Bajorrelieve. Para atrapar al lector
Desde Homero hasta nuestros días, todo ha sido contado, pero lo importante es hacerlo de una manera distinta. Aquí, algunas claves para captar la atención de los lectores.
Lo que nos atrapa de una novela es la historia, el drama, el elemento que despierta nuestras emociones, aquello que hace que “vivamos” lo que les sucede a los protagonistas, que nos hace pensar: “Esto podría haberme sucedido a mí”.
Porque la novela, en primer lugar, debe despertarnos empatía con lo que les sucede a héroes, a las heroínas y también a los malos del cuento.
Al comenzar la novela, ya tenemos que crear el suspenso sobre el destino o la suerte de ellos, especialmente del personaje femenino, que en la novela romántica es la heroína por excelencia.
Aun en relatos actuales, el lector querrá ver la secuencia de lo sucedido y esa secuencia tiene que tener un principio, un drama y la resolución –favorable o no– del suceso.
A veces podemos llevar el drama –en la novela romántica no debe haber tragedia, salvo que sea el detonante de la historia de los protagonistas– a través de todo el relato, pero será necesario que, para llegar al final, ese camino esté jalonado con diferentes problemas que atrasarán o despejarán la historia.
Y debemos comprender que no todo es escribir correctamente: si tienes una buena historia, saldrás adelante, porque lo que cuentas será tan atractivo que tu historia perdurará en el tiempo y seguramente en la memoria de quien la lea.
Ante todo, debemos encontrar una idea original; luego, un estilo propio para contarla, y lo que atrapará al lector será el contenido dramático y romántico, pero, sobre todo, un buen final, que en este género debe ser feliz, pero no vulgar.
En cuanto a ser original, es casi imposible: desde Homero hasta nuestros días, todo ha sido contado: lo importante es cómo lo cuentas, el perfil que logres darle a la historia.
Es bueno tener un estilo, pero se adquiere escribiendo. Recordemos que la perennidad de Jane Austen está en su prosa despojada y sencilla, que se lee como si fuera un libro de época escrito hace unos días. Lo que hará que ganemos lectores es el dramatismo, el humor y cómo dosificar el drama y la comedia.
Podemos sobresaltar al lector, pero no amargarlo y dosificar esto con escenas de humor, sin que parezcan impostadas, mientras llevamos la narración hacia el ineludible final.
A veces, es bueno recurrir a una película para describir ciertas escenas, especialmente en aquellas en las que hay más acción, como, digamos, heroínas huyendo a caballo, perseguidas por el galán que la cree en peligro. Y por qué no, por un atractivo malvado.
Un consejo: debemos corregir varias veces las escenas difíciles, dejarlas descansar unos días y volver sobre ellas: las leeremos como si las hubiera escrito otra persona y así detectaremos errores y aciertos.
Ante la duda de una escena, debemos observarla como si fuera un cuadro y recordar la ley de los contrastes: la acción está centrada en uno de los personajes principales, pero hay que prestar atención a los secundarios. Cuando los protagonistas hayan cumplido su parte, debemos poner la luz en ellos e integrarlos a la acción: ellos son como el condimento de una buena receta.
En la novela romántica debemos dosificar escenas dramáticas entre otras calmadas o graciosas, para darle un respiro al lector y, muy especialmente, para resaltar el dramatismo que le impedirá a quien lo esté leyendo dejar la lectura a un lado.
En ningún momento debemos olvidar que escribir una novela requiere dotarla de variedad en su trama, pero al mismo tiempo reservar un espacio al lector para que se quede a solas consigo mismo, disfrutando o desentrañando lo que sucedió en las páginas que van quedando atrás.
A mi mejor ver y entender, y las costumbres que les atañen; debemos estudiar la condición humana desde muchos puntos de vista: psicológicamente, sociológicamente, moralmente y, si el tema transcurre en otro siglo, en otro país, las implicancias históricas de ese momento. Esto va dirigido a la formación del personaje, pero también hacia el lector que queremos captar.
En realidad, es difícil catalogar una novela, porque muchas veces, en este universo literario, una obra puede tener un poco de todos los géneros.
Si logramos eso, nuestra obra se volverá inolvidable para quienes la lean, que muy probablemente la guardarán para siempre en su memoria y en su biblioteca.

