El destino de los fondos para cárceles
Que cada preso le cueste a la Provincia 3.600 pesos por mes es una noticia impactante.
Resulta impactante conocer que la Provincia, a través del Servicio Penitenciario de Córdoba (SPC), gasta 3.600 pesos por mes en cada preso a su cargo, como lo revela una investigación reciente de este diario. Frente a semejante cifra, más del doble del actual salario mínimo, vital y móvil y por encima del salario promedio del sector privado cordobés, hay reacciones que van desde la indignación por destinar tanto dinero a "mantener a unos delincuentes" al ingenio, no exento de ironía, de proponer que se le entregue esa suma a cada preso, como sueldo, a cambio de no delinquir más.Las cosas, como suele ocurrir en cuestiones humanas, no son ni tan dramáticas ni tan sencillas. Las cárceles son instituciones que las sociedades han adoptado para defender valores más o menos asumidos colectivamente, mediante el simple expediente de privar de la libertad a algunos de sus miembros por un tiempo que depende de la gravedad del delito cometido. Es un castigo que la sociedad impone para aislar a sus elementos marginales y para disuadir o atemorizar con ese castigo a quienes, sea por lo que fuere, asumen conductas que transgreden las leyes.Lo dicho no persigue agotar el análisis del fenómeno represivo –cuya complejidad ha sido abordada por filósofos y pensadores, en particular el francés Michel Foucault, quien, en su obra "Vigilar y castigar", intenta desentrañar el sentido profundo de estas instituciones–, sino plantear un curso de acción apropiado para la inversión que requiere el sistema en Córdoba.Más que la cantidad de presupuesto destinado al funcionamiento del SPC, importa en qué se invierten esos fondos, lo que debería estar determinado por la definición de qué tipo de cárcel requiere la sociedad del siglo 21. Es necesario decidir si vamos a seguir el antiguo modelo de cárceles de máxima seguridad o si viramos hacia un modelo en el que los mayores esfuerzos se dirijan a brindar a quien cometió un delito la oportunidad de volver a la buena senda.Al parecer, este último es el camino elegido por las sociedades más civilizadas, luego de un largo aprendizaje que ha fortalecido la conciencia y la comprensión de la necesidad de inclusión de todos sus miembros. El grado de civilización de una sociedad está marcado por el crecimiento de su sentido de corresponsabilidad, que se expresa, entre otras cosas, en el cuidado del medio en que vivimos o en la lucha contra el hambre, la pobreza y la exclusión.Los presidios deben tender a ser lugares cada vez más humanizados, en los que existe, de hecho, un castigo tremendo, como estar privado de la libertad, pero donde deben generarse las mejores condiciones para brindar a los presos la oportunidad de reinsertarse en la sociedad. La inversión, pues, debe orientarse a alcanzar ese objetivo; con ello, aunque el gasto sea elevado, la sociedad saldría ganando.

