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Si queremos justicia, ablandemos el corazón

En tiempos de desesperanza, debemos trabajar por la Justicia comprometida con los más desprotegidos. Presbítero Pedro Torres.

23 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Presbítero Pedro Torres*
Si queremos justicia, ablandemos el corazón

Ante este nuevo servicio que se me ha requerido integrando el Comipaz, vienen a mi memoria recuerdos que me parece oportuno compartir. Desde niño, en épocas en que anhelábamos la vuelta a la democracia, escuchaba decir a mi padre que "no hay democracia sin orden jurídico", no hay democracia sin una posibilidad de que los que no tienen voz, los que sufren, tengan un Estado que los defienda y les garantice la libertad, la igualdad de derechos y una vida digna. En la adolescencia, en tiempos de violencias, de derechas e izquierdas, golpearon en mi corazón las palabras del papa Pablo VI, que invitaba a trabajar por la justicia. Años más tarde, el Papa venido de lejos, el que sufrió los horrores de que es capaz la maldad y la estupidez humana, en 1980, meditando sobre el Dios rico en misericordia, hacía una pregunta que sacude: "¿Es suficiente la justicia?". Reflexionando desde las sentencias de Cicerón, Juan Pablo II enseñó que una justicia sin amor se puede convertir en crueldad. En el mismo sentido, el papa Benedicto XVI nos invitó a meditar con su mensaje para esta Cuaresma en el concepto de justicia de la Biblia, que completa y supera el concepto de Ulpiano, jurista del siglo III antes de Cristo. Es incomprensible ver que las consecuencias de la crisis económica mundial la paguen los países más pobres; que las emergencias económicas locales sean cargadas por los enfermos que esperan largamente ser atendidos o reclaman por años una prótesis; por los niños por nacer, que se convierten en víctimas de nuestra irresponsabilidad y desorden vital; o por los jubilados y pensionados que en un sistema lejano a ser equitativo, se ven avasallados en su dignidad con argumentos que, en vez de hacer justicia, resuenan simplemente como cinismo. En tiempos de desesperanza, por una justicia esperada que no llega, debemos trabajar por la justicia. Pero por una justicia con alma, que sienta su compromiso con los más desprotegidos. Trabajar por la justicia en la familia, en el aula, en el trabajo, en la ecología, en fin, en todo ámbito de la vida. !Si queremos la paz, trabajemos por la justicia! !Si queremos la justicia, ablandemos el corazón!

*Sacerdote católico. Miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).