Reseña. Despedidas, la última (y esperada) obra de Julian Barnes

Con la maestría que lo caracteriza, el autor medita sobre el sentido de la existencia y aquello que quedará tras su muerte.

11 de abril de 2026 a las 01:43 p. m.
Despedidas, la última (y esperada) obra de Julian Barnes
Julian Barnes, autor de "Despedidas" en editorial Anagrama.

En el horizonte de mortalidad que define a todo ser humano, Julian Barnes distingue su propia muerte luego de haber sido diagnosticado con cáncer. Antes que apurarse a empezar y cerrar las obras pendientes, el escritor inglés de ochenta años ha decidido el silencio. Lo único que le quedó por decir está en Despedidas (Anagrama).

Barnes explora su propia muerte desde la periferia, no solo porque la muerte no admite ninguna experiencia que la describa, sino porque encuentra una singular belleza en el rodeo.

Así, las primeras páginas de Despedidas distraen al lector hacia el “recuerdo autobiográfico involuntario”, la aparición espontánea de una cascada de recuerdos ante la presencia de un estímulo sensorial. Digresión por la magdalena proustiana mediante, Barnes se cuestiona la veracidad de sus recuerdos, de esa colección que se ve tentado a considerar su identidad.

No mucho más tarde gira hacia un tono más bien novelístico en ocasión de la narración de la historia de amor de dos amigos de juventud. Aprovecha los pliegues naturales de las relaciones de pareja para lucirse en sus conjeturas y confesar la violación de su juramento de jamás escribir sobre ellos, transgresión propia de la ética del novelista que defiende el valor de una buena historia.

Cuando Barnes aborda, finalmente, el tema de su enfermedad y el tratamiento, el recorrido previo convierte su relato en primera persona en una construcción literaria sin rastros de patetismo. Es honesto, irónico y equilibrado. Viaja a través de la literatura (en su doble carácter de hacedor y lector), de su carrera y contempla el mundo del que se despide con seria preocupación.

Hacia el final de Despedidas, su mirada se vuelve hacia lo inmediato. Hacia el perro que cuida y se convierte en su espejo, hacia su esposa fallecida y hacia su pareja actual. Piensa en los colegas que ya no están, en las anécdotas que surgirán en el “después”, ese momento del mundo en el que él ya no estará para decidir las palabras.

Para él, decidir cuándo y cómo será su última obra (evitando el reino de las ediciones póstumas) es un privilegio: “Una forma de negarle potestad a la muerte”, sentencia. Sus reflexiones no asombran por la grandilocuencia de lo que describen sino por la agudeza de la referencia directa y precisa.

Barnes entiende que se lee literatura contemporánea por el retrato del tiempo compartido y literatura antigua por las verdades compartidas; que la vida es “una comedia ligera con un final triste”; que el límite entre estar vivo y estar muerto ha dejado de estar claro. Como último gesto, se adelanta a los compungidos “adioses” de los suplementos culturales con una definición impersonal de su enfermedad: “Es sólo el universo, haciendo lo suyo”. Ha dicho.

Para leer Despedida

Julián Barnes

Anagrama

2026

36 mil pesos