Desde adentro. Diego Maradona y esos cuatro minutos de trampa, magia y rebeldía

Se cumplen 40 años de los dos goles de Maradona a los ingleses: "la mano de Dios" y el segundo, dejando en el camino a medio equipo rival.

21 de junio de 2026 a las 11:01 p. m.
Diego Maradona y esos cuatro minutos de trampa, magia y rebeldía
Maradona y "la mano de Dios" ante Inglaterra en el Mundial de México 1986. (Archivo La Voz)

A 40 años de sus obras maestras, es imposible no emocionarse. Mirar esa mano y esa zurda virtuosas y rebeldes remite a sensaciones únicas, exaltadas hasta el delirio, conducidas directamente y sin escalas hacia nuestros tiempos jóvenes.

Diego Maradona celebra sus dos goles a Inglaterra y con él, todos los argentinos. Resucitado en cada recuerdo, puesto en vida por la admiración intacta, el “10” se vuelve imagen en su mano mágica, en su zurda indescifrable, en sus gritos reivindicatorios.

Ante el mundo, el “10” hizo de alquimista para mezclar dosis iguales de trampa y de majestuosidad en la búsqueda y consecución de un elixir que aún hoy se ha vuelto indescifrable en este planeta. ¿Cómo pudo hacerlo?

Quizá pueda explicarse en su ya declarada lucha contra el poder; o más simplemente en su regreso a la niñez, cuando su talento superior no sabía de dinero, de estatus, de políticas ni de presiones. Lo cierto es que en el estadio Azteca, cuando el mundo estaba a poco de alcanzar los 5000 millones de habitantes, y con 25 años de edad, “Diego” pasó definitivamente a la inmortalidad.

Semejante trascendencia se explica en el resumen ideal de lo que puede ocurrir en un potrero. ¿O acaso alguien no hizo un gol con la mano en la canchita de la esquina? ¿O el festejo quizá no ocurrió luego de que la pelota se fuera más allá de los límites del campo? Entre el pasto escaso, la tierra abundante y los arcos que no eran más que piedras, ¿quién no se alegró de hacer un gol así?

O más difícil, aún. ¿Quién no hizo o soñó hacer un gol como el segundo a los ingleses? En un lapso de cuatro minutos, Maradona lo hizo posible, tocando los límites de lo permitido y de lo no permitido en un deporte que también ha edificado su evolución con ese tipo de matices, sin distinción de credo, de territorio y de nacionalidad.

Así, de golpe, el karma para los ingleses llegó a través del fútbol. Esas mañas antirreglamentarias también por ellos fueron aplicadas. Lo grandioso de Diego fue que transformó lo malo en lo bueno; el enojo en arte; el repudio en una celebración inconmensurable. De su creación se revolvieron calificativos, se buscaron anteriores proezas, se compararon hazañas. Y nada supo ser más de lo que él hizo.

Diego Armando Maradona, con un gol con la mano, y otro llevando la pelota desde la mitad de la cancha, pasó a ser un jugador indiscutiblemente extraordinario. Subió al trono desde el cual presidió el juego de la pelota hasta cuando él quiso.

Fin de la gran obra de Diego. La jugada arrancó en la mitad de la cancha, Maradona dejó en el camino a medio equipo inglés y marcó el segundo gol.
Fin de la gran obra de Diego. La jugada arrancó en la mitad de la cancha, Maradona dejó en el camino a medio equipo inglés y marcó el segundo gol. (La Voz)

Con la imagen de fondo de sus dos goles, el hágalo usted mismo es la pregunta que se le hizo o se les hace a todos para saber si lo pueden hacer, y no hay respuesta. Ni en la palabra ni en los hechos. Sólo él pudo haber hecho algo así. E hizo feliz no sólo a los argentinos, sino al mundo entero.