La rebelión de las masas
Desde hace 80 años se vienen destruyendo los cimientos del Estado liberal. Raúl Faure.
José Ortega y Gasset publicó su célebre La rebelión de las masas hace 80 años, inspirado, según confesó, por las cosas raras que se produjeron en Europa en la década de 1920. Luego, en 1937, incorporó el "Prólogo para los franceses" y, en 1938, el "Epílogo para los ingleses". Fue en vísperas de los acontecimientos que provocaron la Segunda Guerra Mundial, que dejó naciones devastadas y 60 millones de víctimas.
¿Cuáles fueron esas cosas raras que provocaron alarma en el espíritu del filósofo? Lo dijo sin rodeos: "... Para dar un ejemplo concreto de ellas, nombraré ciertos movimientos políticos, como el sindicalismo y el fascismo porque bajo esas especies aparece por primera vez en Europa un tipo de hombre que no quiere dar razones, sino, sencillamente, imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo: el derecho a no tener razón "
Por entonces, el Tratado de Versalles revelaba su inutilidad para asegurar una paz justa y duradera luego de la guerra de 1914-1918. Entre otros motivos, porque impuso condiciones humillantes y el pago de descomunales indemnizaciones a los derrotados.
Todo ello lo advirtió con claridad Hipólito Yrigoyen, quien rehusó integrar la Liga de Naciones porque sus fundadores se negaron a aceptar la igualdad jurídica entre los estados y respetar la autodeterminación de los pueblos, innegociable para la República Argentina.
En 1925, se había consolidado el fascismo en Italia, que eliminó el sistema parlamentario, sustituyéndolo por el Estado Corporativo. Ese mismo año, el V Congreso del Partido Comunista proclamó a Joseph Stalin como amo de los soviets , iniciando una cruel represión contra millones de disidentes. En octubre de 1929, se derrumbó la Bolsa de Nueva York, con una grave crisis que provocó el descrédito de los gobiernos liberales y abrió el cauce para la instalación de regímenes totalitarios.
Para Ortega, todos esos episodios clausuraron un ciclo y habilitaron la irrupción de las masas, no porque antes no existieran diversos grupos sociales, sino porque ellas se hicieron visibles. Melancólicamente, admitió: "Ya no hay protagonistas; sólo un coro". Ese coro desafió a los gobiernos que procuraban limitar la fuerza como última ratio, para sustituirlos por la acción directa.
¿Hubo masas en la historia reciente de nuestro país, con las características descritas por Ortega? Con Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear (1916-1930), las masas se expresaron en las urnas para apoyar al radicalismo en el marco de la Constitución vigente.
No a las medidas directas. Juan Perón fue enemigo de cualquier género de acciones directas. Para él, la huelga expresaba un desorden inaceptable y sus impulsores fueron reprimidos. Es conocido su apotegma: "De casa al trabajo y del trabajo a casa". Cuando estalló en 1955 la insurrección cívico-militar que lo obligó a dimitir, sus cortesanos le propusieron armar a la CGT para enfrentarla. Él se negó, con estas palabras: "Es fácil entregar armas; lo difícil, es recuperarlas."
La guerrilla peronista no constituyó un movimiento de masas. La enorme mayoría de la sociedad no acompañó sus acciones bélicas ni aprobó los crímenes cometidos.
La cruel represión que se instaló bajo el tercer gobierno de Perón y sus continuadores y que perfeccionaron las Fuerzas Armadas desde el golpe del 24 de marzo de 1976, movilizó las reservas morales de los argentinos para retornar a la Constitución.
Con todas las limitaciones conocidas y los errores cometidos, los gobiernos instalados desde diciembre de 1983 fueron elegidos en comicios libres.
Paradójicamente, el sistema democrático se desenvuelve acosado por las manifestaciones de intolerancia que Ortega atribuyó a las masas hace 80 años.
Por lo general, reclamos y exigencias se formulan eludiendo las prescripciones legales. Grupos reducidos, pero adiestrados en la ejecución de medidas de acción directa, recurren a la fuerza para imponer sus condiciones. Se impide manu militari la libre circulación, se bloquean calles y rutas (hasta algunos productores rurales utilizaron ese recurso en 2008); una muchedumbre de patanes hace tres años que se atribuye la soberanía del Estado para suprimir las comunicaciones con un país amigo en un puente internacional.
Empleados del sector público, conductores del transporte de pasajeros, pilotos de la aviación comercial, docentes y hasta muchos médicos (que pasan más horas en las asambleas que en los consultorios) adoptan a menudo medidas de acción directa para que se les concedan sus reclamos. Siempre en nombre de los derechos humanos. Para quienes no hay derechos humanos es para los ciudadanos que tributan al Estado, para los pasajeros, para los alumnos y para los enfermos.
Organizaciones que invocan pertenecer a "partidos de izquierda" (que en los comicios no obtienen ni el uno por ciento de los sufragios emitidos) se adueñan de los espacios públicos e intimidan a la población con sus garrotes y antifaces.
Esos hombres-masa han decidido dirigirnos. Como explicó Ortega, son individuos que todo lo saben y que no necesitan consejos. ¿Para qué escuchar a los otros si ya se tiene todo adentro? El hombre-masa no escucha, porque se siente capacitado para opinar, juzgar y decidir. Los derechos humanos son sólo para él. Para la inmensa mayoría, sólo expresiones retóricas sin sustancia.
No es una buena noticia. La rebelión de las masas tiene penosa actualidad para los argentinos. Demuestra que en estos 80 años se vienen destruyendo los cimientos del Estado liberal y que, a este paso, terminaremos en la ciénaga de la violencia y el sectarismo.

