"Si uno decide investigar, se expone a amenazas"
Una persona libre es esencial para garantizar la democracia y constituye un objetivo humano fundamental.
Entrevista con Mansoor Hassan Hashmi - Periodista exiliado en Reino Unido tras ser perseguido y amenazado en su país, Pakistán
Cada 3 de mayo, se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa al evocarse la Declaración de Windhoek, un manifiesto de principios redactado en 1991 en el que se reclama una prensa libre, independiente y pluralista en todo el mundo. La Declaración afirma que una prensa libre es esencial para garantizar la democracia y constituye un objetivo humano fundamental.
Con ese motivo, la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-Ifra, según sus siglas en inglés) dedicó este año la conmemoración a "Periodistas en el exilio".
La entidad ofreció, al respecto, el testimonio de Mansoor Hassan Hashmi, un periodista pakistaní que escribía para la revista local Crime .
Sus indagaciones en torno de asesinatos por honor, pesticidas contaminantes, carteles de narcotráfico y asesinatos sin esclarecer le valieron golpes, intentos de envenenamiento e, incluso, la embestida de un tractor. En 2002, abandonó Pakistán para exiliarse en el Reino Unido, donde hoy vive con su familia.
Ésta es una síntesis de la entrevista realizada por WAN al periodista Mansoor Hassan Hashmi:
-¿Qué lo ha llevado a arriesgarlo todo por contar la verdad?
-Tras licenciarme en Literatura, empecé a trabajar en la granja de mi padre. Allí, me di cuenta de que los agricultores y sus familias han de hacer frente a muchas dificultades económicas y sociales. Entonces, sentí la necesidad de hacer algo para ayudar a la gente de las áreas rurales de Pakistán y decidí publicar una revista con la ayuda de otros periodistas.
-¿Cómo se siente un periodista que investiga la vinculación de diputados y poderosos empresarios en asesinatos por honor o abusos de poder contra los agricultores?
-A veces, escribía bajo un seudónimo para protegerme. Mi padre me recomendó no escribir sobre diputados o empresarios destacados, porque sabía cómo eran y temía que adoptaran represalias. El tiempo que dediqué a informar sobre el escándalo de los pesticidas me trajo muchas complicaciones. Un miembro del Parlamento y propietario de una empresa agrícola, que yo ponía en evidencia con mis investigaciones, envió un hombre a mi oficina para que me amedrentara y me hiciese ceder en mi empeño de escribir sobre los pesticidas contaminantes. Pero yo buscaba justicia para los agricultores, de manera que publiqué mi artículo. Poco después, fui atacado en mi propia oficina. También escribí un informe sobre otro diputado implicado en un crimen de honor. Después de publicarlo, éste me envió a sus matones a sueldo para que acabaran conmigo e hicieron que mi vehículo chocase contra un tractor. Aquello fue un duro golpe para mí y mi familia, pero sentía que era importante informar de estas injusticias.
-¿Y qué lo llevó a huir de su país?
-Las amenazas y los ataques no cesaron, incluso cuando dejé de escribir para mi revista y me uní a uno de los diarios más grandes del país, pensando que allí estaría seguro. Pero cuando empecé a indagar en las tramas del narcotráfico, descubrí, para mi asombro, que el propietario del periódico para el que trabajaba también estaba enredado. A punto de sacar eso a la luz, me forzaron a dimitir. Y otra vez recibí la visita de personas que me amenazaron, pero esta vez venían de la Oficina de Inteligencia local y eso me empezó a inquietar seriamente. La gota que colmó el vaso fue, sin embargo, que alguien me disparara en plena calle. Entonces, supe que tenía que marcharme. No tenía trabajo ni dinero; pedí ayuda a familiares y amigos, pero nadie parecía dispuesto a hacer algo.
-¿Qué consecuencias tuvo para su familia?
-En aquel momento, mi salud se resentía, maltrecha por los sucesivos atentados contra mi persona. Cuando abandoné Pakistán para encontrar asilo en el Reino Unido, tenía problemas de estómago, me sentía mal por haber dejado atrás a mi familia. Mis hijos estaban aterrorizados y se sentían muy aislados. Entonces, llegué a pensar que nunca volvería a ver a mi familia otra vez. Mi mujer, incluso, seguía recibiendo amenazas después de que me hubiera ido. Tras algún tiempo en Inglaterra, trabajando aquí y allí, pude ahorrar suficiente dinero para traer a mi familia. Por fin.
-Tuvo que pasar por tan angustiosa experiencia para garantizar la seguridad de su familia. ¿Cómo se siente ahora y cómo ve el futuro?
-Yo he pagado un precio muy alto por el ejercicio de mi profesión, ya que no se me permitió trabajar mientras solicitaba asilo. Eso no me ha facilitado las cosas. Hoy, tengo permiso de residencia en el Reino Unido y puedo volver a trabajar. Ayudo a otros refugiados y solicitantes de asilo a través del servicio internacional de búsqueda y mensajes de la Cruz Roja, pero creo que será difícil que un día vuelva a trabajar como periodista.
-La libertad de expresión debería ser reconocida como un derecho fundamental en la lucha contra la corrupción y la violación de los derechos humanos.
-Todos los periodistas quieren ser los mejores, pero la familia y la vida son bienes muy preciados. En ciertos países, si uno decide investigar una causa en defensa de la justicia, se expone a amenazas.
© La Voz del Interior y WAN-Ifra, Francia (www.wan-press.org )

