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Isabel II, reina de dos siglos: por qué fue la “influencer” más poderosa de la historia

La monarca que acaba de morir cumplió siete décadas en el trono. La sociedad británica mantuvo casi imperturbable su devoción hacia la corona, e Isabel II fue considerada un símbolo de “unidad de la nación”.

08 de septiembre de 2022 a las 03:21 p. m.
Gustavo Di Palma
Isabel II, reina de dos siglos: por qué fue la “influencer” más poderosa de la historia
Ilustración de Chumbi

Con 96 años , a Isabel II le faltaban 22 meses para superar el récord marcado por el “Rey Sol”, quien se mantuvo 72 años y 110 días en el trono si se cuenta el lapso en el que, aún menor de edad, estuvo bajo la tutela de su madre, Ana de Austria, viuda de Luis XIII.

Elizabeth Alexandra Mary Windsor, más conocida como Isabel II, reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de sus otros Reinos y Territorios, Jefa de la Mancomunidad de Naciones y Defensora de la Fe, arrancó su reinado en 1952. Esta año celebró el “Jubileo de Platino”. Eso significa que ya llevaba 70 años sentada en el trono real.

Infografía: Reinados de la corona británica
Infografía: Reinados de la corona británica (La Voz)

Ya en septiembre de 2015 había obtenido un título de longevidad monárquica a nivel local, al superar a su tatarabuela, la reina Victoria, quien reinó en el siglo XIX durante 63 años, 112 días, 16 horas y 23 minutos.

La reina Isabel II. (Yui Mok/Pool Photo vía AP/Archivo)
La reina Isabel II. (Yui Mok/Pool Photo vía AP/Archivo) (La reina Isabel II. (Yui Mok/Pool Photo vía AP/Archivo))

Particular sintonía

Antes de su muerte, anunciada este jueves, Lilibet (como la llamaba su padre, el rey Jorge VI) vio entrar definitivamente a boxes a decenas de celebridades de todos los ámbitos, generaciones y rincones del mundo, plebeyos y nobles.

El matrimonio de Isabel y Felipe duró más de 70 años.
El matrimonio de Isabel y Felipe duró más de 70 años.

Entre ellos, su propio esposo, el príncipe Felipe, fallecido “pacíficamente en el Castillo de Windsor” a los 99 años, según reza el comunicado oficial emitido por la Corona el 9 abril de 2021.

Un rasgo saliente de su reinado es la particular la relación que la anciana reina supo articular con sus súbditos a lo largo de siete décadas. Pero por supuesto que no todas fueron mieles durante todos estos años.

Ilustración de Chumbi
Ilustración de Chumbi (La Voz)

Incombustible

La mayor parte de la sociedad británica simpatiza con la realeza, para disgusto de una minoría muy minoritaria de republicanos convencidos del absurdo que significa la supervivencia de esa institución, a la que no encuentran fundada en la razón, sino más bien en un supersticioso orgullo nacional.

Al menos dos tercios de los ciudadanos, para mayor exactitud, se mantienen deslumbrados con la monarquía, una proporción que se incrementa en las franjas de mayor edad y se atenúa entre los más jóvenes, según las encuestas actualizadas sobre este asunto que circulan en distintos sitios web.

La reina Isabel II de Gran Bretaña viaja a la Cámara de los Lores para inaugurar el Parlamento en Londres el 4 de noviembre de 1952. (AP Photo, File)
La reina Isabel II de Gran Bretaña viaja a la Cámara de los Lores para inaugurar el Parlamento en Londres el 4 de noviembre de 1952. (AP Photo, File) (0)

Llama la atención que un sistema de privilegios y poder hereditarios haya mantenido tanta popularidad, y más aún con los grandes cambios sociales evidenciados a lo largo del siglo pasado y lo que va del actual.

Si hay que buscar una explicación para esto, no cabe duda de que Isabel II tuvo una enorme responsabilidad en la buena onda que los británicos muestran con la Corona: la monarca fue percibida como “símbolo de unidad para la nación”, según distintos observadores.

Si se pretende interpretar semejante fenómeno con un prisma filosófico, lo recomendable es acudir a las reflexiones de Walter Bagehot, intelectual británico que en 1867 publicó La Constitución Inglesa, un verdadero clásico de la ciencia política de aquellas épocas dedicado a indagar sobre el auténtico poder dentro de la estructura del sistema británico de gobierno (la Corona, los “lores” y los “comunes”).

Bagehot determinó que la sociedad británica no es tan racional y, por lo tanto, necesita algo más que una lógica terrenal:

La reverencia mística y la lealtad religiosa, que son esenciales para una verdadera monarquía, son sentimientos imaginativos que ninguna legislatura puede provocar en la sociedad.

Walter Bagehot, "La Constitución Inglesa"

En busca de más profundidad académica, también se puede citar la obra The meaning of the coronation (El significado de la coronación, 1953), investigación de los sociólogos Michael Young y Ed Shils justamente sobre la coronación de Isabel II.

De más está decir que esa ceremonia se salió por completo del manual de austeridad de los años de la posguerra y fue una extravagante muestra de lujo y excentricidad, aunque el resultado de la indagación de Young y de Shils arroja un dato sorprendente: las opiniones sobre el despilfarro de dinero que implicó la entronización de Isabel fueron ahogadas por el “intenso contacto con lo sagrado que le dio la coronación a toda la sociedad”, al punto que la ostentación fue justificada como un “gran acto de comunión nacional” que movilizó la pasión hacia la autoridad hereditaria.

Poco menos de un siglo antes, ya lo dice la obra de Bagehot: “El pueblo se inclina bajo el espectáculo teatral de la sociedad, del cual la reina es el punto culminante”.

Esponja

En un documental producido en 1992 por la British Broadcasting Corporation (BBC), Isabel II evocaba la relación con sus súbditos de una manera muy particular: “Es bastante agradable sentirse como una esponja”.

Al tratar de entender esa extraña asociación que hacía la reina, inmediatamente aparece un concepto del campo psicológico: “el síndrome de la persona esponja”, que se explica como una hipersensibilidad con todo lo que ocurre alrededor (en otras palabras, una gran empatía o receptividad emocional con las conductas y los problemas de los demás).

Reina Isabel, le encantan los caballos.
Reina Isabel, le encantan los caballos. (Twitter)

Se sabe que Isabel tuvo gustos y costumbres que no resultaban exóticos para un británico medio, hasta disfruta las carreras de caballos como cualquier simple aficionado habitué de los hipódromos. “La gente necesita que la animen, de lo contrario el mundo sería un lugar sombrío”, supo decir alguna vez la reina longeva muy en sintonía con su idea de ser una esponja.

Esa aptitud de la monarca para hacerse sentir cerca de la gente común va acompañada por actos filantrópicos, es decir, frecuentes aportaciones a obras de caridad. Kevin Loader, productor de Notting Hill, un documental histórico en tono irónico sobre la familia real británica que se estrenó en Europa en abril último, dijo al diario español El País:

Como el cuadro de Da Vinci, Isabel II es muy reconocida, pero en realidad poco conocida. En su componente de misterio, las nuevas generaciones desconocen esa parte humilde, modesta y común que también tiene.

Kevin Loader, productor de un documental sobre la familia real británica

“Influencer”

Nunca era posible conocer la opinión de Isabel II y los miembros de la familia real sobre temas acuciantes de la política británica o mundial.

Las siete llaves que encierraban ese secreto están en las denominadas “Actas del Parlamento”, que establece el siguiente protocolo: “La reina es imparcial y nunca lleva a cabo algún comentario público sobre política, pero puede alentar y advertir al Primer Ministro, con quien se reúne una vez a la semana”.

Aunque la monarca y su familia tienen derecho legal a votar, se considera inconstitucional que expresen ese derecho. Entre los británicos que explícitamente están inhibidos de votar en las elecciones parlamentarias se hallan los miembros de la Cámara de los Lores (que junto con los integrantes de la Cámara de los Comunes son hoy la base del poder).

Todo comenzó en la llamada “Revolución Gloriosa” de 1688-1689 en Inglaterra, hecho que provocó la caída del rey Jacobo II y marcó el nacimiento del actual modelo parlamentario británico. Desde ese momento, la monarquía perdió su poder absoluto y poco a poco resignó su rol político para quedar recluida a un papel más bien simbólico: la reina Isabel es jefa de Estado, pero sin poderes de decisión en las políticas de gobierno.

Una familia de Londres mira a la Reina Isabel II en una pantalla de televisión durante la primera transmisión de Navidad de su majestad al pueblo británico el 26 de diciembre de 1957. (AP, archivo)
Una familia de Londres mira a la Reina Isabel II en una pantalla de televisión durante la primera transmisión de Navidad de su majestad al pueblo británico el 26 de diciembre de 1957. (AP, archivo) (0)

Sin embargo, Isabel se las arregló para no quedar reducida a la categoría de “decorado real”, hasta el punto que se la podría considerar una especie de influencer, quizás la más poderosa de la historia.

Sus mensajes se irradiaban desde distintos planos: la dignidad que les mostró a sus súbditos a lo largo de tantas décadas de permanencia en el trono, la red de miles de organizaciones de caridad que tejió y, quizás en un terreno más frívolo, hasta las tendencias en el mundo de la moda que marcó durante su juventud y también en su madurez, todos son trazos muy visibles de la influencia social isabelina.

“Annus horribilis”

Según un dicho popular que hicieron famoso los medios, si la reina Isabel hubiera abierto una sala funeraria en 1992, probablemente la gente habría dejado de morirse.

Ese año a la monarquía británica le pasó de todo: un incendio devastador en el Castillo de Windsor (símbolo de la monarquía británica); las rupturas matrimoniales de sus hijos (los príncipes Andrés y Carlos, y la princesa Ana); la publicación de una biografía no autorizada de Lady Di que provocó un terrible revuelo y, como frutilla de la torta, el escándalo por la falta de transparencia en el manejo de las finanzas monárquicas.

Ese último hecho llevó a Isabel II a tomar dos drásticas decisiones para no perder la simpatía de la opinión pública: pagó por primera vez impuestos por sus ingresos privados y recortó el número de miembros de la Corona. Fue por eso que en el discurso para celebrar los 40 años de su coronación declaró oficialmente a 1992 como su annus horribilis, con esta frase: “No es un año que recordaré con placer intenso”.

Agosto de 1987. Diana de Gales y la reina Isabel II de Gran Bretaña sonríen a la gente fuera de Clarence House en Londres. La princesa Diana, que era considerada tímida al saltar a la fama, se convirtió en una revolucionaria en sus años en la Casa de Windsor modernizando la monarquía como una institución más personal y cambiando la forma en la que la familia real se relacionaba con la gente. (AP)
Agosto de 1987. Diana de Gales y la reina Isabel II de Gran Bretaña sonríen a la gente fuera de Clarence House en Londres. La princesa Diana, que era considerada tímida al saltar a la fama, se convirtió en una revolucionaria en sus años en la Casa de Windsor modernizando la monarquía como una institución más personal y cambiando la forma en la que la familia real se relacionaba con la gente. (AP) (0)

Claro que Isabel aún no había visto el resto de la película: la muerte trágica de su exnuera Diana Spencer en 1997; la deserción de la Corona de su nieto Harry y su esposa, la actriz Meghan Markle, en 2020, y un 2021 que casi no tiene nada que envidiarle a 1992, con el escándalo sexual en el que quedó envuelto el príncipe Andrés; el fallecimiento del príncipe consorte Felipe, y las acusaciones de racismo dentro de la realeza disparadas por Harry, de la que su abuela salió ilesa, como en tantas otras situaciones complejas.

A lo que se debe sumar la exitosa e incómoda serie The Crown, estrenada en 2016 y que ya entra en su quinta temporada.

Por obra del paso de los años, el Jubileo de Platino encontró a la reina con una estatura de 1,52 metros, esto es, 11 centímetros menos que el día de su coronación.

También con muchos buenos recuerdos y unos cuantos golpes propinados por la vida, pero siempre bienamada por una sociedad que, como veía Bagehot, necesita algo más que una lógica terrenal, algo que solo Isabel hoy les puede dar. Habrá algunos, claro, para los que la monarquía sirve de distracción, aunque quizás también de consuelo.

Su último acto político ocurrió el martes en Escocia cuando invitó a la primera ministra Liz Truss a formar gobierno.

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