El "voto móvil" y la nueva política
El "voto móvil" es una de las novedades de la política europea, que refleja la pérdida de las identidades políticas tradicionales. Julio César Moreno.
El "voto móvil" es una de las novedades de la política europea, que refleja la pérdida de las identidades políticas tradicionales y un comportamiento cada vez más independiente del electorado, que hace que los resultados varíen de elección en elección.
Francia. En comicios regionales realizados en Francia, en marzo, se impuso ampliamente el Partido Socialista, que desplazó del primer lugar a la coalición centroderechista del presidente Nicolas Sarkozy.
Gran Bretaña. Va adelante en las encuestas el joven candidato del Partido Liberal-Demócrata, Nick Clegg, por encima del conservador David Cameron y del primer ministro laborista, Gordon Brown, en vista a las elecciones generales del próximo jueves 6 de mayo. Una eventual victoria de Clegg, que rompería el tradicional bipartidismo conservador-laborista, constituiría una verdadera revolución política.
Italia. El "voto móvil" es una constante, como se vio en las recientes elecciones regionales y comunales, en las que la centroderechista Liga del Norte mantuvo y aumentó su mayoría en las regiones Piamonte, Lombardía y Véneto y se impuso en algunas comunas que tradicionalmente votaban por la izquierda, desde los tiempos de hegemonía del Partido Comunista Italiano. Hay algunas explicaciones sobre ese fenómeno, como el progresivo desmantelamiento de las grandes fábricas en varias ciudades y, por consiguiente, la reducción de "la clase obrera de masas", sustituida por capas de trabajadores de pequeñas fábricas y empleados más proclives al cambio de voto.
A ello hay que agregar otro dato: la abstención es cada vez más alta en la mayoría de los países de Europa, lo que hace aún más inciertas las perspectivas políticas.
Latinoamérica también. América latina no ha sido ajena a esos cambios.
En Uruguay, la creación y ascenso del Frente Amplio rompió con el tradicional bipartidismo de blancos y colorados, y tanto el anterior presidente como el actual -Tabaré Vázquez y José Mujica- pertenecen a la coalición de centroizquierda.
En la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales de Chile apareció un tercer candidato, Marco Enríquez Ominami, 36 años, venido del socialismo, que obtuvo el 20 por ciento de los votos y rompió la paridad entre las coaliciones de centroizquierda y centroderecha.
En cuanto a Bolivia, la irrupción y consolidación del liderazgo de Evo Morales trastrocó el esquema político que, además, siempre fue muy inestable. Otro tanto puede decirse de Hugo Chávez en Venezuela, que rompió el bipartidismo Acción Democrática-Copei.
Fragmentación. Argentina es un caso aparte. También en nuestro país hubo muchos cambios y aparecieron nuevos partidos, como el Frepaso y después la Coalición Cívica, y nuevos liderazgos, como los de Carlos "Chacho" Álvarez y Elisa "Lilita" Carrió.
Pero nuestro esquema político es mucho más complejo que los de Chile o Uruguay, ya que se caracteriza por una extrema fragmentación del sistema de partidos y la multiplicación de corrientes, grupos y subgrupos.
El peronismo está dividido y el radicalismo sufrió una fuga de dirigentes, aunque ahora parece estar en un proceso de recomposición interna.
Más allá de esas singularidades, también entre nosotros existe el "voto móvil" y una alta abstención, por lo que cada elección es distinta de las anteriores.

