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Zarandeo nacional, impacto cordobés

El zarandeo entre el kirchnerismo y la oposición, y los frentes de pelea van a bajar al territorio cordobés.

21 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Redacción La Voz
Zarandeo nacional, impacto cordobés

De momento, por acá está todo muy aburrido. Buenos Aires sí que arde; todo se está cocinando allá –respondió el legislador provincial cordobés, conocedor como pocos del escenario político local, a un curioso interlocutor.

–¿Por qué “de momento”? –le preguntó, inquieto, el conocido.

–Porque lo que pasa en el Congreso va a comenzar a tener impacto en Córdoba. Y mucho... –replicó.En efecto, el zarandeo entre el kirchnerismo y la oposición, y los frentes de pelea que arma mucho y desarma poco el Gobierno nacional van a bajar, de manera inevitable, al territorio cordobés.

¿Qué se observa en el ámbito nacional? Una mirada gruesa devuelve a un Néstor Kirchner hiperactivo y que no deja frente sin tocar: mete mano en la política, arregla con los sindicatos y opera con los empresarios desde una reclusión en Olivos que sólo abandona para actos públicos armados para que su discurso, por momentos flamígero, sólo reciba ovaciones.

Al frente, una oposición que tropieza con sus propias incongruencias y que no logra, ni logrará, unificar personería para evitar barquinazos bruscos, producto de ausencias inesperadas o cambios circunstanciales de bando de uno o varios de sus coyunturales miembros. Como queden parados los cordobeses en este tembladeral es parte, con seguridad, de los cimientos sobre los que se construirá el devenir de la política local.

Uno por uno. Para entenderlo mejor, conviene ponerles nombre y apellido:

Juan Schiaretti, gobernador de la provincia, trata de preservarse de la pelea, pero necesita arreglar cuentas con el Gobierno nacional. No es poco para él: un tránsito tranquilo hacia el final de su mandato, en 2011, depende de acuerdos económicos, como un arreglo por el Programa de Asistencia Financiera (PAF) y el cumplimiento de otros compromisos. Como con el resto de los mandatarios provinciales, el kirchnerismo quiere que Schiaretti se sume, sin medias tintas, en el respaldo al matrimonio presidencial.

“Está bien, necesita la plata, pero no fue al Chaco (cuando Néstor Kirchner reasumió al frente del Partido Justicialista) y no tenemos en claro dónde ubicarlo”, sostuvo una fuente de la Casa Rosada.

Pero, al mismo tiempo, Schiaretti podría verse beneficiado por una consolidación del frente opositor en el Congreso que, por ejemplo, apruebe una coparticipación a la ley del cheque.

Por esa norma, Córdoba recibiría mil millones de pesos anuales, según el cálculo que presentó la semana pasada la senadora puntana LilianaNegre de Alonso.

José Manuel de la Sota, líder del peronismo cordobés, parece haber limado viejas asperezas con Kirchner, a punto tal que –mal que le pese– los habitués de las tertulias de Olivos con el ex presidente lo llegan a contar como tropa propia.

La consulta a cualquiera de los allegados a De la Sota arroja una negativa rotunda, pero ninguno puede negar que tiene puentes transitables con hombres de confianza de Kirchner, como el ministro de Planificación, Julio de Vido.

La estrategia de De la Sota parece tener una única lógica: lograr posicionamiento personal, aunque todavía no decidió si se va a anotar para la Presidencia o para la Gobernación.

Para el plan A, la Presidencia, media un obstáculo: la decisión de Kirchner de volver él a la Casa Rosada o, en todo caso, ubicar en ese lugar a un hombre de confianza y manejable; el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, por ejemplo.

Para el plan B, la Gobernación, debe tener líneas abiertas para darle una mano a Schiaretti y evitar que el kirchnerismo lo ahogue. “Si a Juan le va mal, nos lleva puestos”, admitió un hombre allegado a De la Sota.

De la Sota debe recordar, mejor que nadie, que en 1998 logró un fuerte respaldo de Carlos Menem y eso lo depositó por primera vez en la Gobernación, al vencer a Ramón Mestre.

De momento, poco de todo esto es visible. Cualquier relación con el kirchnerismo lo malquistaría con sectores, como el campo, a los que siempre mantuvo de su lado. Por eso, bajó el nivel de exposición, al abandonar sus recorridas por el interior y viajar a Brasil para salir del centro de la escena.

Lo que permanece inalterable es su discurso de unidad del peronismo, de clara conveniencia para un kirchnerismo que, pese a los recursos que destina en intendencias de distintos puntos de la provincia, no logra hacer pie en Córdoba.

Luis Juez, senador nacional y referente del Frente Cívico y Social, atraviesa sus peores días. Debe compartir el discurso de ataque al kirchnerismo con la defensa de su integridad por la denuncia sobre la supuesta existencia de millonarias cuentas en paraísos fiscales.

Más allá del obvio apoyo de su gente, Juez cuenta con el silencioso respaldo de algunos sectores internos del radicalismo que sospechan de una operación kirchnerista. Y la asimilan con la reapertura de una causa contra el actual jefe del bloque de diputados nacionales del partido, Oscar Aguad, por el manejo de fondos cuando éste estuvo en la intervención de Corrientes, entre 1999 y 2001.

No es éste el único frente abierto para Juez: la mayoría peronista en la Legislatura provincial aprobó un proyecto en el que pide al actual intendente, Daniel Giacomino, que denuncie a su antecesor por el manejo del sistema de transporte que derivó en juicios contra la Municipalidad. Es difícil que Giacomino haga caso de este consejo. Después de todo, él fue el viceintendente de Juez y ya tiene demasiados problemas en la ciudad.

El radicalismo, con varios nombres propios que aspiran a llegar bien posicionados a 2011. Por caso, Aguad, el senador Ramón Mestre y el ex presidente del partido, Mario Negri.

Las diferencias, más allá de las aspiraciones provinciales de cada uno, giran en torno de bancar o no al vicepresidente Julio Cobos como candidato a la Casa Rosada. Por lo pronto, Cobos no tiene ascendencia en el radicalismo cordobés, cuya militancia recuerda –mejor que nadie– y no le perdona que alguna vez haya abandonado el partido para sellar la fórmula con Cristina Fernández de Kirchner.

¿Está todo tan aburrido, como decía el dirigente peronista? Si por repetición de situaciones se trata, tiene razón. Los nueve meses que le quedan a 2010 pueden deparar algunas sorpresas. Que sean gratas o no, es asunto que no puede vaticinarse.