El amor de una enfermera completó el milagro
Una pareja riojana está hace seis meses con su hijito internado / Esther los alojó en su casa y toda la comunidad los ayudó.
Rosa Bertino
Especial
"Nunca perdimos la fe, ni siquiera en los peores momentos", aseguran Claudio (20) y Tamara (19). A punto de regresar a La Rioja, con su hijito Tiziano operado del corazón y pesando el doble que cuando arribó a esta capital, están inmensamente agradecidos a la ciencia médica, y a la humanidad. "¡Si Dios no es cordobés, seguro que atiende acá!", exclama el joven papá, al final de la nota.
En un simulacro con jeringas y agujas, acaba de cortarse. Las enfermeras lo están adiestrando para la atención domiciliaria de su hijo. "Si vas a ser tan inútil, no te lo devolvemos nada, al Tizi˜", bromea Daniela Rosales. Todos festejan la salida, con la alegría del que por fin puede reír. Al cabo de seis largos meses, buena parte del personal del Hospital Privado, e incluso varios pacientes, se han hecho carne con los Herrera. El tiempo, la necesidad y la mano que encontraron siempre tendida hacen que vuelvan a sus pagos habiendo formado una gran familia en el cariño.
"No teníamos dónde alojarnos ni plata para comer, pero muy calladitos recibíamos techo y todo tipo de ayuda", se emocionan Claudio y Tamara.
Las "hadas madrinas" fueron las enfermeras Cristina Ontivero y Esther Cuellar, a las que no les gusta dar sus nombres.
Están convencidas de que el bien se hace en silencio. Después se sumó Sara, una morochita inquieta, madre de Juan Ignacio.
Como por arte de magia aparecían papelitos, pegados en sitios visibles, pidiendo pañales, ropa, dinero. Y esas cosas se reunían, y les iban haciendo un poco más llevaderas la vida a este papá y a esta mamá.
Hasta juntaron un cochecito, y lo necesario para comprar un respirador. Al principio, lograron dormir de prestado en un departamento. Luego, la enfermera Esther les tendió la mano salvadora.
En realidad, fue mucho más que una mano. Fue todo. Enterada de las premuras de este par de adolescentes, Esther se los llevó a vivir a su casa. "Por suerte, el dormitorio de mi hija está prácticamente desocupado, y los pude instalar ahí", cuenta la "nurse". Esta vecina de barrio Las Flores es una madre sola, de modestos recursos. Sin embargo, nunca le falta un plato o afecto para compartir.
El entorno más cercano los despedirá hoy con una fiesta sorpresa al mediodía. Anticiparán, además, el añito de Tiziano. "Lo vamos a extrañar tanto...", lagrimean Daniela y Marcia.
Respirar y comer. El 4 de setiembre pasado, una ambulancia depositaba Tiziano y sus padres en la institución de Parque Vélez Sársfield. "Vimos las radiografías, y no lo dejamos volver", resume el doctor Díaz.
Gracias a un intercambio hospitalario, el chiquito fue operado por un cirujano porteño, Cristian Kreuzer, con el cordobés Víctor Defagot. Desde entonces respira por la traqueotomía y asistido por respirador y se alimenta por sondas. Así vuelve a casa, con mil recomendaciones. Resulta milagroso verlo tan vivaracho, con tanto pelo y ojazos relucientes. Llegó con cuatro kilos y parte con ocho.
Mérito del quirófano, y de la medicina, sin duda. Pero sin las voluntades que se movieron para cubrir los gastos y dar el abrazo necesario, los Herrera no partirían a La Rioja con su bebé recuperado.

