Entrevista. Luis Ignacio García: Los neofascistas usan el disfraz democrático para destruir la democracia por dentro
El doctor en Filosofía cordobés acaba de editar Fascismo cosplay, un intento por comprender el ascenso de la ultraderecha en Argentina y en el mundo al calor de las redes sociales.
“Tu lengua se derrite en modas de la rabia de hoy”, cantaban Los Redondos en 1991, el año de la Ley de Convertibilidad y el ocaso de la URSS. Porque algunas cosas cambian y otras sólo se disfrazan no es casualidad que Fascismo cosplay (Caja Negra, 2026) comience entendiendo el movimiento de la lengua como un acto político.
“La pregunta más insistente del libro es cómo imaginar y ejercer la potencia política del lenguaje en tiempos de polarización extrema y de desinhibición violenta. Dinámicas en las que convergen las redes sociales con las ultraderechas, ambas en auge hoy. Por eso el terreno más adecuado para ensayar respuestas eficaces a aquella pregunta era el de las propias redes sociales. Ellas han modificado de manera drástica las formas de circulación pública de la palabra”, responde Luis Ignacio García.
Los textos vieron la luz en la cocina de Instagram. El volumen está compuesto por los posteos que el autor publicó entre comienzos de 2024 y fines de 2025, mientras el Gobierno nacional desplegaba su particular forma de administrar lo público.
“El tránsito del posteo a la página, del feed al libro, busca poner en relación máquinas de lectura distintas, temporalidades distintas, que conviven en el presente, pero que no suelen entrar en diálogo. No creo que la lengua del futuro provenga ni de la conservación melancólica de la cultura letrada tradicional, ni de la acelerada plataformización del debate público, sino de un metabolismo entre formas de escritura y de lectura hoy en tensión. Ese umbral entre una cultura letrada y una cultura de plataformas debe ser explorado de todas las formas posibles. El libro ensaya una de ellas”, sostiene el doctor en Filosofía.
−El fascismo se maquilla, pero sobrevive. ¿Por qué cree que cuesta llamarlo por su nombre?
−El campo democrático se encuentra ante un dilema cuando enfrenta a los neofascistas. Ellos encarnan la paradoja posdemocrática, que explotan para su provecho: juegan democráticamente a negar la democracia, son el topo que destruye la democracia desde adentro, para glosar al Presidente. Quienes rechazan hablar de fascismo lo suelen hacer con la intención de no excluir a fuerzas neoautoritarias del juego democrático que, después de todo, ellas parecen seguir jugando. Decirle “fascista” a alguien sería un acto que excluye al interlocutor del diálogo. Sin embargo, son ellos mismos quienes se excluyen del diálogo político y racional (basta revisar sus cuentas de X). Usan el disfraz democrático para destruir la democracia por dentro. Por eso digo: fascismo cosplay. El dilema hoy es: ¿va a alcanzar con enfrentar democráticamente a fuerzas antidemocráticas, o nos vamos a ver obligados a recordar cada vez más que en los cimientos de toda democracia hay fuerzas preinstitucionales que dan la batalla por (re)instituir un orden democrático que es atacado con más fuerza que nunca? Ya lo dijo el más famoso antifascista: “Al fascismo no se lo discute, se lo destruye”. El fascismo nunca pretendió discutir nada.
Salando las heridas
El investigador del Conicet y docente de la UNC cree necesario ampliar el debate y convoca a lo que denomina "progresismo antiprogresista". En esa zona crítica, incluye a intelectuales como Pablo Semán, entre otros.
−¿Qué rol cumple el progresismo?
−Llamo “progresismo antiprogresista” a la solución de compromiso de aquellos que, dentro del campo popular, creen que es un tiempo para regresar a valores tradicionales, previos a las luchas de nuestra posdictadura, que habrían sido meras luchas de minorías que nos habrían llevado a un distanciamiento del sentir popular: basta de feminismo, de boludeo ambientalista, de miserabilismo indígena. Así, volver al pueblo es volver a ser un poco facho (como el pueblo, digamos). Buena parte del fenómeno de un neoperonismo doctrinario en streams “compañeros” participa de esta gestualidad, que también ha afectado el análisis autosacrificial de cientistas sociales más preocupados en mostrar la racionalidad del voto a Javier Milei que en evitar que este gobierno atroz se imponga en nuestro país.
Estas crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino contienen distintas formas de exploración de esta época de prefijos (pos, neo, anti). Sus instrumentos de indagación abarcan desde la poesía de Vicente Luy hasta las teorías de Donna Haraway y los diarios de Victor Klemperer.
“El triunfo de Milei precipita una crisis del progresismo. Por un lado, hay esfuerzos honestos por revisar el progresismo, que, manteniendo sus banderas, buscan romper con la posición enunciativa de ‘superioridad moral’ que le vendría de haberse convertido en discurso de estado durante los gobiernos kirchneristas. Por otro lado, hay gestos oportunistas que, desde el propio campo popular, consideran que no sólo las estrategias, sino las propias banderas y los objetivos progresistas fueron el problema: ‘Se pasaron tres pueblos’, dice una franja del progresismo que cree que, en tiempos de Milei, enfrentarse a su hegemonía implica adoptar parte de sus modos”, reflexiona el ensayista.
−Pronto se conmemorará el 50º aniversario del golpe de Estado de 1976. ¿Por qué se busca clausurar esta memoria?
−Se busca clausurar la memoria democrática de la dictadura, sí, pero hay interés en activar una memoria dictatorial de la dictadura, que ellos llaman “memoria completa”. Les interesa especialmente volver a esa violencia fundadora del orden neoliberal cuya versión extrema y agónica ellos representan. Por eso es menos “negacionismo”, como se ha dicho, que un auténtico revanchismo de las clases dominantes. El negacionismo afirma de manera oblicua y vergonzante lo que el revanchismo celebra abiertamente. El revanchismo es un negacionismo “sin complejos”, como se dice ahora. Quienes nos oponemos a esa épica de guerra neoliberal debemos procurar evitar la cómoda posición de situar esas memorias en un afuera de la discusión. No tenemos por qué temerles, porque los debates sobre, por ejemplo, las responsabilidades de la izquierda armada, que ellos pretenden presentar como silenciados, se vienen dando desde el minuto uno de la democracia. Y condenar esas posturas por mero irracionalismo cruel nos deja fuera de una discusión que, aunque implique un enorme retroceso histórico, ya circula socialmente en redes, en los medios, en las escuelas, y en todas las clases sociales.
Para leer Fascismo cosplay
Luis Ignacio García.
Caja Negra editora.
223 páginas.

