Libros. “Abundancia” de Ezra Klein y Derek Thompson: por qué el Estado y el progresismo dejaron de hacer
El último libro de los periodistas norteamericanos analiza por qué la burocracia y las internas políticas se volvieron el principal freno para el progreso material.
Abundancia de Ezra Klein y Derek Thompson es un libro para quienes creen que el Estado puede, todavía, cambiar la vida de las personas para bien. Bastante a contramano de lo que postulan actualmente muchos gobiernos en distintos países, sin necesidad de irnos tan lejos.
Los autores son figuras destacadísimas en la escena mediática norteamericana, principalmente en lo que es el ala progresista y demócrata de la comunicación masiva.
Una de las muchas cosas interesantes que tiene el libro es que destaca el valor del Estado desde una mirada muy crítica. A partir de un montón de casos distintos, habla de cómo el exceso de normas y controles llevaron a que Estados Unidos no pueda materializar proyectos que antes sí concretaba y posicionaban al país a la vanguardia de muchas industrias.
No solo eso, hablamos de proyectos que se hacían y le cambiaban la vida a las personas (transporte, vivienda, salud, etc.). Los autores hablan de por qué eso cuesta tanto actualmente en Estados Unidos pero, tomando los debidos reparos, se pueden trasladar muchas ideas y diagnósticos a otros países.
El título del libro hace referencia al cambio de mentalidad que proponen para los políticos y ciudadanos que se definen como progresistas. Ante la necesidad, la mayoría de las políticas ligadas a la centroizquierda suelen tener que ver con subsidiar al ciudadano. Klein y Thompson proponen un esquema en el que la oferta sea lo que crezca, no el poder de la demanda. Más vivienda, más salud, más energía, por ejemplo.
En ese sentido, capítulo a capítulo se reiteran dos preguntas importantes: ¿podemos generar más de esto? Si la respuesta es negativa: ¿por qué no podemos? La tesis del libro es encontrar esas trabas y poder superarlas.
Señalan en un pasaje: “El legalismo liberal -y con él el gobierno liberal- se había obsesionado más con los procesos que con los resultados. Se había convencido de que el Estado obtendría más legitimidad cumpliendo un interminable catálogo de normas y condiciones que consiguiendo que se hicieran cosas para aquellos a los que decía servir”.
Así de categóricas son las cosas que se dicen en el libro en relación a cómo la burocracia extrema castiga principalmente a los sectores más pobres por la inacción generada.
Klein y Thompson hablan de casos que ejemplifican cuando el Estado resuelve y facilita la vida de las personas y cuando no puede y se traba consigo mismo. El proyecto conocido como Operación Warp Speed fue el que llevó adelante el desarrollo, la producción y la distribución de las vacunas contra el Covid-19 en Estados Unidos.
El gobierno, en ese momento liderado por Donald Trump, tuvo en cuenta la urgencia del asunto y generó condiciones para que las empresas privadas inviertan sin temor a perder dinero, se aseguró de que la lentitud burocrática no fuera un problema y permitió que se realizaran distintas fases de las vacunas al mismo tiempo (en qué fase estaban las vacunas es algo que era noticia constante, por si no recuerdan).
Una de las cosas más insólitas que señalan los autores del libro es que ni los demócratas ni los republicanos hablan de este “caso de éxito”. Los primeros porque significa atribuirle un éxito a sus rivales políticos y los segundos porque hoy tienen una base electoral fuertemente antivacunas y, no podemos olvidar, el mismo Trump tuvo una actitud negacionista durante el auge de la pandemia.
La batalla cultural, que no es un invento argentino, les impide a los estadounidenses reconocer un buen proceder.
El caso Warp Speed es paradigmático de lo que propone el libro, un Estado más eficiente y ágil que da respuestas: “Aduciendo que la principal causa de muerte en Estados Unidos constituye una crisis nacional, el Gobierno podría anunciar mañana mismo un programa Warp Speed para las enfermedades cardiacas. Siguiendo la lógica de que el cambio climático constituye una crisis, podríamos anunciar una revisión urgente y total de las normas que rigen las licencias de desarrollo de la energía limpia”.
Otro de los temas centrales que los autores desarrollan es la necesidad de fortalecer la invención científica y tecnológica.
Se presenta la historia de Katalin Karikó, una científica húngara que penó durante muchos años en el ecosistema de la ciencia norteamericana recibiendo rechazos a sus proyectos y sus necesidades de financiación.
Karikó había descubierto en los años 90 la técnica ARNm (ácido ribonucleico mensajero), importantísima para el desarrollo en 2020 de las vacunas contra el Covid-19.
En 2023 la húngara ganó el Premio Nobel de Medicina por esto pero Klein y Thompson cuentan su historia para ejemplificar los problemas de incentivos científicos actuales: "La tragedia de Karikó no es que el sistema cometiera un error con ella; es que el sistema funcionó exactamente como fue diseñado: para filtrar la anomalía y premiar el consenso. El problema es que el progreso, por definición, es una anomalía hasta que deja de serlo".
Hay otras frases provocadoras en el libro que abren una conversación más amplia: “Por eso China puede construir decenas de miles de kilómetros de tren de alta velocidad en el tiempo que California no llega a construir unos cientos de kilómetros. China no se pasa años debatiendo con los jueces si es preciso trasladar unos almacenes. Ese poder genera abusos y arrogancia. También trenes de alta velocidad”.
Cualquier persona a la que le importen los derechos humanos y reconozca el autoritarismo del gobierno de China puede entender esto como una validación de la gestión de ese país. Pero el libro está lejos de eso (lo expresa abiertamente): busca mostrar cómo las democracias occidentales han perdido la capacidad de dar soluciones y, si no lo revierten, los autoritarismos pueden ser más atractivos para los electores.
El desafío es, entonces, cómo ser más rápidos sin dejar de ser libres. Nada fácil.
Es válido destacar algo: la rapidez y agilidad no pueden quedar a merced de una desregulación ciega. En ese difícil equilibrio entre el accionar del Estado, el impulso del sector privado, los intereses de la sociedad y el cuidado del medio ambiente, es donde se encuentra el desafío principal de lo planteado por el libro.
De la misma manera, no se puede gobernar en estado de emergencia permanente sin la prudencia y el tiempo que requieren ciertos asuntos. Pero el libro no aboga por menos Estado ni menos regulaciones, propone un esquema que priorice la capacidad de ejecución, la importancia de cambiarle la vida a las personas.
El libro de Klein y Thompson es eminentemente progresista y un recordatorio de que cada obra que no avanza y cada torpeza política que frena una industria tiene un costo humano real (así como su consecuente descontento social).
Es optimista y, fundamentalmente, una invitación a exigir un Estado, en resumen, mejor: “El progreso es nuestra forma de escapar del statu quo del sufrimiento, el asiento eyectable que nos permite saltar de la historia: es el relato poco común de cómo nuestras invenciones e instituciones reducen las enfermedades, la pobreza, el dolor y la violencia, sin dejar por ello de difundir las libertades, la felicidad y el empoderamiento”.

