La Voz en el Mundial. Kempes y el "nuevo" Messi y la curiosa respuesta sobre qué camiseta debería llevar su estatua en el estadio

El Matador habló con La Voz en la casa Conmebol de Miami y dejó varias frases a su estilo. Se refirió al orgullo que le genera tener un estadio con su nombre.

02 de julio de 2026 a las 08:19 p. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Kempes y el "nuevo" Messi y la curiosa respuesta sobre qué camiseta debería llevar su estatua en el estadio
Mario Kempes, siempre con la selección.

Antes que el campeón del mundo, antes que el goleador de un Mundial, antes que el apellido que quedó grabado para siempre en la historia del fútbol argentino, Mario Kempes es "el Kempes". Así, simplemente. Como si el estadio de Córdoba hubiera existido antes que él. Como si varias generaciones hubieran aprendido primero a decir "vamos al Kempes" y recién después descubrieran que ese nombre pertenece a uno de los futbolistas más grandes que dio el país.

A miles de kilómetros de esa cancha, en la Casa de la Conmebol instalada en Miami para este Mundial 2026, el Matador volvió a encontrarse con periodistas argentinos. Y con un cordobés. El de La Voz. Y sonríe, se presta para las fotos y habla con la tranquilidad de quien ya no tiene nada que demostrar. Mientras la selección de Lionel Scaloni se prepara para jugar este viernes frente a Cabo Verde por los 16avos de final, justamente en el estadio que lleva su nombre, Kempes se detiene con La Voz para hablar de Lionel Messi, del presente del equipo y de una sensación que todavía le cuesta explicar: la de haber visto cómo su apellido dejó de pertenecerle para convertirse en un punto de encuentro para todos los cordobeses.

Hay algo que atraviesa toda la charla. El Mundial cambió. Tiene más equipos, más partidos y nuevas selecciones que hace algunas décadas parecían inalcanzables. Kempes lo disfruta.

"Me está gustando porque es un Mundial diferente. Son más equipos, equipos que ni siquiera los conocés por la preparación para llegar al campeonato. Ahora todas las selecciones prácticamente tienen jugadores en Europa, en grandes ligas, y eso hace que se haya emparejado el nivel futbolístico", explica.

Ese crecimiento también abre la puerta para que caigan viejos récords. El tema aparece inevitablemente cuando se menciona a Messi, que sigue acumulando goles, partidos y marcas históricas. Kempes sonríe. No le preocupa demasiado que las estadísticas cambien con el paso del tiempo.

"Me parece bien. Cuantos más récords, más protagonismo van a tener aquellos que quieran romperlos. Pero a mí nadie me lo va a quitar, por más que pongan 70 selecciones", dice entre risas. Y enseguida agrega: "Uno está contento por lo que hizo y sabe que a medida que van pasando los mundiales hay selecciones diferentes y también aparecen sorpresas".

No hay competencia ni comparación en sus palabras. Todo lo contrario. Cuando habla de Messi aparece una mezcla de admiración y disfrute, como quien observa a otro futbolista irrepetible escribir su propia historia.

"Está feliz. Camina mejor que nunca la cancha, se ubica donde él quiere, acierta. Lleva cinco goles y está dentro de los que pueden romper con todos los esquemas. Está diferente", resume con su tonada cordobesa sostenida.

La frase tiene peso porque llega desde alguien que conoce como pocos lo que significa cargar con la responsabilidad de conducir a la Selección en una Copa del Mundo. Kempes fue el héroe de Argentina 1978. Messi ya escribió la suya en Qatar 2022 y ahora busca otro capítulo. Son épocas distintas, pero unidas por la misma camiseta.

Cuando le preguntan por aquella final del 25 de junio de 1978, el Matador vuelve casi medio siglo atrás con una facilidad asombrosa.

"No me acuerdo lo que hice ayer, pero de ese campeonato me acuerdo de todo", responde entre sonrisas. Después, el belvillense deja una reflexión que explica por qué esos recuerdos siguen tan vivos.

"Es una satisfacción muy grande. No hay muchas oportunidades para que un jugador sea campeón del mundo y a mí me tocó en suerte. Eso da un gusto diferente a todos aquellos que no pudieron levantar la Copa".

La charla parecía encaminarse hacia el cierre, hasta que apareció la pregunta inevitable para cualquier periodista cordobés. Esa que, según la broma lanzada en plena conferencia, había que hacer "porque si no en Córdoba me matan".

¿Qué siente al ver que un estadio lleva su nombre? ¿Qué pasa por su cabeza cuando escucha a miles de personas decir simplemente "vamos al Kempes", como si fuera un barrio más de la ciudad?

La respuesta no tiene vueltas. "La verdad que es una gran alegría. Es algo que uno nunca espera, que un estadio lleve tu nombre. Y habiendo pasado tantos y tan buenos deportistas por Córdoba, tuve la suerte de ser elegido". Después recuerda otro detalle que muy pocos pueden contar. "También tuve la suerte de inaugurar el estadio y hacer el gol".

Pero enseguida corre el foco de su figura para devolverle el protagonismo a Córdoba y a su gente. "Lo más lindo de todo es que cada tribuna tiene un nombre. Está Daniel Willington, Luis Fabián Artime, Roberto Gasparini... Es el estadio de todos".

Tal vez ahí esté la explicación de por qué el "Kempes" ya dejó de ser solamente Mario Kempes. Porque el apellido del Matador terminó convirtiéndose en un lugar. En un punto de encuentro. En una referencia afectiva para varias generaciones de cordobeses. "Y a la estatua que le pongan la camiseta que quieran en la puerta del estadio... saben que soy de Instituto, pero no hay problema, ja". Kempes, un nombre que nació de un campeón del mundo de 1978, pero que hace mucho tiempo dejó de pertenecerle solo a él para convertirse en patrimonio sentimental de toda Córdoba.