Una costumbre que también tiene su precio análisis
El esfuerzo por mantener la carne vacuna entre sus alimentos preferidos está perdiendo la batalla contra los precios.
La solidez que mostró el consumo durante el año pasado, con un pico de 73 kilos por habitante al año, comenzó a derrumbarse en los últimos dos meses. Sucede que mientras en 2009, los valores en góndola subieron en promedio 17 por ciento, de acuerdo con el relevamiento mensual que realiza La Voz del Interior, en lo que va de 2010 ya lo hicieron más del 30 por ciento. Con salarios que marchan por detrás de la inflación resulta cada vez más difícil mantener la costumbre del asado de los domingos.
Más allá del impacto en el bolsillo, el alza en el precio de la carne era inevitable. La caída en la oferta de hacienda bovina, producto de la venta de las hembras para faena que se extendió durante los últimos tres años, hacía prever este escenario. Sin vacas suficientes para satisfacer la demanda interna, el consumo no iba a tener otro camino que acomodarse al ritmo de los precios.
Otros ganan. Mientras las preferencias por la carne vacuna se retraen, la de cerdo y de pollo ganan adhesión. En lo que va del año, el consumo de cortes fresco de cerdo ya subió 500 gramos por habitante y se ubica en 6,5 kilos.
Las proyecciones más conservadoras muestran un cierre de 2010 con 7,2 kilos por persona. Las más optimistas llevan la cifra hasta los ocho kilos. En buena medida, el cambio en el paladar lo ha dado el precio. Desde enero, los cortes porcinos acumulan una suba entre siete y ocho por ciento. El pollo también levanta vuelo. Su consumo anual sigue en alza y ya está por encima de los 33 kilos por habitante, a pesar de que su valor ya acumula en los primeros tres meses del año un alza de 24 por ciento.

