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Aprietes y mafias en el fútbol

Las amenazas a futbolistas para que se comporten de manera poco deportiva deberían ser interpretadas como un urgente llamado a la acción por la Justicia, el Estado y la AFA.

04 de mayo de 2013 a las 12:01 a. m.
Aprietes y mafias en el fútbol

El fútbol, considerado el deporte más popular del mundo, sufre desde hace décadas en la Argentina la proliferación de organizaciones delictivas que operan bajo el tristemente célebre rótulo de "barras bravas". Son grupos de poder económico y de choque que actúan al margen de las estructuras legales de las instituciones, aunque muchas veces cuentan con la connivencia de los dirigentes de turno. El último eslabón de esta cadena de aprietes lo acaba de poner un sector pesado de la hinchada de Racing Club de Avellaneda. Cuando aún faltan varias fechas para que Racing enfrente a Quilmes por el torneo de Primera División de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), los jugadores albicelestes ya fueron amenazados de muerte para que no ganen ese partido. ¿El motivo? Darle aire a Quilmes en la tabla de promedios para el descenso al Nacional B y perjudicar de esa forma a Independiente, vecino de Racing en el barrio de Avellaneda y "clásico" rival de todos los tiempos."Los puntos a Quilmes o al hospital"; "Si no pierden con Quilmes, balas para todos", son algunas de las leyendas amenazantes que estam­paron estos matones en afiches que circulan de manera particular por las redes sociales. Lo más sorprendente es que se le adjudica a un portal de Racing haber contribuido al apriete bajo la consigna de que, ante Quilmes, "hay que ir para atrás".Sería pecar de ingenuos no admitir que el fútbol como práctica deportiva profesional ha perdido hace mucho tiempo los orígenes que le dieron vida como una competencia leal y de estímulo superador para los participantes, para convertirse en un negocio que mueve fortunas, muchas veces de dudosa procedencia, y donde se tranzan operaciones reñidas con la legalidad.En este esquema, han cobrado un poder impensado las organizaciones que, se ha probado incluso en instancias judiciales, actúan con ­llamativa impunidad, amparadas por las má­ximas dirigencias de los clubes (no sólo los llamados "grandes"), cuando no con la anuencia de la AFA.Un peligroso cóctel de mafias y corrupción que se ha cobrado muchas vidas en enfrentamientos armados de bandas antagónicas, dentro y fuera de los campos de juego.Son varios los actores que tienen la responsabilidad de actuar con firmeza para desterrar esta ola de intolerancia, como la amenaza a los jugadores de Racing: la Justicia, en la tarea de investigar a fondo los hechos y castigar a los infractores; el Estado, en la función de control y prevención del delito en el deporte a través de los organismos creados a esos fines, y la dirigencia (AFA y clubes) en la misión de restringir el acceso de fanáticos malvivientes a los estadios. La indiferencia es la única vía desaconsejable si se pretende terminar con las mafias en el fútbol.