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Entre el asado y el empacho

Con la polémica que se armó sobre la medicina tradicional y las alternativas, no tengo muy claro si consulto a Carlitos Presman o a Doña Pocha, que me cura el empacho. Germán Negro.

23 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Entre el asado  y el empacho

-Este frío húmedo me sorprendió, Juan. Este fin de semana quería ir a comer un asado al río. De Monte Cristo para el sur hay unos lugares con sombra que están buenísimos.

-¿Lo dice en serio?, vecino.

-Sólo quería ver cómo reaccionaba. Además del frío, tengo dos problemas para cumplir el deseo: no consigo la costilla a 10 mangos y, según leí en el diario, el agua baja demasiado turbia como para pensar en aprovechar el Suquía, Juan. Creo que debiera quedar sólo para las fotos, y de lejos.

-Al río no se puede ir, pero yo también tengo muchas dudas sobre qué comer. Por ahora, sólo verdurita.

-¿Verdurita? ¿Qué le pasa, Juan? Es insólito que usted se me haga vegetariano, después de haber sido un fervoroso amante de la parrilla y su potencial para la amistad.

-Justamente. Quiero ver qué efectos produce la carne de vaca. Me interesaría saber lo que produce comer un asadito con achuras. Recuerde que yo ando en el taxi y siempre me cuido.

-Bueno, Juan, le va a agregar algo de colesterol... Ahora, su cuerpo se va a encontrar con un chorro de proteínas, de hierro. Le diría que también con uno de los mejores remedios para el estrés.

-No me va a contar ahora que el asado alimenta el cuerpo y el alma. Sino que últimamente la comida me da miedo. Leo el diario, escucho la radio en el auto y veo los noticieros. Todos los días me sorprenden con algo.

-No "manyo" nada de lo que me dice.

-Le explico: hace unos días, nada menos que la Presidenta dijo que la carne de cerdo despierta el apetito sexual. Entonces, una persona seria como yo no puede comer cerdo y después trasladar señoras por la ciudad. No quiero tener un efecto que perjudique mi trabajo.

-No me haga reír con pavadas, Juan. Disfrute de la vida, de la carne...

-En realidad, me había olvidado. Sólo que ayer leí lo que dijo Evo Morales, el presidente boliviano. Parece que si comés mucho pollo se te puede caer el pelo o sentir un apetito sexual diferente.

-Ahora me hace acordar, vecino. Nadie dijo si el asado de tira te puede modificar algún aspecto vital o vivencial, digamos.

-Tampoco sé bien a quién preguntar. Eso me pasa por estar tan informado.

-No entiendo qué me quiero decir con eso, Juan.

-Con la polémica que se armó sobre la medicina tradicional y las alternativas, no tengo muy claro si consulto a Carlitos Presman o a Doña Pocha, que me cura el empacho.

-Olvídese. Comamos un asado y esperemos a ver qué pasa.