Arte. A 102 años de su nacimiento, recordamos vida y obra de Pedro Pont Vergés
A través de su vasta producción, el pintor argentino se convirtió en un referente del arte moderno, influyendo en múltiples generaciones de artistas locales. Aquí, un repaso de su obra y su legado.
En las próximas líneas va una invitación a recorrer los hitos de la biografía del pintor argentino Pedro Pont Vergés, quien nació un 29 de junio y, además de dedicarse a su obra, se ocupó de impulsar las artes en diversos ámbitos.
Partimos de recordar, una palabra que proviene del latín recordāri, formada por dos raíces. "re", de nuevo, y "cordis", corazón. Por esto, poética y etimológicamente, recordar significa "volver a pasar por el corazón”.
En los últimos años, Pont Vergés ha sido recordado con una gran exposición en el museo Emilio Caraffa (febrero del 2022) y, posteriormente, en el año 2024 con una exposición antológica en la Galería Marchiaro. Hoy, volvemos a pasar por el corazón su obra por su vigencia y originalidad.
Pedro Pont Vergés (1924-2003) fue un artista que integró la generación de los artistas modernos de la década de los años cincuenta, promoviendo la ruptura de los cánones tradicionales de la pintura de aquel entonces.
Pertenece a una generación de artistas como Marcelo Bonevardi, Diego Cuquejo, Raúl Pecker y Antonio Seguí que promovieron la modernidad a la escena de las artes visuales en Córdoba.

Más tarde, durante el decenio de los años sesenta participó activamente de la organización de los salones y bienales IKA. Estas experiencias nutrieron su práctica artística, pero también lo instalaron en la escena nacional y regional como un actor clave para generar alianzas entre pares e instituciones.
Un pintor que no dejó de buscar
En relación con su poética pictórica, Pont Vergés fue un artista que modificó su estilo, buscando y encontrando diversas maneras de romper el plano del lienzo en blanco. Sus maestros fueron Roberto Viola y Ernesto Farina.
Sus primeros pasos están teñidos por trazos expresionistas que, con el correr del tiempo, mutan hacia la pintura costumbrista, naturalista e idealizada. De esta última etapa es la serie de los gauchos.
En el año 1967, se muda a Buenos Aires y este desplazamiento territorial también se traslada a su pintura.
Pedro se acerca hacia una narrativa vinculada con la metafísica donde la creación de los elementos desobedecen las leyes de la física y del tiempo. De este período se destacan las piezas La vigilia de los inocentes o Vigilia de invierno.
Durante la época de la dictadura, Pont Vergés migra a Madrid y allí entabla una gran amistad con el artista Carlos Alonso y el escritor Rafael Alberdi. En la temporada española se dedica a los retratos de sus amigos cercanos, creando así una cartografía de pintores y escritores contemporáneos latinoamericanos.
A mediados de la década de los ochenta, con el retorno de la democracia, Pedro vuelve a instalarse en Córdoba. Aquí, inspirado por el paisaje serrano y todo lo vivido, su producción artística se enriquece, profundizando tonos y estilos autorales.

La suprema corte de los grandes inocentes que pintó para el Palacio de Justicia de la Ciudad de Córdoba es de sus grandes obras emblemáticas.
Promotor cultural
Además de cientos de obras realizadas a lo largo de toda su vida, Pont Vergés se dedicó a la creación y la gestión de instituciones culturales de enseñanza y difusión de las artes. Participó en numerosas exposiciones colectivas e individuales en el país, en Latinoamérica, en Europa y en Estados Unidos. En 1965 fue galardonado con el premio especial de la Bienal de San Pablo al mejor conjunto de dibujos y en 1982 obtuvo la beca John Simon Guggenheim en Pintura.
Entre los hitos de su carrera, se encuentran el apoyo y la formación al premio Salón de Pintura en el museo Genaro Pérez, las ya mencionadas Bienales IKA, su paso como docente en la Facultad de Artes de la Universidad de Córdoba y director de Artes Visuales, director de Actividades Artísticas y director de Acción Cultural para el interior de la provincia de Córdoba.
A modo de ilustrar la trayectoria de Pont Vergés y su relación con las instituciones públicas, en la sala de arte de la Universidad Provincial de Córdoba, la pieza Sombras, ronda nocturna de los Santos Inocentes (1998, óleo y carbonilla sobre tela) recibe al público, estudiantes y visitantes. En este trabajo, el artista hace foco a víctimas de la injusticia, la violencia y la represión en Córdoba: Juan Bialet Massé, Atilio López, Agustín Tosco, y Alfredo Curutchet. En ese primer plano iluminado por uno de ellos, el artista incluye a Martita Stutz y a un niño limpiavidrios. De esta manera, toma cuerpo el compromiso social de Pedro, como un retratista de su tiempo.
Las obras preferidas de su hijo
Sebastián Pont Vergés, hijo de Pedro y la artista Ana Luque, comenta: “Mi padre no tenía miedo a explorar, le obsesionaba no quedarse atrapado en un estilo. Buscaba arriesgarse, esa tela que lo invitaba siempre a más”.
Cuando fue consultado sobre la obra preferida de su padre, Sebastián objetó la dificultad de poder elegir una, sobre todo por el carácter versátil del pintor, sin embargo, destacó El pueblo olvidado, que oportunamente fue donada al Museo Nacional de Bellas Artes. Otra pieza que rememoró fue El fumador y su víctima, que en la última exposición en la Galería Marchiaro fue adquirida por un coleccionista privado.
Los guardianes del legado
Las pinturas de Pedro Pont Vergés forman parte de acervos públicos y privados latinoamericanos. En el plano local, podemos mencionar el museo Genaro Pérez, la colección de la Provincia de Córdoba y el Banco de la Provincia de Córdoba. A nivel internacional, Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago (Chile), Museo de Arte Latinoamericano de Nicaragua, Managua (Nicaragua), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid (España), entre otros.
Volver a pasar por el corazón
Recordar la práctica artística de Pedro nos invita a revisitar su producción pictórica y en ella encontrar los cruces con los pintores de su generación y quienes lo sucedieron. Ese ejercicio intelectual nos permite percibir los fragmentos de nuestra identidad cultural, aquello que nos distingue y que nos moviliza.

