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Otros tiempos, otras víctimas

Pasa el tiempo y la resaca del golpe de Estado de 1976 no se disipa. De alguna manera, empeora, lo cual era previsible. Rosa Bertino.

27 de marzo de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino
Otros tiempos, otras víctimas

Entre las contradicciones que surgen de hechos sagrados, una de las más conspicuas es que a Julio César lo asesinaran para los idus de marzo. El emperador partió ufano hacia el Senado, porque era día de buenos augurios. Un ciego le advirtió que se volviera, pero no hizo caso. Le metió, nomás.

Su destino selló la mala fama del mes de marras. En Argentina, la tiene bien ganada. Cualquiera diría que al refrán “cuidado con los idus de marzo” lo acuñamos nosotros. Pero no somos una tragedia shakespereana, sino tanguera. Será por eso que duele tanto.

Resaca. Pasa el tiempo y la resaca del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no se disipa. De alguna manera, empeora; lo cual era previsible.

Mucho antes habíamos dejado de querernos, y quién sabe cuándo volveremos a hacerlo. En 2002 se instituyó el Día de la Memoria y la Justicia, para honrar a miles de víctimas de la represión. Desde entonces, es feriado nacional. Desde entonces registramos diálogos similares. Una mujer observa la leyenda sobre la fachada del Teatro del Libertador: “Ni olvido, ni perdón”. Siguiendo el hilo, el hombre le dice: “Firmado, Menéndez”, en alusión al general Luciano Benjamín. El hijo, de unos 12 años, obviamente no entiende la ironía y pregunta: “¿Qué se ‘festeja’ mañana?”. Silencio. “¿Cómo? ¿No les explicó la profesora?”, contesta la madre, y empiezan a armar planes para aprovechar el día siguiente.

Presagio. Cada año, las marchas parecen ser más numerosas. Pero no parecen espontáneas, sino organizadas. La gente los mira pasar y murmura por lo bajo. Por si nos faltaran motivos de división, el tema de los derechos humanos hoy genera resquemores. En privado, claro está. Nunca en público. Ahí está el error.

A nuestro favor (si cabe la expresión), podemos aducir que los españoles no enjuiciaron ni, menos, discutieron abiertamente al franquismo. Los chilenos dan por sentado que la mitad de su población es “pinochetista”. Los rusos se quedaron en la época de los zares. El pasado es una herida abierta, cuando una sociedad tiene caídos de ambos lados, aunque el asunto sea cómo cayeron. ¿Cuántos marzos faltan para que los “otros” organicen sus contramarchas? Ya han mandado señales claras en ese sentido. Sobre todo, mandan e-mails.

Sin feriados. Aun así, lo peor es no haber construido un proyecto perdurable ni haber ganado la simpatía popular. Ya entonces sentíamos la desconfianza con la cual nos miraban los vecinos a quienes éramos universitarios y/o con pinta de hippies o militantes. ¿O es que olvidamos los debates entre la vía pacífica y la mano armada, que ganó ésta última?

Mientras tanto, “el pueblo”, por el que tantos creyeron morir, hoy entierra a sus propios muertos en un campo de batalla que no tiene nada de romántico o de ideológico. Una de las asociaciones más activas es la “Santiaguito Miralles”, de Buenos Aires, fundada en recuerdo del niño secuestrado y ultimado por sus vecinos. Desarrolla una intensa actividad, organizando reuniones entre pares para establecer acciones preventivas. El listado de participantes de esos encuentros, produce escalofríos: Avise (Asociación Víctimas de la Impunidad Sin Esclarecer); Padres de Kheyvis (tragedia anterior a Cromañón); Red Nacional de Familias de Víctimas de Accidentes de Tránsito; Asociación Malditas Picadas; Madres del Dolor; Madres del Paco.

Hay muchos más, con algo en común. Ninguno de ellos tendrá un feriado. Todos saldrán en la parte trasera del diario, mezclados con los delincuentes comunes.