Análisis. Una derrota que no generó reproches: Instituto perdió y la gente acompañó
El 0-1 ante Estudiantes dejó a La Gloria al borde de la eliminación, pero la actitud del equipo fue valorada por su gente.
El público se retiró en silencio. No hubo enojo. Hacía apenas unos segundos se había consumado la derrota de Instituto por 1 a 0 ante Estudiantes de La Plata, un resultado que prácticamente cerró sus posibilidades de competir por un lugar en los octavos de final del Torneo Apertura. Era, entonces, una caída de peso, lo suficientemente significativa como para exacerbar el fastidio. Pero nada de eso ocurrió.
Al evaluar los 90 minutos, puede sostenerse que esa aceptación de la realidad tuvo que ver con la actitud de La Gloria, con el espíritu combativo de sus jugadores que, sin ser superados en ningún momento, ofrecieron sus ganas y también sus limitaciones en la búsqueda de una victoria que hubiera facilitado mucho las cosas.
¿Cómo lo intentó? Puso a sus hombres a luchar en todo el campo de juego. Ubicó a Giuliano Cerato casi como un puntero derecho retrasado, depositó en Gastón Lodico la conducción del equipo y buscó en Jhon Córdoba y Alex Luna la posibilidad de desequilibrio que abriera las puertas del triunfo.
Estudiantes, en tanto, tuvo a su favor un orden que respetó hasta el pitazo final del árbitro y la sagacidad necesaria para especular con alguna grieta en la defensa local que lo ayudara a llevarse los tres puntos.
Esa postura tuvo su premio al comienzo de la segunda etapa. Brian Aguirre, que poco y nada había hecho en el tramo inicial, tomó el balón en el borde del área, buscó su mejor perfil y sacó un derechazo que cruzó el área y superó la estirada de Manuel Roffo.
Fue un gol que en el ambiente se percibió como el del acercamiento inexorable a la victoria. Hasta ese instante, el trámite había discurrido en medio de la paridad, con momentos de mejor traslado del balón por parte de Estudiantes —sobre todo en el inicio—, pero con una mayor carga de agresividad de Instituto.
Antes había sido Fernando Alarcón quien peinó un centro de Lodico y Fernando Muslera salvó prácticamente sobre la línea; y minutos después llegaron los remates de Jhon Córdoba y de Cerato, que exigieron nuevamente una respuesta eficaz del arquero uruguayo. Instituto generó más alternativas de ataque por el sector derecho, mientras que por el otro andarivel Luna sostuvo un duelo de hacha y tiza con su marcador, Eric Meza.
¿La respuesta ofensiva de Estudiantes? Su andar en campo de Instituto estuvo liderado por Tiago Palacios, mientras que fue nula la presencia de Guido Carrillo en el área. Fabricio Pérez y Aguirre, hasta su conversión, tampoco habían trascendido. Una muy buena jugada de Meza por la derecha, que terminó en un remate de media distancia apenas por encima del travesaño de Ezequiel Piovi, fue la mejor expresión del visitante en el primer tiempo. Poco, realmente muy poco, para un equipo que siempre miró hacia los costados, a la espera de una distracción que lo condujera al festejo.

Un gol que nada cambió
Tras el tanto de Aguirre, Instituto acentuó su presión sobre el rival. Diego Flores movió el banco de suplentes, aunque no encontró aportes determinantes que produjeran un cambio en el desarrollo. Ingresaron, con el correr de los minutos, Jeremías Lázaro, Franco Jara, Jonás Acevedo, Matías Tissera y Matías Gallardo. Fue el primero de ellos el que aportó mayor determinación.
La Gloria insistió con poca claridad y mucha energía. Intentó asociarse, pero la cerrada defensa de los platenses ahogó sus iniciativas, ya decididamente replegados en su campo y apelando al contragolpe como única arma de peligro. Alexis Castro tuvo la posibilidad de definir el trámite, pero Roffo lo evitó, luego de haber sido vencido en una segunda conquista que fue anulada por falta sobre Alarcón.

Los últimos minutos fueron la síntesis de todo lo ocurrido. Estudiantes no se despegó de Muslera e Instituto dejó cada vez más solo a Roffo en su afán por alcanzar el empate. Un remate de Luna, desde unos 25 metros, fue el colofón de un espectáculo intenso, no dramático, con intenciones de buen juego apenas esporádicas, entre un equipo ya adaptado a las grandes luchas y otro que pugnó hasta el último segundo por una igualdad que, al menos, le permitiera seguir soñando con ir por más en el resto del torneo.
No pudo ser. La Gloria puso todo, incluso sus limitaciones. Y por eso el valor del silencio en las tribunas, que pareció acompañar el esfuerzo de un equipo que deberá seguir mejorando, a la espera de nuevas oportunidades.

