Novela. Reseña de Mi trabajo, de Olga Ravn
Después del parto, Anna atraviesa una depresión que impone una distancia inmanejable respecto a su esposo y a su bebé, una distancia que se traduce en culpa y en el sentimiento constante de fallar al deber ser.
En la literatura, la maternidad ha sido un tema abordado desde una distancia que enfría la complejidad de la experiencia: se expone la felicidad junto al caos desbordante pero desde una prosa ordenada y reflexiva. Tal vez haya sido una constatación similar la que llevó a Olga Ravn a romper la estructura convencional de la novela en una obra como Mi trabajo.
La escritora danesa cosechó excelentes críticas con Los empleados (Anagrama, 2023), novela construida a partir de entrevistas a los trabajadores de una nave atrapados en la alienación laboral. El cuerpo de empleados está integrado por humanos y por robots humanoides, y son sus propios testimonios los que cuestionan la frontera entre un tipo de entidad y otra.
En su última obra, Ravn recupera ese espíritu rupturista al deshacer la estructura de la novela para volverla un artefacto literario que combina el diario con la poesía, informes médicos, cartas a sí misma y reflexiones escritas con el desparpajo de un borrador. El personaje de Mi trabajo es su alter ego Anna, escritora de profesión que registra su embarazo y los primeros años de maternidad.
Este artefacto se estructura en comienzos (trece), continuaciones (veintiocho) y finales (nueve). No hay un orden cronológico sino un hilado artesanal a través de experiencias que se aglutinan en virtud de que abren, continúan y cierran etapas. Predomina el registro torpe e inconcluso porque la materia prima es una experiencia que amenaza con desvanecerse si cede en exceso en favor de la racionalidad del lenguaje.
Después del parto, Anna atraviesa una depresión que impone una distancia inmanejable respecto a su esposo y a su bebé, una distancia que se traduce en culpa y en el sentimiento constante de fallar al deber ser.
La maternidad trasladó a Anna a un nuevo cuerpo, a un nuevo tiempo que se esfuerza por poblar con la escritura; a una dimensión donde las preguntas existenciales fundamentales exigen ser redefinidas: “¿A quién pertenece la vida de una madre después de traer un hijo al mundo?”.
Por momentos Anna camina tan cerca del abismo que la maternidad se vuelve un desgarro vivencial, una incisión vital que empieza en el parto. Sin embargo, la protagonista no se corre de su responsabilidad y cumple con su trabajo de madre, incluso ante sus peores descubrimientos: “Llevar dentro esta destrucción y ser madre al mismo tiempo; me parece criminal”.
Para Anna ser madre es un trabajo no ajeno a la alienación que supone una tarea en la que resulta imposible reconocerse, disfrutarla plenamente o sentir algo más que miedo y extenuación. De allí que le resulte imposible ordenar sus escritos, imponer una lógica para volver inteligible lo que se resiste a todo orden: la experiencia de tener un hijo.

Para leer Mi trabajo
Olga Ravn
Anagrama
2025

