Novela. Reseña de Yomurí, de Cynthia Rimsky
Un texto cruzado por diferentes subgéneros –distopía, drama psicológico, fantasía– confluye en un relato singular sobre la toma de unas tierras, a las que sus ocupantes intentan convertir en un modelo de utopía social.
Es probable que se perciba cierta incomodidad en la lectura temprana de Yomurí, la última novela de la chilena Cynthia Rimsky. Las causas hay que buscarlas no en la gravedad de lo que se dice quizá, sino en la prosa misma, en esa forma que se advierte voluntariamente desarticuladora de una armonía narrativa clásica.
Dos mujeres que no se conocen confluyen en Yomurí, una tierra tomada por unos desplazados que la consideran propia y que quieren hacer de ella un lugar donde primen la igualdad social y la solidaridad de masas.
Carri, que luego será la Verde, su nombre de guerra, llega huyendo de una apariencia indígena que no la representa porque su apellido es croata. Eliza es una capitalina que arrastra en el viaje a su padre demente, en la búsqueda de una hermana que casi no conoce para que se encargue de él.
En Yomurí, conviven personajes de ideas soviéticas en lo político y sansimonianas en lo social que nos recuerdan a los infames jagunços de Canudos. A ellos se sumarán los recién llegados para integrarse en ese experimento utópico que chocará inevitablemente con los dueños de los latifundios invadidos.
Yomurí es un rompecabezas también en la dilucidación de su género. El lector sospechará de una distopía social por momentos, de un drama psicológico en otros, incluso de un texto lineal con dosis de fantasía. Se requerirá una lectura activa, predispuesta a completar datos que se esconden, se sugieren o que se eliden de pronto.

Para leer Yomurí
Cynthia Rimsky.
Random House.
2026.
260 páginas.

