Carlos Ruiz Zafón: Esta historia no irá al cine
El español más leído después de Cervantes habla sobre la despedida de su saga “El cementerio de los libros olvidados” y cuenta por qué se niega a llevarla al cine o la TV.
Durante casi 15 años, el español Carlos Ruiz Zafón dio forma a El cementerio de los libros olvidados, una saga compuesta por cuatro títulos: La sombra del viento (2001), El juego del ángel (2008), El prisionero del cielo (2011) y El laberinto de los espíritus (2016). El éxito de ventas fue tal que transformó al autor en el escritor de lengua española más leído del mundo, después de Miguel de Cervantes.
Cuando presenta alguno de sus trabajos, lo hace con campañas de difusión poco comunes en el ambiente literario. Para entender la expectativa que genera, vale aclarar que El laberinto de los espíritus (que apareció en noviembre) tuvo una tirada inicial de 700 mil ejemplares. Su caso demuestra que, contrario a lo que se cree, la gente no ha dejado de leer. España, Francia, Alemania, Brasil, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Argentina son apenas algunos de los países en donde se lo publica.
Ruiz Zafón –radicado en Los Ángeles desde hace casi 25 años– fue una de las figuras invitadas a la reciente Feria del libro en Buenos Aires, ciudad en la que recibió a Número Cero.
En el hall del lujoso Hotel Alvear, en el barrio de Recoleta, el escritor se confiesa un “adicto a la Coca light” y luce su amplia sonrisa, su estatura altísima y su estampa grandota. Su voz fina, baja, se contradice con su figura.
Tras la charla, quedará la sensación de que esta figura de la literatura no tiene nada de divo. En su vestimenta negra llama la atención su prendedor con forma de dragón. Siempre hay dragones en su vida. Los junta desde chico y hace unos años los contó: tiene 400. “Pero sumé más, así que tendría que hacer la cuenta de nuevo”, dice antes de aclarar que no se trata de una colección. “Porque yo lo uso, los disfruto. Las colecciones no se tocan. Sólo están para mirar. Y yo los llevo a todos lados”, se explica.
–¿De qué otras cosas disfruta?
–De leer, de escribir y de escuchar música, sobre todo clásica y jazz; a veces blues. Tengo una colección de cientos y cientos de discos y libros. Ya no sé dónde guardarlos. La música es mi hobbie y la literatura mi trabajo. Escucho música a todo momento. Casi nunca on line. Siempre en Cds, porque el sonido es mucho mejor.
–Y en cuanto a las lecturas, ¿qué lugar ocupan en su vida?
–Intento leer siempre. Cada vez leo más historia, ensayos. Pero también ficción. Tengo mi propio criterio de lectura. No tengo un hábito fijo, pero leo todos los días. Escribir y leer son cosas diferentes: hay quienes dicen que no pueden hacer ambas cosas a la vez. Yo creo que es bueno leer mientras se escribe porque permite relajar la cabeza cuando uno está todo el día escribiendo. Es una manera de entrar al mundo de otra persona.
El punto final
–Acaba de poner punto final a una historia de cuatro libros. ¿Le surgió algún sentimiento particular al terminarla?
–No. Después de tantos años, al terminar tengo la sensación de paz interior. Sobre todo cuando una historia ha terminado como quería. No tengo sensación de pena, de decir “Uy, lo tengo que dejar ir…”. Más que nada porque siento que los libros escritos no se van, se quedan dentro de uno, como una cápsula. Cada momento, cada personaje, queda dentro mío. Algunos, incluso, son parte de uno. No hay por qué extrañarlos. Están ahí. Pero si hice mi trabajo, sé que cuando quiera podré volver a entrar a ese mundo.
–¿Le tienta continuarla?
–Hoy no tengo esa tentación. A esta historia la redacté tal como la concebí. No habría nada de malo en seguirla, pero por ahora no está en mis planes. Tal vez dentro de 15 años, no sé. Pero lo dudo. Supongo que lo que haré será buscar una historia nueva, con nuevos personajes.
–¿Aceptará alguna vez el ofrecimiento que le hicieron de llevar sus historias al cine?
–Esta historia no irá al cine. No la construí para tal. Es la versión definitiva, tal como quiero que la reciban los lectores. Sin duda que podría tener una compensación económica muy buena. ¿Hay algo de malo en eso? No, nada. Hay millones de casos en que se hace. En la televisión estamos viendo el 80 por ciento de la mejor narrativa actual, por lo que no tengo nada en contra del cine ni de la TV. Pero en este caso quería capturar algo en relación a los libros y dejarlo así. Además, tampoco hace falta que todo sea una película. Pero si en un momento determinado me apetece trabajar en televisión, lo haré. Por otro lado, ya no tengo tanta energía y el tiempo pasa: prefiero dedicarlo a otra cosa. El único motivo para llevarla al cine sería el económico, que es legítimo. Pero prefiero pensar que aquello que no gano es el precio que pago por dejar el texto como quería.

