Entrevista. Marcelo Casarin, sobre su libro que recupera figuras y lugares de Córdoba: Todo contra el olvido

En los relatos "Alguien que recoja la palabra", el autor evoca lugares, momentos y personajes, como Berna, Glauce Baldovin, Daniel Moyano o Alberto Burnichon, que merecen persistir en la memoria colectiva local.

03 de mayo de 2026 a las 09:38 p. m.
Marcelo Casarin, sobre su libro que recupera figuras y lugares de Córdoba: Todo contra el olvido
Marcelo Casarin, escritor e investigador cordobés.

El nuevo libro de Marcelo Casarin se titula Alguien que recoja la palabra y tiene sentido porque una parte significativa de las siete narraciones que lo componen intentan recuperar figuras y lugares de Córdoba medio borrados de la memoria.

Son textos publicados en la revista digital Tierra Media y reunidos por su afinidad temática. Es el primer ejemplar de una colección que incluirá a otros colaboradores de la publicación mensual, como Omar Hefling, y que saldrá en formato libro en asociación con la editorial Recovecos.

El libro de Casarin será presentado el viernes 8 de mayo, a las 18.30 en el Centro Cultural de la UNC: Obispo Trejo 314, Sala B, tercer piso. Se referirán al libro Gabriel Ábalos, Juan Cruz Oliver y Paula Robledo. Mientras que la música estará a cargo de Julieta Casarin, Fermín Reynoso Casarin y Ángeles Valdez.

Tapa de libro "Alguien que recoja la palabras", de Marcelo Casarin.
Tapa de libro "Alguien que recoja la palabras", de Marcelo Casarin. (Gentileza)

Por las páginas de Alguien que recoja la palabra desfilan personajes como el cuartetero Berna (Bernardo Bevilacqua), Glauce Baldovin, Romilio Ribero, Daniel Moyano y Alberto Burnichon, entre otros más o menos conocidos.

Una fatalidad

A medio camino entre la investigación biográfica y la invención ficcional, los textos de Casarin a veces evocan a esas figuras de la historia local en tercera persona y otras veces les conceden la palabra para que se expresen por sí mismos.

En el siguiente diálogo, el autor cuenta por qué escribir sobre esos temas se ha vuelto una especie de necesidad literaria para él.

–Todos los relatos están vinculados con personajes o con lugares de Córdoba, ¿a qué se debe esa decisión?

–Más que una decisión es una fatalidad. Entiendo que los escritores, los narradores en particular, necesitamos un locus: Minas Altas, Buenos Aires, Macondo, Lisboa, Yoknapatawpha, Santa María, Dublín… podríamos decirlo en palabras de Nicolás Rosa: somos lectores de lo universal, pero escritores de lo particular. En mi caso, la relación con la ciudad en la que viví casi toda mi vida es en cierto modo de extimidad: lo siniestro de lo familiar. Es sobre ese vínculo, creo, que intento escribir.

–Más allá de que personajes como Romilio Ribero, Glauce Baldovin, Daniel Moyano o Alberto Burnichón son muy conocidos en el ámbito literario local, ¿hay una intención de rescate de sus figuras y de sus mentalidades?

–Estos personajes y su asedio están vinculados a un interés que tengo por ciertas figuras excéntricas, marginales. Es decir: personajes que, desde muchos puntos de vista –escritores, artistas, actores culturales en general–, han hecho una tarea encomiable, heroica en algunos casos; sin embargo, parecen destinados al olvido. Rescatar del olvido esas figuras le da curso a mi deseo de escritura.

Trabajo de archivo

–En todos los casos reconstruís anécdotas o biografías sobre las que hay poco material disponible, ¿cómo fue ese trabajo documental?

–Efectivamente, por su misma condición marginal y en distinta medida, se hace difícil conseguir materiales sobre estos personajes. En este sentido, el trabajo artístico se conecta con una parte de mi tarea en la universidad: la indagación sobre archivos de artistas e intelectuales. Desde hace tiempo, y de una manera un poco heterodoxa, el trabajo con archivos me puso frente a dos estrategias: una cierta arqueología (la búsqueda de documentos) junto a una dimensión etnográfica (la búsqueda de testimonios). Luego, la escritura debería conseguir borrar las huellas de la metodología y entregar a los lectores narraciones. En cierto modo, comparto algo de lo que Saer postuló para el estatuto ficcional de los relatos, en una especie de oxímoron: la literatura es una antropología especulativa.

–Salvo en “Unas notas para recordar a Berna”, esa tarea de documentación queda difuminada en la narración. ¿Por qué en el caso del pianista, hiciste un híbrido de investigación periodística y de autoficción?

–Por una parte, entiendo que para un escritor la sobre documentación puede obturar la libertad creativa. En el caso de los escritores, cuando me propongo convertirlos en objeto de una narración, prefiero más la lectura de sus obras que lo que se diga de ellas o de sus existencias reales. Para ser más claro: la poesía de Glauce Baldovin nos da claves de su vida; el desafío es descifrar algunos de sus signos. No pienso mis textos como documentos etnográficos, sino como escrituras que atraviesan o intentan atravesar ciertas vidas, ciertas experiencias vitales. “En Unas notas para recordar a Berna”, parte del relato se ocupa de la búsqueda misma de documentación, del olvido que ha operado sobre la historia de un músico de cuarteto que tuvo un momento de gran éxito y del que hoy solo se recuerda, en el mejor de los casos, como el que dio a conocer a la Mona Jiménez. Sobre la autoficción: efectivamente, Berna y la música de cuarteto están en mi infancia y adolescencia en La Calera; entonces el que habla en ese relato es, en parte, quien firma el libro. Pero me gusta pensar como Tununa Mercado cuando dice al respecto: yo pulso las teclas y digo yo e inmediatamente ese yo es otra.

Realidad e invención

–¿Cómo llegaste a la historia de Jacobo Dumesnil? ¿Lo que piensa acerca de ese encuentro con un descendiente de camiare está elaborado sobre algún texto de él o es invención tuya?

–El relato “Tanti” es el mejor ejemplo del libro de lo que es la ficción narrativa: los acontecimientos pueden haber ocurrido tal y como se los presenta, pero no necesariamente ocurrieron así.

–¿Pensás continuar con esa serie cordobesa en tu espacio en "Tierra Media" o en libros posteriores? ¿Y si es así cuáles serían los próximos personajes o temas?

–La revista Tierra Media –en la que aparecieron durante el año 2025 los relatos que conforman el libro– es un proyecto anacrónico y, por lo tanto, contracultural. Desafía la lógica efímera de lo algorítmico: sale cada mes con rigurosa puntualidad y llama a una lectura reposada y despierta, como proponían las grandes revistas del siglo 20. Y cada vez suma más lectores, que pueden bajar y archivar los textos que les interesan. Sus directores Jackie Bini y Gabriel Ábalos han sido muy generosos conmigo y siempre espero tener algo para ofrecer. Ahora estoy enredado en una novela que revisa los acontecimientos del Cordobazo, una de cuyas voces es la de Gregorio Bermann. También me propuse releer a Borges, aprovechando la efeméride de los 40 años de su muerte. Espero que de estos proyectos, de sus derivas, algo encuentre su lugar en Tierra Media.