Zancadillas a la memoria
En los últimos tiempos, Argentina registra presidentes que duraron días y equipos de fútbol que cambian de alineación domingo tras domingo.
Muñoz-Moreno-Pedernera-Labruna y Loustau. Hasta un niño de 9 años es capaz de recitar de memoria a los integrantes de “la Máquina”, la célebre delantera de River Plate de la década de 1940.
Esto era posible también en los años ‘70 y ‘80, cuando los futbolistas permanecían décadas enteras en los clubes. Pero desde hace bastante tiempo, la ansiedad, las necesidades económicas y los malos resultados hacen que los equipos de fútbol no presenten las mismas alineaciones cada semestre (incluso, cada domingo).
De allí que sea entendible que el árbitro Saúl Laverni le mostrase la tarjeta roja por error a Muñoz, cuando en realidad al que debía expulsar era a Barroso, en el partido Chacarita-Boca de hace algunos días. “Barroso, Muñoz, qué se yo quién es quién”, se habrá preguntado el pobre Laverni sobre estos ignotos jugadores xeneizes.
Problema general. Lo que le pasó al árbitro también le sucede a los hinchas, incapaces de memorizar las formaciones de sus equipos domingo a domingo.
Asimismo, llevando la cuestión a otro plano, cómo se hace para recordar que en 11 días, entre el 21 de diciembre de 2001 y el 1° de enero de 2002 Argentina tuvo tres presidentes. Ramón Puerta y Eduardo Camaño, como presidentes del Senado y de Diputados, respectivamente, estuvieron a cargo del Poder Ejecutivo durante pocos días; Adolfo Rodríguez Saá fue presidente por una semana, sin contar que después llegó al poder Eduardo Duhalde.
El vertiginoso ritmo de la vida moderna conspira contra la memoria; es una dura zancadilla a las neuronas.
La tecnología es la que más opera en este campo. Parece que hiciera un siglo que salieron los procesadores Pentium y de las computadoras Commodore apenas queda un tenue recuerdo. Y ya parece que en pocos meses más serán historia las CPU con dos procesadores.
Problemas similares tienen los docentes para aprenderse los nombres de los chicos, a raíz de la movilidad estudiantil que se ha desatado en los últimos tiempos. “Su niña es muy inteligente, la felicito, pero todavía no le sé los nombres a los chicos”, le contaba la maestra a la mamá que se emocionaba con el elogio.
Se le atribuye a Albert Einstein decir que no era necesario ocupar la mente con números telefónicos, que para eso estaban las guías. No obstante, con los sucesivos cambios de celulares, propiciado por la aparición de cada vez más atractivos aparatos, se hace casi imposible memorizar los números.
Además, cuando agendamos un número telefónico, lo que nos aparecerá luego en el visor es el nombre de la persona.
Si no fuera así ¿seríamos capaces de decir el número, sin repetir y sin soplar? Difícil.

