Mundial en cordobés. La fiebre por Messi no tiene precio: entre 3500 y 5000 dólares por una entrada
"Cuestan un huevo y la mitad del otro": la locura de los argentinos por conseguir una entrada para ver a Messi. Las opiniones de la gente ante La Voz.
"Valen un h... y la mitad del otro", exageró un argentino con esa expresión bien a lo cordobés cuando La Voz le preguntó si tenía entradas para ver a Lionel Messi y a la Argentina en Miami. ¿Qué precio tiene un recuerdo? ¿Cuánto vale poder decir "yo estuve ahí" cuando dentro de algunos años alguien pregunte por el último Mundial de Messi?
En Miami Beach, a pocos kilómetros del estadio donde la selección jugará frente a Cabo Verde por los 16avos de final, las respuestas no llegan en pesos ni siquiera en dólares. Llegan en historias.
Mientras los turistas buscan sombra frente al mar y los locales pasan la tarde como si fuera un día cualquiera, cientos de argentinos caminan con la camiseta celeste y blanca, mate en mano y una preocupación que se repite en cada charla: conseguir una entrada.
No es sencillo. Tampoco barato. "Cuestan un huevo y la mitad del otro", resume entre risas un hincha argentino que hoy vive en Italia y que viajó especialmente a Miami para seguir a la Scaloneta.
Este hincha llegó con una camiseta especial. No es la actual. Lleva puesta la de Alemania 2006, la misma con la que Messi debutó en una Copa del Mundo cuando apenas tenía 19 años. 20 años después, ese mismo hincha cruzó el Atlántico para intentar acompañarlo en lo que podría ser su última aventura mundialista. Todavía no consiguió entrada. "Vinimos también a hacer un poco de vacaciones, pero queremos vivir el Mundial de cerca", cuenta. Cuando aparece la pregunta inevitable, duda unos segundos.
"Cuánto estoy dispuesto a pagar. Ahora no mucho... pero en unos días, un poco más. Bastante más", admite, resignado, como si supiera que el mercado terminará empujándolo a gastar más de lo que había imaginado.
No es el único. Federico llegó desde Viedma, Río Negro, con un objetivo claro: ver a Messi una vez más en un Mundial. "Estoy chocho. Quería venir por el último Mundial de Leo", dice mientras sigue actualizando el celular en busca de una oportunidad. Hace más de un mes que intenta conseguir una entrada.
"¿Qué estoy dispuesto a hacer? Todo. Lo que sea", responde sin dudar. Después llega la cifra.
"Cuatro mil... cinco mil dólares. No sé. Lo que sea. No puede ser que no vaya." No habla de lujo ni de comodidad. Habla de una experiencia que considera irrepetible. Porque nadie sabe si habrá otra Copa del Mundo con Messi dentro de una cancha y, cuando aparece esa sensación de despedida, las cuentas empiezan a perder importancia.
Hay quienes todavía buscan y quienes ya tomaron la decisión. Pedro llegó desde Jujuy acompañado por su pareja. Frecuentan Córdoba por trabajo. Ellos sí tienen asegurado su lugar en el estadio. Pero hubo que pagarlo. "Me vas a dejar sin trabajo en Córdoba", escucha antes de revelar el número. "Tres mil dólares." La cifra impacta. Sin embargo, para él no hay discusión. "Vale la pena. No hay que arrepentirse. Vine acá para ir al partido, así que la pagué y listo." Su pareja coincide. "Si ya estás acá, tenés que ir a un partido sí o sí."
En cualquier otro contexto, pagar tres mil dólares por una entrada parecería una locura. También desembolsar cinco mil por un ticket o viajar desde Italia sin siquiera tener asegurado un lugar en la tribuna. Pero este no es cualquier partido. Es Messi. Y esa sola palabra modifica cualquier cálculo.
En Miami Beach nadie habla del precio del hotel, del alquiler del auto o de cuánto cuesta comer frente al mar. La conversación gira alrededor de una entrada que para algunos vale una fortuna y para otros no tiene precio. Porque el dinero siempre vuelve. La posibilidad de ver, quizás por última vez, a Lionel Messi jugando un Mundial desde una tribuna, no.



