Historia. Cabo Verde, el “ensamblaje africano” que llega al Mundial con una selección hecha en la diáspora

Con apenas 560 mil habitantes, el pequeño archipiélago africano se convirtió en una de las sorpresas del Mundial 2026 gracias a un proyecto basado en su enorme comunidad en el exterior. La mayoría de sus futbolistas nacieron o se formaron en Europa y Estados Unidos, en una selección multicontinental que refleja su historia migratoria y la estrategia de su cuerpo técnico para competir en la elite.

09 de junio de 2026 a las 08:21 p. m.
Cabo Verde, el “ensamblaje africano” que llega al Mundial con una selección hecha en la diáspora
Selección de Cabo Verde.

Al lograr una sorprendente clasificación al Mundial de América del Norte, ocupando uno de los cupos africanos, Cabo Verde se convirtió en el país más pequeño en disputar la Copa, distinción que le duró hasta la clasificación del diminuto Curazao, país con el que comparte —al igual que con Haití— la ingeniería para armar el equipo: sumar jugadores nacidos en el extranjero, ya que, al igual que el estado antillano, la diáspora de su población constituye uno de los rasgos más destacados de su demografía.

En las 10 islas volcánicas que conforman el territorio del país, frente a las costas de Senegal, habitan solo 560 mil caboverdianos, mientras que en un abanico de naciones del mundo viven más de un millón, principalmente en Estados Unidos y Europa. Es una comunidad dispersa de la que surgen muchos futbolistas hacia los cuales apuntó el reclutamiento como proyecto de seleccionado, que lleva varios años y que finalmente dio sus frutos.

El plantel que aterriza en el Mundial 2026 está compuesto por jugadores que militan en Portugal (Cabo Verde fue colonia portuguesa), Francia, Países Bajos, España, Rusia, Irlanda —donde juega Roberto Lopes, uno de los referentes del equipo—, Rumania, Finlandia, Bulgaria, Hungría, Chipre, Turquía, Israel, Emiratos Árabes y Estados Unidos.

En esta torre de Babel futbolística, edificada por el entrenador Pedro Leitao Brito, conocido como Bubista, Argentina estuvo cerca de estar incluida. Como resultado de sucesivos flujos inmigratorios que llegaron al país desde fines del siglo XIX, hay un jugador de la Liga Profesional que, por su abuelo materno, desciende de caboverdianos: se trata del zaguero de Boca Juniors Ayrton Costa, quien podría haber sido contactado para integrarse al equipo de los «Tiburones Azules», posibilidad que el jugador descartó.

Pero Costa tiene un antecedente en el fútbol argentino en la figura de Custodio Mendes, jugador del Estudiantes de los 80, compañero de Sabella y Ponce, entre otros, y que llegó a ser dirigido por Bilardo. Había nacido en Cabo Verde cuando el país aún no se había independizado de Portugal, por lo que en su pasaporte figuraba como portugués.

Ese rastreo de jugadores con ascendencia caboverdiana deparó sorpresas notables, como que en el listado aparecía nada menos que Cristiano Ronaldo, quien tiene a su abuela paterna nacida en la isla San Vicente, una de las que conforman el país, y que, siendo adolescente, emigró al archipiélago autonómico portugués de Madeira, donde nació CR7. Y, si se sigue la línea del derecho de sangre establecido por los reclutadores caboverdianos, hasta el hijo mayor del crack también podría optar por defender la casaca tricolor de las islas.

Cabo Verde es una de las sorpresas del Mundial 2026 y llega con una historia con tintes épicos: la de armar equipos con jugadores profesionales con raíces nacionales —algunas de hasta tercera generación— nacidos en el extranjero y formados en las fábricas de futbolistas del primer mundo. Como ocurre con los convocados por Curazao y por Haití, responden al llamado no solo porque les abre una ventana para llegar a un Mundial, sino también porque los conecta con sus orígenes.