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"Hundan al Belgrano"

El ataque al crucero ARA General Belgrano sigue siendo objeto de controversias. María Cristina Montenegro.

02 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
María Cristina Montenegro*
"Hundan al Belgrano"

"El (crucero General) Belgrano navegaba tenazmente, conservando su rumbo de 290º oeste-noroeste, a una velocidad de entre 10 y 11 nudos, en dirección a su base de reaprovisionamiento en la isla de los Estados, distante a unos 150 kilómetros. El capitán (Héctor) Bonzo calcula que la posición de ese momento era 55º 24’, latitud sur, 61º 32’, longitud oeste, en el borde con el círculo antártico. El mar estaba agitado, con olas muy seguidas de cuatro metros de altura, y había intermitentes nieblas. La temperatura era casi de congelación. El viento helado que soplaba a 50 kilómetros por hora intensificaba la sensación hipotérmica producida por el mar. Un hombre que cayera quedaría inconsciente a los cinco minutos; luego, dormiría tranquilamente hasta morir. El primer torpedo dio en el Belgrano por babor, en la mitad del casco, a la altura del centro de operaciones. Penetró en dirección ascendente y estalló con increíble potencia arrasando cuatro cubiertas de grueso acero y la cubierta superior. Eran las 15.57 del 2 de mayo de 1982", recuerda el relato de Arthur Gavshon y Desmond Rice, en El hundimiento del Belgrano (Emecé, 1984).

Controversias. El ataque al crucero ARA General Belgrano sigue siendo objeto de controversias. Aún se mantienen dos interrogantes inquietantes:

Primer interrogante. ¿La orden de hundimiento del ARA General Belgrano fue dada después de que el gobierno británico fuera informado de la propuesta norteamericana-peruana, manifestada a la Junta argentina por el entonces presidente de Perú, Fernando Belaúnde Terry?

Segundo interrogante. ¿La orden de hundimiento fue dada en razón de la peligrosidad que el crucero implicaba para la fuerza de tareas británicas?

Margaret Thatcher, a la sazón primera ministra, sostiene que se tomó la decisión de hundir el Belgrano por motivos sólo militares, no políticos, por lo que están equivocados quienes sostienen que se intentó sabotear una prometedora iniciativa de paz. "Quienes tomamos la decisión de Chequers (casa de campo del primer ministro del Reino Unido) no teníamos ninguna noticia de las propuestas peruanas", escribe en sus Memorias .

Es interesante señalar que la propuesta, en realidad impulsada por el entonces secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, a través del primer mandatario peruano, estaba en conocimiento de Francis Pym, secretario del Foreign Office , por ese tiempo en Washington y en conversación permanente con Haig. Ello en plena gestión de la mencionada propuesta a Buenos Aires. Resulta improbable que Thatcher no estuviera informada de las gestiones que se desarrollaban. Aun más, de las posibilidades de aceptación por parte de la Junta argentina, ante los esfuerzos de última hora del gobierno peruano.

Esa tesis es sustentada por autores británicas e investigaciones realizadas por Tam Dalyell, por entonces representante laborista en la Cámara de los Comunes, quien señala que Thatcher estaba en conocimiento de la propuesta y, no obstante, ordenó hundir el crucero.

Respecto del segundo interrogante, la fuerza de tareas británica no se encontraba en peligro por el desplazamiento del Belgrano, en razón de que su curso de navegación estaba fuera de la zona de exclusión total establecida por el Reino Unido.

El crucero había zarpado de Ushuaia el 26 de abril. Las instrucciones al comandante Bonzo eran patrullar una línea de unos 400 kilómetros al este del cabo de Hornos y tenía prohibido penetrar en la zona de exclusión total fijada por los británicos.

Las investigaciones realizadas por los británicos advierten que el ARA General Belgrano navegaba fuera del área de exclusión y se alejaba de ella y, por lo tanto, de la fuerza de tareas. En realidad, hacía 30 horas que el submarino británico Conqueror perseguía la nave, que iba escoltada por dos destructores. El grupo navegaba al borde de la zona de exclusión, señaló Margaret Thatcher.

Entretelones de la decisión. En el trabajo ya mencionado de los británicos Gavshon y Rice, se describen los momentos previos a la orden de hundimiento del crucero. Sostienen que existen contradicciones entre los intervinientes en el proceso de decisión.

Según el contralmirante John Woodward, la aprobación para hundirlo se decidió en un término notablemente corto, al parecer en el porche de la entrada de Chequers. El contralmirante había pedido que se modificaran las reglas de empeñamiento (que establecía las zonas de exclusión), pues no quería perder al Belgrano. Y antes de respetar las reglas de empeñamiento, como lo hubiese hecho el almirante Nelson, optó por intentar cambiarlas, con pleno apoyo del almirante Terence Lewin, jefe de Servicio de la Defensa.

¿Una decisión oportuna? Se puede inferir que el crucero General Belgrano no representaba un peligro para la fuerza de tareas británica, lo que contradice las explicaciones de la primera ministra. Por lo tanto, la decisión respondía a razones políticas y no militares.

La estrategia era aprovechar al máximo la escalada del conflicto y cerrar, con una corta y circunscripta guerra, las inoportunas demandas argentinas de discusión sobre la soberanía de las Malvinas.

De esta manera, Gran Bretaña podría mantener para sí las posesiones de ultramar, que hoy adquieren notoriedad en el marco de la Estrategia Europea de Seguridad y del Tratado de Lisboa.

*Magíster en Relaciones Internacionales, doctorando bajo la tesis: "Malvinas: una guerra inducida"