Terminator, el sobreviviente
La indefinición nacional se traslada, de manera inevitable, a la política cordobesa. El escenario se mueve al compás de Kirchner. Julio Perotti.
La tarde del viernes caía sobre Buenos Aires. Todavía se dejaban sentir las consecuencias de la tormenta política provocada entresemana por la oposición en el Senado, que decidió que el impuesto al cheque debe ser coparticipable, pese a la resistencia del kirchnerismo a compartir el manejo de esos recursos.
Aun entrada la noche del último día hábil, algunos voceros del Gobierno continuaban tirando mandobles contra la medida, en particular por la forma en que fue votada, con la mayoría de los senadores presentes y no –argumentaban– con la mayoría del total de los miembros de la Cámara, como ellos interpretan la Constitución.
Lejos de esa pirotecnia, otros operadores del poder pensaban más allá del Congreso: asegurar el futuro de Néstor Kirchner es su misión.
Mientras uno de ellos apuraba un café en un bar cercano a la Casa Rosada, intentaba convencer a un dirigente cordobés de que, lejos de estar todo perdido, Kirchner todavía lleva las de ganar.
–¿Por qué Kirchner insiste tanto, si en la segunda vuelta va a perder con cualquiera? –desafió el cordobés.
–¿De qué segunda vuelta me hablás? Vamos por el 40 por ciento de los votos y con el 10 por ciento de diferencia, como pide la Constitución, y se terminó el asunto... –replicó el operador.
La mirada atónita y el silencio del interlocutor cordobés le dejaron espacio para seguir:
–Mirá, como van las cosas, la oposición está claro que se atomiza. (Julio) Cobos está lejos de lograr el consenso del radicalismo, porque al frente le apareció (Ricardo) Alfonsín. Los compañeros más ortodoxos van a tener que optar entre (Eduardo) Duhalde y (Adolfo) Rodríguez Saá. La centroizquierda que no nos quiere, va a dividirse entre (Elisa) Carrió y “Pino” (Solanas). Si sigo así, vas a ver que llegó a 10 candidatos y, de todos esos, ninguno va a llegar al 30 por ciento. Los números nos dan redondos –monologó el operador.
La estrategia de Kirchner, si se sigue esta lógica, va a ser mantener a todos en la vereda opositora, pero atar los cabos más necesitados del esquema de poder peronista: los gobernadores.
Si se mantiene el esquema de internas abiertas, como todo parece indicar ahora, los va a acorralar hasta embolsar la mayor cuota posible de justicialismo para despegar, desde allí, como el candidato presidencial que viene.
Hay un dato de la realidad que es inocultable: en privado, todos se quejan de Kirchner y de su esposa, la presidenta Cristina, pero en público, ninguno saca los pies del plato.
La chequera sigue al mando del matrimonio, cuyos enojos pueden hacer pasar un mal trago a cualquiera que aspire a gobernar sin sobresaltos.
Si la tortuga no se escapa... "Yo no sé si (Kirchner) tiene chances, pero lo que está claro es que la sigue peleando. Si después de las elecciones legislativas (del 28 de junio del año pasado) había quedado en terapia intensiva, ahora pasó a una sala común. Parece Terminator, que le pasan por encima con un camión pero de a poco se regenera...", le quedó como conclusión al dirigente cordobés.
Esta mirada es compartida, por ejemplo, por los empresarios, que observan que los números de la economía –si no hay un sobresalto por la inflación– van a ser este año favorables. Y, ya se sabe, el bolsillo y el voto son amigos desde siempre.
Tampoco el paisaje que muestra la oposición despierta entusiasmo ni enamora demasiado. Dos preguntas, ambas con respuestas irremediables, recorren el espinel de los dueños del capital:
Si ganase un opositor, ¿cómo va a actuar el peronismo en la vereda de enfrente?
Y de los opositores, ¿quién está en mejores condiciones de hacer los deberes que les van a dejar los Kirchner, como resolver el problema de los subsidios, desestatizar empresas y, fundamentalmente, resolver la inflación contenida?
Toda esta indefinición que recorre la primera parte de 2010 se va a trasladar, de manera inevitable, a la política cordobesa, ligada –aunque no lo quiera– a un escenario nacional que se mueve al compás de Kirchner.
Cordobeses, 1 x 1. El peronismo, por caso, no tiene hoy una alineación nacional clara. Si José Manuel de la Sota está más cerca de los K, pese a que se cuida de exhibirlo, en algún momento tendrá que blanquearlo.
La oposición interna, larvada e incipiente, no encuentra un paraguas nacional que le permita lanzarse de manera abierta a tratar de conquistar el liderazgo que hoy mantiene el ex gobernador.
La presencia de Kirchner, en los primeros días de mayo, y de Duhalde, unas jornadas más adelante, moverá el avispero.Kirchner, de hecho, mantiene vínculos con el grupo liderado por el intendente de Villa María, Eduardo Accastello.
Y Duhalde se encontrará por estas tierras con el apoyo del grupo que encabeza el ex defensor del Pueblo Eduardo Mondino, dispuesto a seguir trabajando en el territorio para “no dilapidar el capital” logrado en las elecciones de junio pasado, pese a la derrota.
La cuestión que desvela a unos y otros es si, al final, De la Sota se va a presentar o si el peronismo deberá buscar algún sustituto. El que esté mejor parado, obviamente.
Más allá de ellos, hay otros dirigentes que pegan afiches para promocionar sus candidaturas, pero ninguno con peso –ni conocimiento en la opinión pública– como para generar, de momento, una expectativa.
El gobernador Juan Schiaretti sabe, como nadie, lo que significa que el malhumor de la Casa Rosada le pise la manguera. Propone más coparticipación, pero guarda las formas y no se tira a los brazos del peronismo opositor.
El radicalismo, de su lado, está también condicionado por una interna nacional de la que no emerge un referente claro. Cobos no cala en Córdoba y la presencia de Ricardo Alfonsín, con buena imagen pública y un apellido respetado en el partido centenario, actúa como un reactivador de la interna.
Y el Frente Cívico y Social sufre el mismo problema: primero, su líder, el senador Luis Juez, se acercó a Carrió, pero luego viró hacia el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, y coquetea con Solanas, ambos de escaso peso en el esquema nacional.
Todas estas opacidades con seguridad se van a correr hasta fin de año o, quizá, ya entrado 2011. Viene el Bicentenario de la patria, llega el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, las vacaciones de invierno y un largo camino en el que la política no demostrará mucho más de lo que exhibió hasta ahora.
Peleas en el Congreso, esmerilamiento de eventuales candidatos, acuerdos y desacuerdos opositores formarán parte de un menú en cuya sobremesa se comentará la política.
Para la hora de la verdad, falta. El operador podrá tomar uno y otro café mientras especula si a Kirchner le alcanzarán o no los porotos.

