“No los voy a dejar tirados”. Alex Luna banca el dolor y sostiene a la Gloria

Infiltrado y sin estar al cien, el atacante es el más desequilibrante de Instituto. Gol, rebeldía y un futuro que también ilusiona en lo económico.

13 de abril de 2026 a las 09:57 a. m.
Alex Luna banca el dolor y sostiene a la Gloria
Alex Luna, figura de Instituto.

En Alta Córdoba hay un nombre que se repite como un eco cada vez que la pelota quema: Luna. Alex Luna. El distinto. El que hace que la jugada tenga un segundo más de vida cuando parece muerta. El que transforma un pase intrascendente en una gambeta que levanta a la gente. El jugador por el que Instituto apostó fuerte… y que hoy le devuelve todo en la cancha. Y si sigue así, también en las arcas.

No está al ciento por ciento. Ni cerca. Juega con dolor, infiltrado, con ese tobillo que todavía le recuerda aquella noche en La Bombonera, cuando una dura entrada de Leandro Paredes lo sacó llorando de la cancha. Desde entonces convive con la molestia, con el límite físico, con la necesidad de dosificarse. Pero aun así, le alcanza. Y le sobra.

Porque Luna tiene eso que no se entrena: desequilibrio natural. Tiene pausa en un fútbol apurado, tiene atrevimiento cuando el resto duda, tiene ese ego de potrero que a veces lo hace exagerar una de más, sí, pero que también lo convierte en el único capaz de romper el molde. En un equipo que muchas veces necesita chispa, él es la chispa.

Datos que respaldan

Los números acompañan: seis goles en el año, 14 desde que llegó. Pero lo más importante no entra en la estadística. Es el tipo que aparece cuando la cosa se pone brava. El que pide la pelota aunque esté tocado. El que encara aunque lo estén esperando dos. El que decide partidos, como lo hizo ante Riestra con ese gol que valió oro.

“Me vengo inyectando para calmar el dolor”, dijo sin vueltas. Y ahí está la clave: compromiso. Luna no se guarda nada. Sabe que Instituto lo necesita y responde. Se siente importante, lo dice y lo demuestra. Y el equipo también lo entiende así: lo cuidan en la semana, lo miman, lo llevan de a poco para que llegue entero al sábado ante Estudiantes.

Futuro en alza

La Gloria se juega mucho. El objetivo de meterse entre los ocho está ahí, al alcance. Y para eso necesita su mejor versión. La colectiva, claro. Pero también la individual. Y ahí es donde Luna marca la diferencia.

Porque además de lo futbolístico hay otro partido que Instituto ya empezó a ganar. En enero ejecutó la opción de compra y se quedó con el 100% de sus derechos federativos y el 80% de los económicos. Un movimiento que hoy se celebra. Porque mientras el pibe sigue creciendo, su valor también se dispara.

Y en el fútbol argentino, cuando aparece un distinto de verdad, el radar se enciende rápido. Si mantiene este nivel, será cuestión de tiempo. Tarde o temprano, Luna no solo le dará puntos a Instituto: también le dará dinero.

Por ahora, el negocio es deportivo. Y vaya si rinde. En cada gambeta, en cada enganche, en cada decisión. Luna es eso que todos buscan y pocos tienen: un jugador que cambia partidos.

El distinto. El que hace la diferencia. El que hoy sostiene la ilusión de Instituto. Y el que mañana, quizás, también sostenga su futuro económico.