencia física del juego alcanzó niveles sin precedentes.
Adaptación permanente
La adaptación permanente es, probablemente, la característica menos estudiada de la carrera de Messi. Por ejemplo, la mayoría de las grandes figuras queda asociada a una época determinada. Pelé dominó el fútbol de los '60; Johan Cruyff transformó el de los '70; y Diego Maradona dominó los '80.

Leo hizo algo diferente. El rosariono fue decisivo cuando el fútbol todavía permitía pausas y espacios, y siguió haciéndolo cuando el juego se convirtió en una sucesión ininterrumpida de presión, transiciones y piques cortísismos.
Como sea, Messi no sólo atravesó más de 20 años de carrera. Lo que lo distingue, es que atravesó dos formas completamente distintas de jugar al fútbol y en ambas logró ser el mejor de todos.
Nota: el trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad Europea de Madrid y de la Universidad Rey Juan Carlos, España, especializados en ciencias del deporte, fisioterapia y análisis del rendimiento físico en el fútbol profesional.


