Mundial en cordobés. Julián le regaló otra vida a Messi y Argentina sobrevivió a otro drama para meterse en semifinales

Argentina tuvo otra noche de drama de la que salió con vida: está entre los cuatro mejores y, otra vez, disputará una semifinal de una Copa del Mundo.

12 de julio de 2026 a las 12:56 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Julián le regaló otra vida a Messi y Argentina sobrevivió a otro drama para meterse en semifinales
¡Argentina está en semifinales del Mundial!

Si alguien pensaba que después de Cabo Verde y Egipto la selección argentina iba a tener una noche tranquila, se equivocó feo. En Kansas City apareció otro capítulo de esos que aceleran el corazón, dejan sin aire y obligan a creer hasta el último segundo. Y cuando todo parecía escaparse, apareció un cordobés para estirar el sueño de Lionel Messi. Julián Álvarez hizo el 2-1 ante Suiza y le regaló una vida más al capitán en su último Mundial.

Ese duelo que se presumía una batalla lo fue. Aunque no tan rudo como se esperaba en los primeros minutos. El gol de Alexis Mac Allister calmó a un equipo que había salido seteado para pelear cada pelota. También serenó, por un rato, a las miles de almas argentinas que coparon el Arrowhead Stadium.

La gente estaba lista para sufrir. Como contra Cabo Verde. Como frente a Egipto. Dispuesta a bancar lo que hiciera falta para llegar a ese cruce con Inglaterra que desde hacía días flotaba en cada conversación.

En la previa estuvieron los cordobeses de siempre. Los que viajaron solamente para este partido. Los que están desde el día uno siguiendo a la Scaloneta por Estados Unidos. Los que sienten que acompañar a Messi hasta el final es una obligación. Las monjas cordobesas. Los que se endeudaron para cumplir el sueño. Los que hicieron todo para vivir esta fantasía. Los que nunca aceptaron que la historia terminara en Qatar. Los que creen que todavía se puede volver a ser campeón del mundo.

Pero un Mundial nunca regala nada.

En el segundo tiempo, la salvada de Lisandro Martínez erizó al estadio. Evitó un gol hecho y sostuvo una ventaja que empezaba a quedar demasiado corta. Tremendo lo del defensor argentino.

A partir de ahí, el partido se puso espeso. Trabado. Lento. Sofocante. Ese 1-0 parecía no alcanzar. No había margen para equivocarse. No existía un segundo de respiro. Argentina se arremangó para meter las manos en el barro y defender cada centímetro como si fuera el último.

Emiliano "Dibu" Martínez volvió a responder cuando hizo falta. Contuvo otras pelotas decisivas. Argentina sobrevivió. Toleró. Aguantó. Sobrellevó el asedio. Cada pelota era una final. Cada rechazo se gritaba como un gol. Cada jugada exigía un esfuerzo descomunal.

Hasta que llegó el empate de Suiza.

Y todo volvió a parecerse demasiado a Cabo Verde. Y demasiado a Egipto. Otra vez a remar. Otra vez a construir una épica. Porque a esta selección, definitivamente, lo fácil no le interesa.

El suplementario empezó a pasar en cámara lenta. Suiza resistía. Argentina empujaba con más corazón que claridad. No aparecía el hueco. No había manera de encontrar ese remate salvador. En las tribunas ya no se cantaba: se rezaba.

Y la pregunta empezó a recorrer el estadio.

¿Había más Messi? ¿Era esa la última función del mejor futbolista del planeta en una Copa del Mundo?

El drama era todavía más sofocante que los anteriores. Más pesado. Más angustiante.

Hasta que apareció un cordobés.

Julián Álvarez encontró ese espacio que nadie veía, sacó un derechazo inolvidable y desató una explosión que hizo temblar Kansas City. El grito liberó semanas enteras de tensión acumulada. Liberó a una selección que otra vez encontró una salida cuando parecía encerrada.

Pero también le regaló algo mucho más grande al fútbol. Le regaló otra vida mundialista a Lionel Messi. Y le regaló la noche de redención también a Lautaro Martínez, que encontró los espacios de contra para liquidar este partido y para volver a marcar con la Albiceleste.

Argentina jugará las semifinales frente a Inglaterra. Y mientras haya un cordobés dispuesto a rescatar a la selección en la noche más difícil, el sueño seguirá teniendo capítulos para contar.